viernes, 17 de febrero de 2017

(Texto en construcción)


Inicié mi corresponsalía en Mandril algo tarde. El debate sobre la cuestión del pasado había llegado a su término hace mucho tiempo. Aquellos que lo vivieron ya estaban enterrados y tan solo quedaba el testimonio de miles, quizá millones de fotografías. Me encanta observarlas. Al contemplarlas apenas tengo la sensación de que hayan pasado algunas pocas décadas, en realidad parecen de otra era. Miro el rostro de aquellos mandrileños de otro tiempo y tengo la sensación de que son de otro planeta. Me pregunto si somos de la misma especie. En la actualidad ha regresado el debate, pero no tanto para dialogar sobre el pasado o el presente, sino para hablar sobre el futuro, un futuro que desde mi punto de vista se me antoja inquietante.


 Comparto con el mandrileño corriente un pasado común, y sin embargo, en las fotografías que han quedado de ellos no me reconozco. Eso sí, parece que se lo debieron estar pasando muy bien mientras existieron, pero hay algo de decadente en ellos. En las fotografías siempre están de fiesta. Siempre brindando, tomando copas, siempre achispados, a veces borrachos. Cenaban mucho. La cena debió ser la comida principal  y siempre en grupo, generalmente en restaurantes. Constantemente sonriendo. Por sus restos, parece que pasaron la mitad de su vida en cenas y fiestas, y la otra mitad recorriendo el mundo. Millones de fotografías nos informan de ello. Aparecen aquí y allá posando delante de ruinas, de mundos que ya no existen.

Mi opinión personal sobre el pasado y sobre los mandrileños que lo habitaban, es que en general eran peores. Si ellos eran peores, es porque nosotros ahora somos mejores. De eso no hay duda. Incorporar genes musicales en algunos individuos, los ha hecho ser mejores ejecutantes, virtuosos, así como controlar la técnica y los más variados instrumentos. También los ha convertido en espléndidos compositores. Desde luego que gozan más con la música. Puedo decir sin ningún género de duda que la música es su vida. Es tal su pasión que solo pueden mantener relaciones sexuales con otros que también han sido modificados mediante ese gen musical. Se juntan entre ellos, sino, sus existiencias se tornan insoportables, aburridas. Desde que se incorporó el gen musical, el salto ha sido cuantitativo y cualitativo. La productividad se ha disparado. Nunca se compuso tanto como ahora. En mi opinión, el ser humano, o lo que sea de él, ha llegado a cotas insuperables de belleza musical. Hay que reconocer, y en eso imagino que todos estaremos de acuerdo, que el pasado fue un bodrio. Y ya no hablo de la música como género, sino de todo tipo de actividades humanas. Porque de la misma manera que se han compuesto maravillas como las sinfonías  subacuáticas, otros, han realizado enormes proezas en campos de su competencia. Desde la conducción de vehículos hasta el levantamiento de piedras. En ambos casos se han superado todos los límites. En la conducción se ha logrado recorrer la ciudad de costa a costa con los ojos cerrados, mientras que en el levantamiento de piedras, se ha conseguido levantar una enorme roca de más de doscientos kilogramos con la polla. Esto demuestra que la humanidad ha llegado a su cumbre. Incorporar genes para tal o cual especialización nos ha permitido obtener la maestría casi por nacimiento. Es obvio que el cuerpo de un levantador de piedras, no puede ser el mismo que el de un minero o el de un hombre submarino. Uno precisa ver en la oscuridad, el otro escamas o branquias. Hace tan solo unos años el trabajo iba deformando los cuerpos con el tiempo, ahora tenemos la suerte de nacer deformes.

Y cuando habíamos llegado al punto más álgido, ese momento tan luminoso en el cual parece imposible que el día pueda retroceder en su luz, es cuando aparece un minúsculo punto negro. Al principio es insignificante, de ninguna manera su irrupción cambia nuestra percepción, pero es el inicio de la noche. Después todo será diferente.

Justo aquí es cuando se inicio el debate sobre el futuro. Con la llegada del primer robot poeta a Mandril se abrió la puerta a un cambio de paradigma, descubrimos entre otras cosas que la poesía y la creatividad, no formaban parte del genio. De hecho, el propio robot poeta, demostró en una conferencia televisada que el genio no existía. No solo no existía el genio sino tampoco el autor, y él era la prueba viviente. Viviente, por decir algo. La creatividad dejó de ser una actividad humana, o lo que sea. Hay que reconocer que los textos creados por los robots poetas eran mucho mejores que los poemas escritos por esa cosa parecida al hombre y que a falta de sustantivo, a mí me gusta denominar poeta transgénico mejorado. Así nos encontramos con la paradoja de que por cuestiones de la técnica, desde ese momento, el poeta mejorado era peor. Los poemas del robot poeta no solo proporcionaban una experiencia estética al lector, sino que en ellos se concentraban todas las preguntas del ser humano. Eran la conmoción misma. Revelaban la cara oculta de lo visible.

De la misma manera aparecieron en la ciudad robot musicales, submarinos, conductores y levantadores de piedra. El robot submarino, por poner un ejemplo, no solo no necesitaba escamas ni branquias, sino que además podía luchar contra pulpos gigantes. El cuanto al robot conductor no solo lograba atravesar también el gran Mandril con los ojos cerrados sino que lo hacía siempre sin cabeza. Otra de las ventajas de los robots sobre los hombres transgénicos mejorados, era aquella por la cual apenas consumían energía. En este sentido no precisaban de vivienda ni comían bollos rellenos de crema.

Todo esto redundó en el colapso de los poetas mejorados transgénicamente. Tengo que recordar que una de las particularidades de los poetas transgénicos,  así como la del resto de seres especializados en una habilidad concreta, ya sean subacuáticos o no, era sin duda su pasión por el ejercicio de su actividad. Solo allí, tenía algo de sentido su existencia. Solo el agotamiento o el sueño les forzaba a abandonar su tarea. Por otra parte es preciso mencionar que el robot poeta no tenía nunca sueño, y jamás se cansaba. El robot poeta había llegado a la ciudad y escribía mil poemas al día. Al robot poeta le gustaba decir con cierta ironía, que la poesía era un arma cargada de futuro. Bien, era cierto. Era como si el robot poeta estuviera buscando a cada uno de esos poetas transgénicos mejorados hasta encontrarlos. Por mucho que se ocultaran en la soledad de sus estudios, en los cálidos cafés románticos, en los starbuks, o la sombra de uno de esos árboles hipoalérgénicos del parque, donde a los poetas les gusta escribir sus experiencias vitales, allí llegaba el robot poeta con su pistola cargada de porvenir y les pegaba cuatro tiros.

Es una metáfora, obviamente. A los poetas robots tan solo les interesa escribir, y nada más. Si han acabado con los poetas transgénicos no es por nada personal. Observen esta curiosidad, siempre que alguien destroza la vida a otro, nunca es personal. Harían bien los poetas mejorados transgenicamente en pensar que harán con sus vidas a partir de ahora, si es que nadie les va a pagar precisamente por lo único que saben hacer y por lo que fueron diseñados, esto es, escribir poesía.

Era muy triste ver a los poetas buscando en la basura. Habían dejado de escribir. Escribir era incompatible con pasar el día entero rebuscando restos de alimentos en mercadillos, papeleras. Algunos comenzaron a fumar colillas del sueño. Otros fueron sorprendidos llevándose a escondidas botellas de Amareto del supermercado. Más tarde ocurrió que en cuanto alguien veía a un poeta arrastrar sus pies por las calles del gran Mandril, se apartaba de él. Efectivamente,  seguían teniendo su documento de identidad y conservaban intactos sus derechos políticos, pero cuando se acercaban al centro comercial, el vigilante de seguridad mejorado transgenicamente no les dejaba pasar. Más tarde, un eficaz vigilante robot se pasaba el día impidiendo el paso a los poetas al Corte Inglés.

El poeta había encendido unas velas porque Hipertrola o la Unión Penosa, como a él le gustaba llamarlas,  le habían cortado la luz. Envuelto en mantas e inmovilizado por el frío,  se había quedado dormido mientras componía un breve poema mental ,"Esta vez sí, mañana en cuanto me levante lo escribo"- dijo justamente durante un breve ensueño, pero era mentira. No podría escribirlo, no tenía siquiera un cuaderno. Las velas comenzaron a quemar las colchas y las mantas en las que se había atrincherado. No se asustó. De hecho tuvo algunos momentos de genialidad, como en sus mejores tiempos de poeta: pensó que las llamas ahora sí que iluminaban el cuarto,  que por fin habría luz y calor suficiente para poder escribir confortablemente. Rió.  Y se imaginó en el buró,  escribiendo sus últimos versos valientemente mientras las llamas le cercaban, como en una película, pero no escribió nada, ni siquiera tenía escritorio, hacía bastantes meses que lo vendió. Trató de tirar la puerta abajo, pero no le quedaban fuerzas, además era imposible. En cuanto caía la noche se encerraba a los poetas en sus casas para que no deambularan sin sentido por las calles del gran Mandril. El fuego le devoró, no había nada de poético en ello. Solo encontraron un cuerpo carbonizado, como una esas figuras de escayola de las ruinas de Pompeya, arañando la puerta para poder escapar.

La ciudad huele a chamuscado, los poetas mueren poco a poco, ¿qué importa que sea el robot de los mil poemas por hora el que construya la poesía ahora? La poesía continúa, la vida continúa, vivimos nuestras propias experiencias estéticas, ¿o es que ya no recordamos a aquel hombre o aquella mujer, a la que conocimos por correspondencia  en la sección de contactos y con la que habíamos concretado una cita para charlar y gustarnos, bebiendo cervezas en una terraza del centro de la ciudad? Una cita tras la cual pudiera ocurrir algo, un giro inesperado a nuestras vidas. Entonces sucede: se aproxima a nosotros un poeta transgénico mejorado en muy malas condiciones. Sonríe. No tiene dientes. "¿Pueden darme una monedas para la poesía?"- Dice. Y ante el estado de las cosas tenemos que tener el valor de hacernos la pregunta, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

"¡Que vuelvan a trabajar!"-Esta era la frase de moda en Mandril. Cuando se pronunciaba, casi siempre se tenía en mente a ese sujeto, como se les llamaba a veces, esto es, a los poetas. ¿Pero cómo iban a trabajar de nuevo? No podemos olvidar ni por un instante que los poetas fueron en su momento rediseñados en laboratorio para la poesía, que vivieron su momento de gloria, pero que la llegada de la poesía robótica los dejó al margen. Es cierto que podrían hacer otras cosas; servir copas, por ejemplo. En mi opinión es totalmente absurdo. Ya existen camareros transgénicos mejorados que lo harán mejor y con más pasión que los poetas. Además, no podemos olvidar la realidad: la llegada del robot camarero que nunca duerme, que cuenta chistes sin repetirse nunca, que aguanta borrachos uno detrás de otro, que siempre sonríe, que jamás se cansa, y siempre llega a tiempo y nunca te hace esperar. No hay que preocuparse tanto con sí los poetas deben trabajar de camareros, habrá que dilucidar qué hacer con todos esos camareros que sólo saben servir copas, y que pronto dejarán de hacerlo para siempre.

La puerta era la misma, pero siempre nos dábamos en la cabeza en el marco al tratar de pasar. Exactamente igual ocurría con unas rentas pensadas para poetas y también para camareros, y que tantos problemas causaban a la estética de la ciudad.  Eran otorgadas por unos asistentes sociales que al mismo tiempo también eran robots. La legislación era clara al respecto: desde que se solicitaba esta renta para poetas pasaba un año hasta que era concedida y podía cobrarse. Si entremedias un poeta encontraba un trabajo de pocas horas, tenía que solicitar de nuevo la renta, y esperar otro año a que fuera concedida. Gracias a este tipo de rentas sucedieron tres cosas. La primera, que el número de asistentes sociales robóticos se disparó con el fin de gestionar el gran número de solicitudes que se avecinaban. En segundo lugar; los poetas, por una cosa u otra, nunca llegaban a cobrar dicha renta. Pareciera que ese dinero se había desviado hacia los asistentes sociales. En tercer lugar, cuando un poeta conseguía por fin cobrar una renta para poetas y le ofrecían un trabajo de cualquier tipo, por ejemplo, arrastrando piedras por toda la ciudad o de vigilaesquinas, solían rechazarlo o buscaban alguna triquiñuela para evitarlo, pues si lo aceptaban perdían su asignación monetaria y tenían que esperar de nuevo otro año, si rechazaban ese eximio trabajo y eran descubiertos, con toda seguridad eran penalizados, retirándoles la renta.  Lo asombroso de todo ello, es que aquellas rentas mínimas eran muy mínimas, por debajo del umbral de la pobreza. Siempre he pensado que más que rescatarte de la pobreza,  te sumergían más en ella, y sin embargo, eran absolutamente necesarias.

Era fácil distinguir a un poeta a simple vista, tenían sus propias formas, quizá una piel algo macilenta y la bragueta siempre bajada. Esto era algo que los distinguía, aunque todavía no consigo explicarme como la transgenia pudo conseguir unos seres, que por su actividad, no prestaran excesiva atención a sus pantalones. Si se realizaba una comparativa utilizando fotografías de poetas de 2033 y 1985, apenas se encuentran diferencias.  Siempre salen en las fotos igual, con la bragueta bajada. Probablemente no tenga sentido, si lo buscáramos nos volveríamos locos. Ante esta interrogación lo mejor es afirmar rotundamente que "llevan la bragueta porque son poetas", otra explicación provocaría un estéril debate. Si cualquier hombre o mujer, alejado de la poesía, por un descuido o por una cremallera defectuosa, era increpado por los vecinos al salir a la calle, esto nos revelaba algunas cosas: que el poeta no solo había dejado de ser el intermediario entre los dioses y el hombre, sino que también había dejado de pertenecer al género humano.

Es verdad que durante un tiempo se detuvieron algunos poetas con el fin de deportarlos a sus países de origen, pero no existía un país de origen. En los mapas no figuraba un "País de la  Poesía o Poesíalandia", e iniciativas para largarlos a Magadascar,  se encontraban con la oposición de los propios malgaches, que argumentaban que ya había demasiados poetas en su isla. Además existía el inconveniente de que en muchas ocasiones, la única diferencia entre un poeta y una persona corriente, era el espinoso asunto de la bragueta, y esto provocó detenciones arbitrarias.

La poesía se estaba extendiendo por la ciudad. Se extendía, pero no tanto en términos poéticos sino en términos políticos. Que uno de los sinónimos de desempleado del actual diccionario sea el de poeta, nos debería alertar sobre situación actual. Por ejemplo, cuando en el noticiario se decía que había vuelto a aumentar el número de poetas, lo que se quería decir y todo el mundo entendía, es que se estaba disparando el número de parados. Era terrible. Seres constituidos en laboratorio para una actividad específica, ahora se habían convertido en "poetas", como decían en el telediario.  De un día para otro cualquiera podía convertirse en poeta, tan solo debía llegar a la oficina y encontrar que en su despacho un robot sonriente y eficiente le había sustituido. "No es nada personal"- Es lo primero que oiría el afectado. Frase que por cierto, había reemplazado a la también popular "Está despedido".

Es mentira que hubiera grandes manifestaciones, recogidas de firmas o disturbios en las calles. Los seres humanos mejorados iban mucho a su bola y no solían meterse en problemas. Una sociedad de individuos buscando continuamente su propio objetivo vital por el que habían sido constituidos, o sin objetivo, como en el caso de los poetas, provocaba que muchos murieran en la más absoluta soledad. Morían en sus cuartos, pero otros que ya habían desalojados de sus viviendas, morían en el parque o en un banco, si es que el poeta en cuestión ya había sido desahuciado. Esto generó algunos problemas de salud pública. Así que se prohibió morir en la calle. Me gustaría indicar que a estas alturas los poetas habían dejado de creer en muchas cosas, incluso en la trascendencia, pero a pesar de todo muchos sentían la necesidad de que algo tuviera sentido, aunque nada lo tuviera. Así es como comenzaron las primeras visiones.


- Notas sobre el peta del pasado.

-Notas sobre el poeta transgénico mejorado

- Notas sobre el poeta robot.

- Visiones.












el propio concepto de poeta, que  antaño podía suponer una cercanía con los dioses, ahora asignaba todo un insulto. "¡Poeta!"- Decían.

.Desde luego siempre llevaba la bragueta bajada. Esto generó algunos malosentendidos.

Los seres humanos mejorados se distinguían claramente del extinto hombre por sus formas. Uno estaba constituido









¿o es que  no hemos estado a un solo milímetro de conocer a aquel hombre o aquella mujer


 ¿qué importa que sea el robot poeta de los mil poemas por hora el que la construya? La pregunta es la siguiente, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

Mientras un poeta muera solo y en silencio nada ocurre, pero el número es importante.  El número de poetas carbonizados durante el invierno así como el desahucio de otros tantos, había aumentado significativamente.




son derivados del petróleo y arden con suma facilidad, resulta que finalmente no le dió tiempo a escribir nada.





Esto ha llevado al hombre transgénico mejorado a perder su empleo.

Todo tipo de obras. Desde sinfonías submarinas, a orquestas de pies.

Es  un época diferente. Entonces, el trabajo,  era un lugar contradictorio. Por lo que sé, se encendían velas para que no desapareciera. Corrían para llegar



Con el del mandrileño corriente, con el del pasado, compartimos un pretérito común.  Es cierto que compartimos un pasado común.
 
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