viernes, 17 de febrero de 2017

(Texto en construcción)


Inicié mi corresponsalía en Mandril algo tarde. El debate sobre la cuestión del pasado había llegado a su término hace mucho tiempo. Aquellos que lo vivieron ya estaban enterrados y tan solo quedaba el testimonio de miles, quizá millones de fotografías. Me encanta observarlas. Al contemplarlas apenas tengo la sensación de que hayan pasado algunas pocas décadas, en realidad parecen de otra era. Miro el rostro de aquellos mandrileños de otro tiempo y tengo la sensación de que son de otro planeta. Me pregunto si somos de la misma especie. En la actualidad ha regresado el debate, pero no tanto para dialogar sobre el pasado o el presente, sino para hablar sobre el futuro, un futuro que desde mi punto de vista se me antoja inquietante.


 Comparto con el mandrileño corriente un pasado común, y sin embargo, en las fotografías que han quedado de ellos no me reconozco. Eso sí, parece que se lo debieron estar pasando muy bien mientras existieron, pero hay algo de decadente en ellos. En las fotografías siempre están de fiesta. Siempre brindando, tomando copas, siempre achispados, a veces borrachos. Cenaban mucho. La cena debió ser la comida principal  y siempre en grupo, generalmente en restaurantes. Constantemente sonriendo. Por sus restos, parece que pasaron la mitad de su vida en cenas y fiestas, y la otra mitad recorriendo el mundo. Millones de fotografías nos informan de ello. Aparecen aquí y allá posando delante de ruinas, de mundos que ya no existen.

Mi opinión personal sobre el pasado y sobre los mandrileños que lo habitaban, es que en general eran peores. Si ellos eran peores, es porque nosotros ahora somos mejores. De eso no hay duda. Incorporar genes musicales en algunos individuos, los ha hecho ser mejores ejecutantes, virtuosos, así como controlar la técnica y los más variados instrumentos. También los ha convertido en espléndidos compositores. Desde luego que gozan más con la música. Puedo decir sin ningún género de duda que la música es su vida. Es tal su pasión que solo pueden mantener relaciones sexuales con otros que también han sido modificados mediante ese gen musical. Se juntan entre ellos, sino, sus existiencias se tornan insoportables, aburridas. Desde que se incorporó el gen musical, el salto ha sido cuantitativo y cualitativo. La productividad se ha disparado. Nunca se compuso tanto como ahora. En mi opinión, el ser humano, o lo que sea de él, ha llegado a cotas insuperables de belleza musical. Hay que reconocer, y en eso imagino que todos estaremos de acuerdo, que el pasado fue un bodrio. Y ya no hablo de la música como género, sino de todo tipo de actividades humanas. Porque de la misma manera que se han compuesto maravillas como las sinfonías  subacuáticas, otros, han realizado enormes proezas en campos de su competencia. Desde la conducción de vehículos hasta el levantamiento de piedras. En ambos casos se han superado todos los límites. En la conducción se ha logrado recorrer la ciudad de costa a costa con los ojos cerrados, mientras que en el levantamiento de piedras, se ha conseguido levantar una enorme roca de más de doscientos kilogramos con la polla. Esto demuestra que la humanidad ha llegado a su cumbre. Incorporar genes para tal o cual especialización nos ha permitido obtener la maestría casi por nacimiento. Es obvio que el cuerpo de un levantador de piedras, no puede ser el mismo que el de un minero o el de un hombre submarino. Uno precisa ver en la oscuridad, el otro escamas o branquias. Hace tan solo unos años el trabajo iba deformando los cuerpos con el tiempo, ahora tenemos la suerte de nacer deformes.

Y cuando habíamos llegado al punto más álgido, ese momento tan luminoso en el cual parece imposible que el día pueda retroceder en su luz, es cuando aparece un minúsculo punto negro. Al principio es insignificante, de ninguna manera su irrupción cambia nuestra percepción, pero es el inicio de la noche. Después todo será diferente.

Justo aquí es cuando se inicio el debate sobre el futuro. Con la llegada del primer robot poeta a Mandril se abrió la puerta a un cambio de paradigma, descubrimos entre otras cosas que la poesía y la creatividad, no formaban parte del genio. De hecho, el propio robot poeta, demostró en una conferencia televisada que el genio no existía. No solo no existía el genio sino tampoco el autor, y él era la prueba viviente. Viviente, por decir algo. La creatividad dejó de ser una actividad humana, o lo que sea. Hay que reconocer que los textos creados por los robots poetas eran mucho mejores que los poemas escritos por esa cosa parecida al hombre y que a falta de sustantivo, a mí me gusta denominar poeta transgénico mejorado. Así nos encontramos con la paradoja de que por cuestiones de la técnica, desde ese momento, el poeta mejorado era peor. Los poemas del robot poeta no solo proporcionaban una experiencia estética al lector, sino que en ellos se concentraban todas las preguntas del ser humano. Eran la conmoción misma. Revelaban la cara oculta de lo visible.

De la misma manera aparecieron en la ciudad robot musicales, submarinos, conductores y levantadores de piedra. El robot submarino, por poner un ejemplo, no solo no necesitaba escamas ni branquias, sino que además podía luchar contra pulpos gigantes. El cuanto al robot conductor no solo lograba atravesar también el gran Mandril con los ojos cerrados sino que lo hacía siempre sin cabeza. Otra de las ventajas de los robots sobre los hombres transgénicos mejorados, era aquella por la cual apenas consumían energía. En este sentido no precisaban de vivienda ni comían bollos rellenos de crema.

Todo esto redundó en el colapso de los poetas mejorados transgénicamente. Tengo que recordar que una de las particularidades de los poetas transgénicos,  así como la del resto de seres especializados en una habilidad concreta, ya sean subacuáticos o no, era sin duda su pasión por el ejercicio de su actividad. Solo allí, tenía algo de sentido su existencia. Solo el agotamiento o el sueño les forzaba a abandonar su tarea. Por otra parte es preciso mencionar que el robot poeta no tenía nunca sueño, y jamás se cansaba. El robot poeta había llegado a la ciudad y escribía mil poemas al día. Al robot poeta le gustaba decir con cierta ironía, que la poesía era un arma cargada de futuro. Bien, era cierto. Era como si el robot poeta estuviera buscando a cada uno de esos poetas transgénicos mejorados hasta encontrarlos. Por mucho que se ocultaran en la soledad de sus estudios, en los cálidos cafés románticos, en los starbuks, o la sombra de uno de esos árboles hipoalérgénicos del parque, donde a los poetas les gusta escribir sus experiencias vitales, allí llegaba el robot poeta con su pistola cargada de porvenir y les pegaba cuatro tiros.

Es una metáfora, obviamente. A los poetas robots tan solo les interesa escribir, y nada más. Si han acabado con los poetas transgénicos no es por nada personal. Observen esta curiosidad, siempre que alguien destroza la vida a otro, nunca es personal. Harían bien los poetas mejorados transgenicamente en pensar que harán con sus vidas a partir de ahora, si es que nadie les va a pagar precisamente por lo único que saben hacer y por lo que fueron diseñados, esto es, escribir poesía.

Era muy triste ver a los poetas buscando en la basura. Habían dejado de escribir. Escribir era incompatible con pasar el día entero rebuscando restos de alimentos en mercadillos, papeleras. Algunos comenzaron a fumar colillas del sueño. Otros fueron sorprendidos llevándose a escondidas botellas de Amareto del supermercado. Más tarde ocurrió que en cuanto alguien veía a un poeta arrastrar sus pies por las calles del gran Mandril, se apartaba de él. Efectivamente,  seguían teniendo su documento de identidad y conservaban intactos sus derechos políticos, pero cuando se acercaban al centro comercial, el vigilante de seguridad mejorado transgenicamente no les dejaba pasar. Más tarde, un eficaz vigilante robot se pasaba el día impidiendo el paso a los poetas al Corte Inglés.

El poeta había encendido unas velas porque Hipertrola o la Unión Penosa, como a él le gustaba llamarlas,  le habían cortado la luz. Envuelto en mantas e inmovilizado por el frío,  se había quedado dormido mientras componía un breve poema mental ,"Esta vez sí, mañana en cuanto me levante lo escribo"- dijo justamente durante un breve ensueño, pero era mentira. No podría escribirlo, no tenía siquiera un cuaderno. Las velas comenzaron a quemar las colchas y las mantas en las que se había atrincherado. No se asustó. De hecho tuvo algunos momentos de genialidad, como en sus mejores tiempos de poeta: pensó que las llamas ahora sí que iluminaban el cuarto,  que por fin habría luz y calor suficiente para poder escribir confortablemente. Rió.  Y se imaginó en el buró,  escribiendo sus últimos versos valientemente mientras las llamas le cercaban, como en una película, pero no escribió nada, ni siquiera tenía escritorio, hacía bastantes meses que lo vendió. Trató de tirar la puerta abajo, pero no le quedaban fuerzas, además era imposible. En cuanto caía la noche se encerraba a los poetas en sus casas para que no deambularan sin sentido por las calles del gran Mandril. El fuego le devoró, no había nada de poético en ello. Solo encontraron un cuerpo carbonizado, como una esas figuras de escayola de las ruinas de Pompeya, arañando la puerta para poder escapar.

La ciudad huele a chamuscado, los poetas mueren poco a poco, ¿qué importa que sea el robot de los mil poemas por hora el que construya la poesía ahora? La poesía continúa, la vida continúa, vivimos nuestras propias experiencias estéticas, ¿o es que ya no recordamos a aquel hombre o aquella mujer, a la que conocimos por correspondencia  en la sección de contactos y con la que habíamos concretado una cita para charlar y gustarnos, bebiendo cervezas en una terraza del centro de la ciudad? Una cita tras la cual pudiera ocurrir algo, un giro inesperado a nuestras vidas. Entonces sucede: se aproxima a nosotros un poeta transgénico mejorado en muy malas condiciones. Sonríe. No tiene dientes. "¿Pueden darme una monedas para la poesía?"- Dice. Y ante el estado de las cosas tenemos que tener el valor de hacernos la pregunta, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

"¡Que vuelvan a trabajar!"-Esta era la frase de moda en Mandril. Cuando se pronunciaba, casi siempre se tenía en mente a ese sujeto, como se les llamaba a veces, esto es, a los poetas. ¿Pero cómo iban a trabajar de nuevo? No podemos olvidar ni por un instante que los poetas fueron en su momento rediseñados en laboratorio para la poesía, que vivieron su momento de gloria, pero que la llegada de la poesía robótica los dejó al margen. Es cierto que podrían hacer otras cosas; servir copas, por ejemplo. En mi opinión es totalmente absurdo. Ya existen camareros transgénicos mejorados que lo harán mejor y con más pasión que los poetas. Además, no podemos olvidar la realidad: la llegada del robot camarero que nunca duerme, que cuenta chistes sin repetirse nunca, que aguanta borrachos uno detrás de otro, que siempre sonríe, que jamás se cansa, y siempre llega a tiempo y nunca te hace esperar. No hay que preocuparse tanto con sí los poetas deben trabajar de camareros, habrá que dilucidar qué hacer con todos esos camareros que sólo saben servir copas, y que pronto dejarán de hacerlo para siempre.

La puerta era la misma, pero siempre nos dábamos en la cabeza en el marco al tratar de pasar. Exactamente igual ocurría con unas rentas pensadas para poetas y también para camareros, y que tantos problemas causaban a la estética de la ciudad.  Eran otorgadas por unos asistentes sociales que al mismo tiempo también eran robots. La legislación era clara al respecto: desde que se solicitaba esta renta para poetas pasaba un año hasta que era concedida y podía cobrarse. Si entremedias un poeta encontraba un trabajo de pocas horas, tenía que solicitar de nuevo la renta, y esperar otro año a que fuera concedida. Gracias a este tipo de rentas sucedieron tres cosas. La primera, que el número de asistentes sociales robóticos se disparó con el fin de gestionar el gran número de solicitudes que se avecinaban. En segundo lugar; los poetas, por una cosa u otra, nunca llegaban a cobrar dicha renta. Pareciera que ese dinero se había desviado hacia los asistentes sociales. En tercer lugar, cuando un poeta conseguía por fin cobrar una renta para poetas y le ofrecían un trabajo de cualquier tipo, por ejemplo, arrastrando piedras por toda la ciudad o de vigilaesquinas, solían rechazarlo o buscaban alguna triquiñuela para evitarlo, pues si lo aceptaban perdían su asignación monetaria y tenían que esperar de nuevo otro año, si rechazaban ese eximio trabajo y eran descubiertos, con toda seguridad eran penalizados, retirándoles la renta.  Lo asombroso de todo ello, es que aquellas rentas mínimas eran muy mínimas, por debajo del umbral de la pobreza. Siempre he pensado que más que rescatarte de la pobreza,  te sumergían más en ella, y sin embargo, eran absolutamente necesarias.

Era fácil distinguir a un poeta a simple vista, tenían sus propias formas, quizá una piel algo macilenta y la bragueta siempre bajada. Esto era algo que los distinguía, aunque todavía no consigo explicarme como la transgenia pudo conseguir unos seres, que por su actividad, no prestaran excesiva atención a sus pantalones. Si se realizaba una comparativa utilizando fotografías de poetas de 2033 y 1985, apenas se encuentran diferencias.  Siempre salen en las fotos igual, con la bragueta bajada. Probablemente no tenga sentido, si lo buscáramos nos volveríamos locos. Ante esta interrogación lo mejor es afirmar rotundamente que "llevan la bragueta porque son poetas", otra explicación provocaría un estéril debate. Si cualquier hombre o mujer, alejado de la poesía, por un descuido o por una cremallera defectuosa, era increpado por los vecinos al salir a la calle, esto nos revelaba algunas cosas: que el poeta no solo había dejado de ser el intermediario entre los dioses y el hombre, sino que también había dejado de pertenecer al género humano.

Es verdad que durante un tiempo se detuvieron algunos poetas con el fin de deportarlos a sus países de origen, pero no existía un país de origen. En los mapas no figuraba un "País de la  Poesía o Poesíalandia", e iniciativas para largarlos a Magadascar,  se encontraban con la oposición de los propios malgaches, que argumentaban que ya había demasiados poetas en su isla. Además existía el inconveniente de que en muchas ocasiones, la única diferencia entre un poeta y una persona corriente, era el espinoso asunto de la bragueta, y esto provocó detenciones arbitrarias.

La poesía se estaba extendiendo por la ciudad. Se extendía, pero no tanto en términos poéticos sino en términos políticos. Que uno de los sinónimos de desempleado del actual diccionario sea el de poeta, nos debería alertar sobre situación actual. Por ejemplo, cuando en el noticiario se decía que había vuelto a aumentar el número de poetas, lo que se quería decir y todo el mundo entendía, es que se estaba disparando el número de parados. Era terrible. Seres constituidos en laboratorio para una actividad específica, ahora se habían convertido en "poetas", como decían en el telediario.  De un día para otro cualquiera podía convertirse en poeta, tan solo debía llegar a la oficina y encontrar que en su despacho un robot sonriente y eficiente le había sustituido. "No es nada personal"- Es lo primero que oiría el afectado. Frase que por cierto, había reemplazado a la también popular "Está despedido".

Es mentira que hubiera grandes manifestaciones, recogidas de firmas o disturbios en las calles. Los seres humanos mejorados iban mucho a su bola y no solían meterse en problemas. Una sociedad de individuos buscando continuamente su propio objetivo vital por el que habían sido constituidos, o sin objetivo, como en el caso de los poetas, provocaba que muchos murieran en la más absoluta soledad. Morían en sus cuartos, pero otros que ya habían desalojados de sus viviendas, morían en el parque o en un banco, si es que el poeta en cuestión ya había sido desahuciado. Esto generó algunos problemas de salud pública. Así que se prohibió morir en la calle. Me gustaría indicar que a estas alturas los poetas habían dejado de creer en muchas cosas, incluso en la trascendencia, pero a pesar de todo muchos sentían la necesidad de que algo tuviera sentido, aunque nada lo tuviera. Así es como comenzaron las primeras visiones.


- Notas sobre el peta del pasado.

-Notas sobre el poeta transgénico mejorado

- Notas sobre el poeta robot.

- Visiones.












el propio concepto de poeta, que  antaño podía suponer una cercanía con los dioses, ahora asignaba todo un insulto. "¡Poeta!"- Decían.

.Desde luego siempre llevaba la bragueta bajada. Esto generó algunos malosentendidos.

Los seres humanos mejorados se distinguían claramente del extinto hombre por sus formas. Uno estaba constituido









¿o es que  no hemos estado a un solo milímetro de conocer a aquel hombre o aquella mujer


 ¿qué importa que sea el robot poeta de los mil poemas por hora el que la construya? La pregunta es la siguiente, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

Mientras un poeta muera solo y en silencio nada ocurre, pero el número es importante.  El número de poetas carbonizados durante el invierno así como el desahucio de otros tantos, había aumentado significativamente.




son derivados del petróleo y arden con suma facilidad, resulta que finalmente no le dió tiempo a escribir nada.





Esto ha llevado al hombre transgénico mejorado a perder su empleo.

Todo tipo de obras. Desde sinfonías submarinas, a orquestas de pies.

Es  un época diferente. Entonces, el trabajo,  era un lugar contradictorio. Por lo que sé, se encendían velas para que no desapareciera. Corrían para llegar



Con el del mandrileño corriente, con el del pasado, compartimos un pretérito común.  Es cierto que compartimos un pasado común.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Propuesta para un arte andante, democrático y ciudadano




 La creación artística, el autor, el espectador, puede salir del extraño círculo donde está encerrado. La iniciativa que propongo, podría constituir el año cero, de una nueva historia del arte.


Hacia un arte andante


Resulta descabellado, pero de la misma manera que en su momento parecía una locura crear parques y jardines públicos para uso y disfrute del pueblo, propongo la puesta en marcha de un  arte de andante. No hay duda que los parques han transformado la ciudad y ya a nadie se le ocurre proponer revertir esta situación. Sería demencial que pasaran de nuevo a manos de la plutocracia, la élite o a una minoría. De la misma manera, mi propuesta de arte andante, cambiará estéticamente la ciudad.

 De la conquista de los parques por la plebe nadie se suele hablar. Si uno se atreve a pensar en ello, podría ser acusado por el Comité de Actividades Anti Norteamericanas de pertenecer,  haber pertenecido o simpatizar con el Partido Comunista.

Propuesta

Durante cuatro horas diarias aquellos autores comprometidos con este proyecto exhibirán sus obras en las calles, que llevarán con ellos. Antes de continuar es importante indicar que este proyecto es abierto, que no es preciso poseer el carnet o el diploma por correspondencia de artista, ni siquiera es necesario ser artista. Aquellos dispuestos deambularán a la deriva por la ciudad con sus obras, las comentarán ante las preguntas de los curiosos, las transportarán a cafés, mercados, colegios, plazas, arrastrándolas consigo por toda la ciudad. Mi propuesta tiene un precio, no le saldrá gratis a la ciudad. Algunos argumentarán que implementar la propuesta del arte andante significará un enorme desembolso económico, una locura. Quizá se recupere con creces.

 Esta fotografía no es muy representativa,  quizá ni siquiera transmita la idea acerca de aquello que podría ser el  Arte Andante, pero es muy chula. Aun así, una propuesta como la de este ser azulado que transporta una cabeza descomunal por las calles gran Mandril puede entrar, sin duda,  en el proyecto. No existirá un comité examinador de las obras.



Los paseantes emergen de la bruma

En realidad el autor se convierte en guía de una exposición comentada: la de su propia obra. Se transforma él mismo en la obra. Una obra que es capaz de interaccionar con el público, explicarse, dialogar con él. El autor se compromete con la obra, y al hacerse pública deberá defenderla, probablemente mediante la palabra, a través de su discurso ante la gran asamblea de la ciudad, que en definitiva, está en todas partes si es que uno se encuentra dispuesto a presentarse ante ella. El espectador, evidentemente desaparece, ya no es el personaje que pasea desinteresadamente por el museo ni contempla asombrado la performance. Es un igual ante la obra. Habla con ella. En cualquier momento el espectador puede convertirse en obra y deambular por la ciudad como autor, como creación. Todo espectador lleva también su obra consigo.

En el Arte Andante o en la propia existencia, uno no puede estar seguro de quién es, si autor, espectador u obra. Hay un paso del ser de uno al otro. No es que uno pierda la identidad, sino que algo del otro queda impreso en uno mismo. En la foto, se capta el preciso instante en el que se pasa un trozo de ser a otro individuo. Si esos trozos de ser, van pasando de unos a unos, ¿donde acabarán?


Detalles sobre la nueva forma de la ciudad

Imaginen la nueva forma de la ciudad. Decenas, cientos, miles, cientos de miles, ¿o quizá millones de artistas paseando por la ciudad, arrastrando su obra con ellos? Por supuesto que  no es preciso que la obra sea una escultura o un lienzo, cada cual sabe lo que lleva en él. Para que ustedes se hagan una idea del concepto de obra que cada uno de nosotros arrastra, pienso en los hombres libro de Bradbury, o en los hombres megáfono que aparecieron en la Puerta del Sol del Mandril durante el 15m. Y ahora piensen en toda esa energía actuando en la ciudad día a día. En todo este encuentro de las obras con los vecinos, de las obras con las obras, de los autores con los autores. De esta interacción surgirán nuevas obras, formas más complejas. Vista desde el espacio, la ciudad será una inmensa obra que va cambiando de forma.

La obra, contiene muchas obras dentro de sí misma. Tienen formas insospechadas. Es imposible saber que forma tendrá la obra dentro de varios días, y si cambiará el concepto de esta metaobra.

Esta propuesta es política

Esta propuesta es política. Ya nada se excluye, nada queda apartado de la creación. El paseo deja de ser una acción individual, aislada. El paseante, si ha decidido transformarse en arte (y cobrar su sueldo por ello) irá al encuentro con el otro para exponerse, para explicarse, para escucharse. El diálogo que se inicia transforma el paseo. De ser un acto atomizado, se trasforma en una acción comunicativa, en contacto con el otro: una verdadera celebración de palabras,  imágenes y experiencias.

La obra es política en cuanto comienza a hablar. ¿Me podría usted decir dónde se encuentra la obra en esta fotografía?, ¿en el suelo o sobre el pedestal?


Tipo de contrato

Cuatro horas. Durante cuatro horas diarias,  da igual si es de día o de noche, el autor se expondrá. Necesita tiempo, vivir experiencias, ver películas, quedar con los amigos, socializarse, leer, para poder crear. Tiene que llegar descansado ante el escritorio, al taller, al estudio para poder seguir creando. Propongo que por esas cuatro horas el autor cobre al menos el salario mínimo, que en ningún caso podrá ser inferior al umbral de la pobreza. Su contrato será indefinido. Mediante una aplicación podrá encontrar a través de su teléfono móvil las miles de obras andantes caminando errantes por su ciudad.

Confieso que es totalmente arbitrario que el artista contratado tenga que deambular por la ciudad con sus obras durante cuatro horas al día. Por mí, como si no deambula ninguna. Yo lo que quería era establecer una renta para ser humano con el fin de que hicieran aparición por fin sus potencias. Como la propuesta es novedosa, tenía que darle una forma que pudiera ser aceptada por el conjunto de la peñita, a pesar de las resistencias de las élites que tratarían de poner al pueblo en contra de esta propuesta. 



Sueldos
 
En cuanto hablamos de sueldos a muchos les deja de molar la propuesta. Aparecen los adversarios y enemigos. Creo todavía en el museo, sigo pensando que es necesario, al menos para almacenar el pasado, ¿pero cual es el coste de exponer el presente, de vigilarlo, en construir estructuras donde visitarlo? En esta propuesta las paredes del museo desaparecen. No es que muera el museo sino que se extiende por toda la ciudad.  Quién esté interesado en crear, en vivirlo, llegará a esta ciudad de arte andante. No hay que entrar al museo, el museo entrará en usted. Para los que estén interesados en el turismo, se abre una enorme y dorada veta, pero quizá deje de existir el turismo tal como ahora lo conocemos. Para los interesados en la emancipación y la libre creación, se abre una puerta enorme, anchas alamedas.

Me conmueve la idea de que las obras no solo han bajado del plano, el lienzo o el pedestal, sino que también han comenzado a respirar, a hablar. Incluso, hasta donde yo sé, están penetrando en las instituciones.


Financiación

Creo que esta obra puede financiarse y autofinanciarse, ya sea por los ingresos que aportan los viajeros que llegarán a la ciudad para vivir su propia experiencia estética, ya sea por el impuesto a las propias obras que pudieran venderse y comprarse, por la disminución de CO2 liberado en la ciudad, y por tanto, en el ahorro en medidas descontaminantes. Si para poner en marcha este nuevo modelo de ciudad hay que tasar las transacciones financieras, entonces, merece la pena. Digámoslo claro, el ejercicio de esta nueva actividad no emitirá CO2, no dejará residuos. Hasta que sea la propia voluntad de uno mismo quién le convierta en una de obra andante viviente, será preciso  una bolsa de empleo. A medida de que aumente el presupuesto para una ciudad estéticamente en movimiento, se multiplicará el número de obras circulando. Si se implementan propuestas políticas como el Trabajo Garantizado, un importante número de empleados pudieran resultar ser obras de arte, si no, habrá que esperar al advenimiento de la República de la Renta Básica Incondicional y Suficiente. No hay duda que a muchos les parecerá indeseable que esta obra desborde la ciudad,  aborrecerán incluso su existencia, pero esto será como desear que desaparezcan los parques, como odiar los jardines públicos de la ciudad.

La parte más tediosa para constituir esta obra es la financiación, pero no es un delirio. Es realizable. Otra cosa es si los mandileños estamos preparados para que los individuos seamos por primera vez personas. Lo difícil no es tanto su financiación, eso está garantizado.  Lo complicado es tomar la decisión del ejercicio de ser persona.



 Arte Andante y autonomía del arte

Imagino que los lectores, a estas alturas, ya se habrán escandalizado de esta propuesta y más si se lleva a cabo con dinero del estado.  Temerán que al financiar esta inmensa obra quede erosionada la autonomía del arte con respecto a los poderes públicos, ya saben ustedes, el que paga manda.

En realidad ocurrirá exactamente lo contrario. Un sueldo garantizado a los artistas por el simple hecho de existir y de crear, nos llevaría a escenario jamás visto, a un cambio de paradigma artístico. Sin la presión del desempleo y con un incremento sensible del tiempo, por fin la expresión sería libre.

El temor a que el ayuntamiendo, valiéndose de una renta que financiara la libre expresión de los creadores pueda condicionar esa misma expresión, es no entender en que consiste el espíritu del proyecto de la obra. Me explico: A) La parte fundamental del proyecto se basa en la premisa de "El ayuntamiento no puede retirar el sueldo al creador en ningún caso". B) El Arte Andante no es estatal, sino que se establece mediante un proceso de implementación democrático, esto es, a través de la deliberación, el consenso-disenso, publicidad y la votación. C) El fondo de la propuesta no es tanto el propio Arte Andante, sino de una renta para el artista, esto es, para el pueblo, de donde emana la libre creación. D) El Arte Andante es una iniciativa artística individual, que para ser  puesta en marcha es preciso que asuma el conjunto de la ciudadanía, así como el apoyo incondicional del municipio, aun en contra de sus propios intereses. El resultado de la puesta en escena de la propuesta de Arte Andante será una obra colectiva, mutante, y al mismo tiempo, millones de obras individuales.


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