¡TERRIBLE!

viernes, 23 de septiembre de 2016

Prolegómenos para una primera expedición mandrileña al Más Allá







 Expedición tripulada al Más Allá


Introducción

Nos encontramos en el despacho del ministro. Desconocemos qué ministerio ocupa, pero sabemos que se encuentra muy ocupado resolviendo problemas. En realidad no los resuelve, sino que crea nuevos problemas para solucionar otros que previamente había creado. En estos precisos momentos el ministro duerme. Suena el teléfono. Se despierta agitado.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.



Ministro: (Contestando al teléfono) ¿Qué ocurre?, ¿No te he dicho que estoy reunido? ¿Qué? ¿Cómo? Dime tu nombre ¿Qué no quieres? No, no es para apuntarlo en ninguna lista negra. ¿Qué me den por culo? ¡Me ha colgado!

El ministro se levanta. Busca su juego de dardos que lanza contra un póster donde está retratado alguno de los representantes del Partido de la Plebe (Podría ser Espartaco, Graco, Robespierre, Paine, Efialtes, Allende, y algún que otro tipo innombrable con barba...) Alguien llama a la puerta.

Ministro: (Lanzando dardos al póster del Partido de la Plebe) ¡Estoy ocupado!

Llaman de nuevo.

Ministro: No estoy.

Vuelven a llamar. Alguien abre ligeramente la puerta y asoma la cabeza ligeramente. Es Dominguet.


A veces la vida pueda dar un giro inesperado.



Dominguet: Disculpe, siento molestar.

Ministro: ¿Qué haces? ¿No ves que estoy trabajando?

Dominguet: Yo...es que... Usted me citó hace ya una semana.

Ministro: ¿Yo?

Dominguet: Si, por lo de la expedición.

Ministro: ¿La expedición? Oh, si, la expedición, la expedición... Te llamas... No me lo diga, tengo buena memoria para los nombres. ¿Dominguez, verdad?

Dominguet: No. Me llamo Dominguet.

Ministro: Pasa Dominguez, pasa, no te quedes en la puerta. Pasa y por favor, siéntate. (Le saca una caja de puros) ¿Fumas?

Dominguet: Antes fumaba tabaco de liar.

Ministro: ¿Tabaco de liar?

Dominguet: En realidad he dejado de fumar.

Ministro: ¿Hace mucho?

Dominguet: Hoy. He empezado hoy.

Ministro: No me rechazarás una copa, ¿o es que también has dejado de beber hoy?

Dominguet: Si, bueno, en realidad me propuse dejar de beber en cuanto dejara de fumar. Quisiera estar en forma por si acaso me seleccionaran para la expedición.

Ministro: ¿No quieres? Mira que nunca se sabe cuando uno morirá. Quizá sea esta tu última copa.

Dominguet: Si insiste... ¿No tendrá mejor tabaco de liar, verdad? En fin, con un puro me apaño.

Ministro: Así me gusta, Dominguez, así me gusta...

Siento que algo extraño pasa cuando el ministro te llama a casa para ofrecerte una copa y un puro.

Dominguet: ¿Y entonces?

Ministro: ¿Entonces qué?

Dominguet: Lo de la expedición.

Ministro: Ah, si, la expedición, la expedición. Es que sabes... A veces se me olvidan las cosas. Cierra la puerta, por favor... (Dirigiéndose a Dominguet en voz baja, confidencialmente) Creo que se me olvidan las cosas por culpa del agua.

Dominguet: ¿Por culpa del agua?

Ministro: Si, el agua. No me mires con esa cara. Creo que están echando mercurio al agua.

Dominguet: ¿Mercurio?

Ministro: ¡O gluten! También podrían estar echando gluten al agua. Por eso solo tomo whisky.

Dominguet: Pero...¿Quién querría echar gluten al agua?

Ministro: ¿No te lo imaginas?

Dominguet: No. Es inconcebible.

Ministro: Los del Partido de la Plebe. Esos. Quieren destruir todas las cosas buenas del país.

Dominguet: ¿Cómo lo sabe?

Ministro: Lo sé porque nosotros llevamos años haciéndolo.

Dominguet: ¿Quienes?

Ministro: Sí, nosotros, los del Partido Patricio.

Dominguet: ¿Están ustedes echando gluten al agua? ¿Por qué?

Ministro: Y mercurio, también mercurio, querido Dominguez. No es nada personal; lo hacemos para salvar el país. El país y las inversiones. Algo de mercurio y gluten podría cambiar la realidad, o mejor dicho, que nada cambiara.

Dominguet: Pero a quién se le ha ocurrido esto, es demencial...

Ministro: Efectivamente, es demencial.  De eso se trata.  Eres rápido de reflejos (ríe). El efecto secundario del gluten y el mercurio sobre el cerebro es totalmente demencial. El número de idiotas se multiplica. Y eso es bueno. Hemos conseguido detener el avance del Partido de la Plebe, pero al mismo tiempo es malo. Al aumentar la imbecilidad está cayendo la productividad simultáneamente. En estos momentos está infladísima la burbuja de la idiotez. En cualquier momento podría explotar. Estamos buscando soluciones creativas a este espinoso asunto.

Dominguet: ¿Han probado con una renta universal e incondicional?

Ministro: ¿De qué coño estás hablando? ¿Qué todos esos idiotas se pongan a leer, o lo que es peor, quieres que comiencen a pensar?

Dominguet: Pero...

Ministro: Ni peros ni peras... ¡Queremos soluciones creativas! En fin... hemos hecho una extensa lista con propuestas diversas. Algunas de ellas ya están en pruebas, otras, semioperativas. Aquí es donde cobra vida, por así decirlo, la expedición.

(Un silencio. Una pausa)

Dominguet: ¿Y...?

Ministro: ¿Y qué...?

Dominguet: Lo de la expedición...

Minsitro: Ah, si...Lo de la expedición... Es que querido Dominguez, a veces se me olvidan las cosas. En confianza, creo que los del Partido de la Plebe están echando gluten al agua.

Dominguet: Ya, ya... ¿Y lo de la expedición...?

Ministro: Si, la expedición. No me olvido, Dominguez, no me olvido de la expedición... (Pausa) ¿qué estaba diciendo?

Dominguet: Estaba usted hablando de la expedición...

Ministro: He pensado en usted para que se una a nuestro equipo.  Ya está al tanto de la expedición, ¿verdad? Imagino que le habrá llegado información personalizada  del ministerio a casa...

Dominguet: No cesan de llegarme correos invitándome a participar en la expedición, dejándome notificaciones en el buzón, llamadas telefónicas de madrugada. La prensa está plagada de publicidad del ministerio al respecto. No es posible pasear el gran Mandril sin  ser interpelado por enormes carteles publicitarios invitando a la ciudadanía a participar. Incluso avionetas sobrevolando la ciudad lanzando pelotas de playa inflables con publicidad sobre la expedición...

Ministro: Efectivamente. Y aun así no hay voluntarios... (Cogiendo un papel con algo escrito) ¿Qué le parece este texto que he escrito animando a la población a participar? Dice así: "Se buscan hombres, mujeres y niños para peligroso viaje. Salario reducido. Frío penetrante. Largos meses de completa oscuridad. Constante peligro. Dudoso regreso sano y salvo. Honor y reconocimiento en caso de éxito".

Dominguet: ¿Pero este texto no es de hace un siglo? Me recuerda al de Ernest Shackleton y su anuncio para buscar expedicionarios para el polo.

Ministro: (Visiblemente contrariado) Ya, ya... Bueno... he despedido a los creativos y he asumido personalmente el control de la campaña para reclutar los voluntarios. A veces hay cosas que es mejor no confiar en nadie ¿No le parece que las pelotas playeras inflables lanzadas desde avionetas, una idea genial?

En realidad, las pelotas de playa hinchables cayendo sobre la ciudad de Mandril con publicidad sobre la expedición, lejos de ser un fracaso, tuvieron una gran acogida entre la ciudadanía.


Dominguet: Antes de darle mi opinión sobre las pelotas hinchables me gustaría conocer algunos detalles más sobre la expedición.

Ministro: Por favor cierre la puerta. Lo que tengo que decirle es muy importante.

Dominguet: Ya está cerrada.

Ministro: No importa, ciérrela otra vez.

El ministro se pasea nerviosamente por el despacho. Se enciende otro puro.

Ministro: ¿Quiere otra copa?

Dominguet: No gracias.

Ministro: Yo sí, usted se lo pierde (Bebe ansiosamente directamente de la botella, el whisky se le derrama por la camisa).

Dominguet: ¿Y...?

Ministro: Usted ha sido seleccionado para la expedición.(Pausa)  Se trata de  un viaje al más allá.

Dominguet: ¿Al más allá? ¿No está algo lejos?

Ministro: Escuche atentamente. Hemos pensado en usted para tripular la expedición al más allá. Creemos que puede haber vida más allá de la vida. Es un viaje que da un salto cualitativo por encima de lo científico. Es un viaje metafísico.

Dominguet: ¿Pero que evidencias tienen de que existe el más allá?

Ministro: Tuve un sueño.

Dominguet: ¿Un sueño?

Ministro: Un sueño, ¿o era una pesadilla? Da igual. También oigo voces.

Dominguet: ¿Oye voces? Eh... Bueno, es que yo... Me tengo que ir... Tengo una cita con la realidad.

Ministro: No me cree, verdad. Ocurrió mientras dormía. La primera vez se me apareció en sueños.  En la lejanía, a través de un largo túnel, un hombre se encaminó hasta mí. Hasta encontrarse conmigo cara a cara, junto a mi cama.  Tenía bigote y me hablaba, y siempre me repetía lo mismo una y otra vez, noche tras noche.

Ocurre muchas veces. Los efectos de una mala digestión, la falta de riego o de oxígeno , suele ser interpretado como la realidad. Si se les aparece alguien que llega de un lugar intangible, por favor, desconfíen. No le hagan caso inmediatamente.


Dominguet: ¿Qué le decía?

Ministro: Me miraba y decía "Tengo una misión para ti"

Dominguet: ¿Pero usted duerme bien por las noches?

Ministro: Si, sobre todo ahora que utilizo una máquina para al apnea del sueño mientras duermo.

Dominguet: ¿Y sigue teniendo esos sueños?

Ministro: No. Ya no. Ahora solo oigo voces y a veces visiones. Una vez, ese señor con bigote de vos aflautada se me apareció de nuevo sobre un árbol de la Casa de Campo de Mandril. Él fue quién me dijo teníamos que colonizar el más allá. Que todavía había terrenos sin recalificar.

Dominguet: ¿Quién era ese personaje con bigote? 

Ministro: No puedo pronunciar su nombre. Dijo que si decía su nombre en alto... (Dominguet, le interrumpe)

Dominguet: ¿Jehova?, ¿Jehova, tiene bigote? 

Ministro: ¿Jehova tiene una voz aflautada? 

Dominguet: En las películas su voz es algo cavernosa.

Ministro: Dijo que no podía pronunciar su nombre, porque si lo decía en alto, se me vería plumero, ¿qué querría decir con eso?

Dominguet: Ni idea. Seguramente hablaba en clave para un pequeño grupo de seguidores fanáticos y para usted, los únicos conocedores de su significado... A parte de eso, me gustaría saber por qué ha pensado usted en mí para un viaje de estas características...

Ministro: Yo no fui. Para mí y para el mundo eres un perfecto desconocido. En realidad te seleccionó la máquina. Un potente y enorme ordenador que utiliza tarjetas perforadas, como en los años 50 del siglo pasado. Reúnes algunas de las características apropiadas para este peligroso viaje...

Dominguet: ¿Ah, sí? ¿Por qué?

Ministro: Por la bilirrubina.

Dominguet: ¿Por mi bilirrubina?

Ministro: La tienes alta, ¿verdad?

Dominguet: Si, ¿y qué?

Ministro: No es mortal, todavía, pero podría serlo. Si no mueres podrías acabar de color amarillo.

Dominguet: ¿Tiene algo en contra del amarillo?

Ministro: Da mala suerte. Además aun en contra de la corriente histórica, estamos trabajando por un mundo más sonrosado, si acaso marrón clarito, como máximo beis, como mis pantalones.

Dominguet: ¿Me quiere enviar al más allá por mi color amarillo? Un color amarillo, que por cierto, no tengo.

Ministro: Si, por tu color amarillo. En fin, seamos sinceros, eres el candidato ideal. Te hemos grabado al llegar a tu piso de alquiler, después del curre, un piso que por cierto, ni siquiera tuviste el coraje de comprar, como habría hecho cualquier persona normal. Abres la puerta y dices, "¡Hola a todos!", pero no hay nadie. No tienes hijos, pareja,  perro, gatos, ni si quiera un cactus o un simple ficus.

Dominguet: Es una cuestión de alergia, de alergia al polen y a los pelos de gato.

Ministro: Tú mismo lo has dicho: además tienes alergia. Apenas tienes amigos. Has entrado en esa pendiente resbaladiza de la decrepitud, tu sueldo mengua. Hace años que no disfrutas de los placeres del consumo o del derroche, no viajas, no tienes cualificación alguna,  formas parte de esas masa informe nacida en tiempos el baby boom. Esa masa que a mí me gusta llamar el Moco Verde (Ríe). Compréndelo, nadie te va a echar de menos. Debes perder toda esperanza de que la posteridad te reivindique, Dominguez. La posteridad no sabrá nada de ti. Desaparecerás por completo de la historia. Te disolverás en la estratosfera, por decirlo así. De ti no quedará nada: ni un nombre en un papel, ni tu recuerdo en un ser vivo. Desaparecerás tanto del pretérito como del futuro.

Dominguet: Esto que dice me suena. ¿Lo ha sacado de una novela de Orwell?

Ministro: (Molesto) Ya, ya... Pero puedes evitar desaparecer tanto del prétérito como del futuro si participas en esta expedición al más allá. Quizá seas recompensado a la vuelta. No dudes que tu nombre quedará registrado en el deseado libro de la historia con enormes letras de oro. Piénsatelo bien. "Dominguez, primer metanauta. Tripulante de la primera expedición al más allá. 1968-2016" ¿Te gusta? ¡Cómo Yuri Gagarin! Siempre quisiste ser un cosmonauta.

Dominguet: No sé da cuenta, ni tan siquiera me llamo Dominguez. De mí apenas quedará un nombre, y encima estará mal escrito.

Ministro: Qué decirte. Lo de tu nombre en grandes letras de oro era broma. Serán algo más pequeñas. Quizá puedan leerse con lupa. Lo más probable es que jamás aparezca. Haga lo que haga, usted  se va a disolver en el éter cósmico, el tiempo, la historia,  o lo que sea que haya o no haya.

Dominguet: Vaya plan. Supongamos que decido aventurarme, ¿qué ocurriría si no hay nada en el más allá?

Ministro: Si no hay nada, lo mejor es que regreses, ¿qué vas a hacer allí?

Dominguet: No sé...

Ministro: Te aconsejo que lleves contigo un cuaderno, un diario de viaje y vayas narrando tu experiencia. Toma algunas fotografías, pero no demasiadas, que luego son un coñazo verlas.

Dominguet: Pensaba que éste era un viaje más metafísico que científico.

Ministro: Por supuesto, pero si puedes recoger muestras mucho mejor. Toma, puedes ir guardándolas en este bote.

Dominguet: ¡Pero esto es un bote pepinillos en vinagre!

Ministro: ¿No te gustan los pepinillos?

Dominguet: Me parece poco profesional.

Ministro: (Riendo) Relájate, es broma, Dominguez. solo quería quitar dramatismo al asunto. Rebajar la tensión ahora que te encuentras al mismo borde del precipicio. Una buena carcajada no hace mal a nadie.

Dominguet: ¿No hay más equipamento para la expedición?

Ministro: Si, por supuesto, toma...

Dominguet:  ¿Qué es esto?

Ministro: ¿No lo ve?

Dominguet: Parece una linterna.

Ministro: Es una linterna. Ya sabes, por si te acaban rodeando las tinieblas.

Dominguet: Estará bromeando.

Ministro: No, no bromeo.  Al llegar podría rodearte una densa noche eterna.  Si vieras una luz al final del túnel. Dirígete hacia ella, pero mantennos siempre informados.

Dominguet: ¿Cómo?

Ministro: Por teléfono, ¿tienes mi número? Si no puedes hablar por el motivo que sea, envíanos un correo o un whatssap. Tenemos noticias de que algunas personas ya fallecidas se han puesto en contacto con sus seres queridos a través del teléfono.

Dominguet: ¿Habrá cobertura?

Ministro: Probablemente. Si la telefonía ha llegado a las zonas más depauperadas de la ciudad,  ¿cómo no iba a llegar al cielo?

Dominguet: Habrá llegado al más allá, pero lo que se dice a mi piso todavía no ha llegado.

Ministro: Pues el viaje al más allá nos lo patrocina una conocida marca de teléfonos móviles...

Dominguet: Por cierto, ¿cual es el objetivo de esta expedición?

Ministro: Uhm...Te seré sincero. Siéntate, ponte cómodo.

Dominguet: Estoy sentado casi desde que he llegado...

Ministro: ¿Ah, si? Es que te veo borroso (bebiendo de la botella) No sé, debe ser la vista.

Dominguet: (Cogiendo unas gafas que hay sobre la mesilla) Aquí hay unas gafas, ¿son suyas?

Ministro: Bah, no tienen graduación, las utilizo solo para las entrevistas por televisión.

Dominguet: Bueno...¿Y los propósitos de la expedición?

Ministro: ¿Qué expedición? Oh, si...ya recuerdo. Siéntate de una vez. ¿Estás cómodo?.

Dominguet: No mucho. Parece como si hubiera un clavo saliente en la silla, y se me clava...

Ministro: El clavo existe. Es que te has sentado en la silla que utilizo para mis adversarios y enemigos políticos (Ríe) Es una forma de doblegarles física y psicológicamente. Y cuando les enseño el dossier y las fotos de su juventud, donde salen fumando porros, se vienen abajo. (Ríe)

Dominguet:Yo ya me estoy viniendo abajo, ¿dónde está el baño?

Ministro: Aguanta un poco.  Donde vas a ir, no es preciso el servicio.

Dominguet: Dese prisa en explicarse, porque entre los nervios, la colitis y el clavo saliente, no puedo concentrarme correctamente.

Ministro: Mejor. En realidad hay más de un objetivo. Uno de ellos, por supuesto, es espiritual. La posibilidad de reencuentro con nuestros eres queridos. Esto goza por supuesto del favor de una parte del pueblo. Tanto si la expedición es un éxito como si fracasa, este segmento poblacional, es muy probable que solicite viajar al más allá, voluntariamente, en principio. Lo que yo no sé es que tipo de gobierno existe en el más allá, ni cómo se organizan. Así debemos de ser precavidos, a ver si vamos a desequilibrar el más acá, no sea que estén planificando invadir la Tierra. Tanto tiempo alejados de la vida mundana quizá les haya afectado de forma permanente el cerebro, si es que lo tuvieran.

Dominguet: ¿Serán peligrosos?

Ministro: Probablemente. En caso de duda, es mejor que uses esto.

Dominguet: ¿Una pistola? Que quiere que le diga. Nunca pensé que el fin último de una expedición al más allá consistiría en liquidar a sus habitantes. A mi me hubiera gustado establecer un primer contacto, cambiar opiniones, conocimientos, saberes. Quizá intercambiar fluidos, quién sabe.

Ministro:  Ya, ya...buen rollito...¿Y después qué? Como dijo Gila, cuando te despistas te clavan una flor en el corazón. Querido Dominguez, que ingenuo eres todavía, todavía crees que es posible mezclar la ética con la expediciones al más allá, cuando en realidad, más que expediciones espirituales o científicas, son sobre todo, expediciones políticas. Te diré aun más; por encima de la ética existen razones de Estado

Dominguet: ¿Ah, si? ¿Cuales?

Ministro: El petroleo se acaba, pero quizá todavía quede una posibilidad. Quizá en el más allá existan cantidades ingentes de energía y recursos, ¿lo has pensado alguna vez? Yo albergo esa esperanza...

Dominguet: ¿Pero está usted diciendo que existe petroleo en el más allá? ¿Tiene alguna evidencia de algún tipo?.

Ministro: Por supuesto, la evidencia de la lógica. Mientras la Tierra es un espacio limitado y finito, el más allá se nos presenta como un lugar extenso y sin fin. No puede ser de otra manera. Y en consecuencia, en un territorio infinito, es más que probable que encontremos petróleo.

Dominguet: ¿Saquear el cielo?

Ministro: Bueno, se puede llegar a algún tipo de acuerdo, a un contrato. En cualquier caso el problema es mucho más complejo. Quizá nos veamos obligados a colonizar el cielo. Te recuerdo que existen siete mil millones de habitantes en la Tierra. Además, no podemos olvidar las posibilidades de negocio que podrían darse allí. Harás de avanzadilla. Te pondremos un piso allí.

Dominguet: Casi preferiría un piso aquí, en Mandril.

Ministro: Bueno, bueno, ya veremos... Después una tercera cuestión nos fuerza a explorar otras alternativas.

Dominguet: ¿Una tercera cuestión?

Ministro: Me tiene que prometer que lo oiga al respecto no saldrá de este despacho.

Dominguet: Esto...

Ministro: Sabía que podía confiar en usted. Escuche atentamente. Se trata de todos esos imbéciles e idiotas. Es cierto que molan,  entre otras cosas por su incapacidad de organizarse. Nos ha costado nuestro dinero, no te vayas a creer. Si, hemos hecho grandes inversiones. Nuestros mejores técnicos, psicólogos, publicistas, guionistas han creado esta informidad. Gracias a esto hemos vuelto a ganar de nuevo las elecciones, sin embargo, todos estos idiotas también tienen necesidades orgánicas. De momento están muy entretenidos con la cerveza. Lamentablemente en la actualidad tenemos un serio problema de superproducción de idiotas, y la productividad está cayendo. Había pensado enviarlos al más allá. Allí podrían ser felices. Enviar a los idiotas y a esos del partido de la plebe, que se creen muy listos.

Dominguet: ¿Pero esto que se proponen hacer ustedes, no es... fascismo?

Ministro: ¿Fascismo? Mira, haz como yo, no te metas en política.

Dominguet: ¿Me podría explicar alguna cosa más sobre la expedición al más allá? Es que no lo veo nada claro.

Ministro: Por supuesto, pero antes tienes que firmar este contrato.

Dominguet: ¿Podría leerlo antes?

Ministro:  ¿Leerlo? Eso no es muy ortodoxo...pero como quiera. No tengo nada que ocultar (Le entrega el contrato)

Dominguet: (Poniéndose las gafas. Leyendo con atención el contrato) Uhmm. Muy interesante...

Ministro: ¿Verdad?

Dominguet: Si... pero...quizá no se ha dado cuenta. Se les ha olvidado incluir algo.

Ministro: No te preocupes por nada. Firma abajo.

Dominguet: Ya, ya..pero es que...El contrato está totalmente en blanco. No han redactado nada.

Ministro: Firma ahora y nosotros lo redactamos después....

Dominguet: No sé, todo esto me resulta algo extraño.

Ministro: No te inquietes, es absolutamente legal.

(Dominguet firma el contrato en blanco, algo indeciso, y se lo entrega al Ministro)

Ministro: Bienvenido, no te arrepentirás jamás.

Dominguet: ¿Cuando comienzan los entrenamientos?

Ministro: ¿Qué entrenamientos?

Dominguet: Los entrenamientos que realizaré con el resto del equipo.

Ministro: ¿Qué equipo?

Dominguet: ¿No insinuará que iré solo al más allá?.

Ministro: Yo me atengo a lo que has firmado. Pero tranquilo, tenemos una candidata que te acompañará en tu viaje.

Dominguet: ¿Está buena?

Ministro: No lo sé, lleva burka.

Dominguet: ¿Me acompañará una musulmana en burka en esta expedición  pionera al más allá?

Ministro: ¿Quién le ha dicho que sea musulmana? ¿Por qué imagina que se trata de la primera expedición al más allá?

Dominguet: ¿El sentido común?

El ministro se dirige a un armario que hay en el despacho, al que acaricia, con cierto gesto de satisfacción.

Ministro: La nave.

Dominguet: ¿Esta es la nave? Parece un armario.

Ministro: No se deje engañar por las apariencias. En su interior se encuentra la tripulación. (Abre la puerta del armario) ¡Alehop!

Al abrir la puerta del armario aparece una mujer con burka, amarrada firmemente a una aparatosa silla, que se agita en el interior del armario.

 Interior de una nave tripulada al Más Allá. El asiento vacío está reservado para usted.

Dominguet: ¿Qué es esto?

Ministro: Tu compañera de viaje. Creo que se llama Marta. No temas, no es negra, ni oriental, ni siquiera musulmana. Pertenece a una familia de clase media blanca desestructurada (rie) En su juventud se afilio al Partido de la Plebe. Ahora viajará al más allá.

Dominguet: No parece muy contenta. Parece como si fuera ir al más allá en contra de su voluntad...

Ministro: En caso de que tengan problemas con la vuelta, podrían formar una familia allá....

 Dominguet: ¿Por qué lleva burka si es no musulmana?

Ministro: Por dos razones. La primera  porque en realidad no es un burka, sino el uniforme que llevarán todos los expedicionarios. Algo así como el traje de astronauta, ¿comprendes? Toma, aquí tienes el suyo.

Dominguet: ¿Y la segunda razón?

Ministro: Porque he pensado que todos los mandrileños mayores de 48 años podrían llevar este original atuendo.

Dominguet: ¿Ella tiene 48 años?

Ministro: Si, y tú también. No te preocupes, el burka sirve tanto como uniforme espacial, como de sudario. También es por una cuestión estética, de preservación de la belleza, ¿o no te parece que se rompe el equilibrio estético cuando vemos aparecer un vejestorio arrastrando su cuerpo por las calles? El primer paso para rellenar de bealdad del gran Mandril es apartar la fealdad de la vista.

Dominguet: ¿Donde está los mandos de la nave? El panel de control y todo ese rollo. No lo veo.

Ministro: Esta nave es automática. Viajará al más allá teledirigida desde la Tierra.

Dominguet: ¿Cuando se iniciará el despegue?

Ministro:  Pocas veces aparece una oportunidad como esta, una puerta abierta al más allá, de forma tan precisa y clara. Es un momento histórico. Esto es, el despegue se iniciará en breve.

Dominguet:¿Ya?

 Ministro: Si, y puedes ir cogiendo sitio.

Dominguet se enfunda en el Burka y coge asiento junto a Marta, que se agita, el Ministro le amarra al asiento. Antes de ponerle la capucha, el Ministro se dirige a él.

Ministro: ¿Quieres decir unas palabras para la posteridad?

Dominguet: ¿Está grabando?

Ministro: Espera, que se me ha olvidado la cámara. Creo que con el móvil servirá. Espera...Deja que te peine un poco, pareces un lunático... Tienes que estar presentable en el más allá. Cuando quieras...

Dominguet: Este es un momento especial para mí, y probablemente para toda la humanidad. Siempre quise vivir aventuras, ser negro, descender en balsa por el rio Manzanares, participar en un proceso transformación social intenso y fluido, pero sin rasguños. Y ahora me veo a un solo paso de un mundo nuevo: el más allá... Creo que todo es posible, el entendimiento entre los de allá y los de acá...(El Ministro le interrumpe)

Ministro: Ya vale, que se está acabando la batería del móvil. Así no hay forma de construir un documento histórico. Bueno Dominguez, ¿estás preparado?

Dominguet: No lo sé... ¿Y ella, no va a decir nada?

Ministro: Uhmm...

(Quita la capucha a Marta. Descubrimos que está amordazada. El Ministro arranca el esparadrapo alrededor de su boca. Ella grita.)

Marta: (A Dominguet) ¡No ves que nos van a matar! ¡Haz algo!

Ministro: (Visiblemente nervioso. ). En fin... Se repite mucho. Es mejor que continuemos. ¿Estás preparado?

Dominguet: No.

Ministro: Da igual, comienza la cuenta atrás.

(El Ministro cierra la puerta del armario. Se acerca junto a una palanca situada a uno de los laterales del armario, y sitúa su mano sobre ella)

Ministro: Es un pequeño paso para el hombre, demasiado pequeño quizá, casi un pasa atrás, pero grande para el Partido Patricio. (Ríe lunáticamente)

El Ministro acciona la palanca. Casi instantáneamente un gas que emana del interior del armario, filtrándose por las rendijas del armario, cubriendo toda la escena.

Se hace el oscuro. Es imposible ver nada sobre el escenario, pero oímos los golpes de alguien llamando a la puerta. También podemos escuchar la voz del Ministro.

(Alguien llama a la puerta)

Ministro: No estoy.

(Vuelven a llamar)

Ministro: Estoy ocupado. Así no hay quién trabaje.

(Llaman de nuevo, y vuelven a llamar. Los golpes sobre la puerta aumentan su volumen hasta hacerse ensordecedores, Cesan de golpe)

 Fin de la obra completa o del primer acto 



 Breves notas:

Esto puede considerarse una obrita completa o bien tan solo el final del acto primero. El segundo está por hacer. Cuando lo empiece os aviso. En cualquier caso, esto que presento requiere algunos retoques que realizaré si consigo algo de tiempo libre. Avisar de que este texto es de uso libre, siempre que no genere plusvalías. Quisiera aprovechar para contaros que el teatro y la dramaturgia en particular, son de las pocas cosas del orden actual, que generan crecimiento económico y aumento del PIB y del Índice de Felicidad Neta,  estimulando un tipo de economía productiva que no genera apenas emisiones de CO2. Los dramaturgos reconocen que nada hay más placentero que escribir comedias disparatadas, y que lo podrían seguir haciendo, aun viviendo de los restos de comida que encuentren en los cubos de basura, pero por otra parte eso es destruir todas sus potencialidades. Para que la humanidad se siga beneficiando de este nuevo modelo de economía, es preciso que los dramaturgos salgan de su estado habitual de necesidad. El futuro lo agradecerá.




domingo, 21 de agosto de 2016

El peluquín mágico


 El peluquín mágico podría aparecer en cualquier lugar


 El peluquín mágico


A pesar de ser la institución más respetada y conocida del gran Mandril, es también la más temida. No tiene historia, carece de un  pasado mítico. El misterio lo rodea. Una fuerza imparable y sin control le transporta de un lado a otro de la ciudad. Aliado con el azar  y la probabilidad, en cualquier momento podría encontrarse ante usted, arrastrándole a una encrucijada.

Ya está. Ha sucedido. He esperado toda mi vida este momento, y lo he temido. Sabía que más tarde o temprano ocurriría, que no podría evadirme a este encuentro con el azar; que el peluquín mágico se encontraría conmigo. Da igual el lugar. Podría haber sido en un banco en la calle, en el metro, junto a mi almohada, al despertar, en el baño del bar, la biblioteca, o en cualquier otro sitio, pero ha se presentado ante mí, como esperándome, en el asiento de al lado del autobús; mirándome con esos enormes ojos asombrados -si es que los peluquines tienen ojos-. Me observa queriendo decir algo.

"Úsame", parece querer decirme. Pero  lo que en realidad desea el peluquín, es mi cabeza. Me pregunto cómo ejercerá su magia conmigo. Dicen que una vez puesto sobre la cabeza se inaguran paradigmáticos cambios en uno mismo: crecer un centímetro. Un centímetro que significa superar el umbral que separa el ser bajito y practicamente invisible, a convertirse en un hombre maduro e interesante, por ejemplo. Un centímetro que alterará para siempre el curso de mi existencia.

Un solo centímetro puede alterar el curso de la existencia



Puesto sobre la cabeza se iniciará una deriva vital fuera de control. Uno cambia con la peluca. No solo uno se siente diferente, sino que también queda oculto tras el peluquín. Se convierte en mera apariencia, y suceden magias: la realidad a tu alrededor cambia. Igual que un hombre que se disfraza de andrajos y enseguida se le cierran las puertas o es detenido por la policía, o como esos hombres y mujeres, que una vez envueltos en los ropajes de sus trabajos,  trasforman el tono y el acento de su voz. Si visten de curas, hablarán como curas. Si visten de polis o de trabajadores de la construcción, hablarán como policías o trabajadores de la construcción. El mayor riesgo al poner el peluquín mágico sobre mi cabeza, es que podría perderla.

Sostengo el peluquín mágico entre mis manos, mientras trato de tomar una decisión. Si ponérmelo o no ponérmelo sobre mi cabeza.



 Dejar de ser yo, perder mi identidad, ser otro. Tales son los riesgos del peluquín mágico sobre la cabeza.  Sostengo el peluquín mágico entre mis manos. Lo observo. Es cierto que si decidiera ponérmelo, podrían abrirse nuevas puertas. Me pregunto quién encontró este peluquín antes que yo, cuántos millones de personas mantuvieron el peluquín entre sus manos, ante esta misma encrucijada,
en este tomar la decisión de morir un poco y nacer de nuevo. Y en esto me pregunto, qué hace el peluquín olvidado en el autobús. Sostengo el peluquín entre mis manos. Lo observo. Me pregunto si alguien, alguna vez,  se lo puso sobre su cabeza.




martes, 16 de agosto de 2016

Cómo reformar los cumpleaños


Algo extraño está pasando con los cumpleaños. Desde que cumplí 48 tacos, he estado pensando en ello, en busca de una solución universal, y creo que la he encontrado.


 Mi  proyecto de reforma sobre el cumpleaños 

Lo bueno de ser una persona cualquiera, es que cualquiera podría ser una persona como yo, incluso  yo mismo podría ser como cualquier otro. Esto me permite conocer al Otro por dentro sin la necesidad de la  disección. Tan solo basta con conocerme a mí mismo, si es que esto fuera posible, para poder conocerle a usted. De esta manera sé lo que año tras año le afecta, porque todo lo que a usted le afecte, me afecta a  mí. Cada año surge una cuestión que nos afecta a todos, a cualquier edad, y que a nadie deja indiferente: el cumpleaños. Incluye alegría y melancolía simultáneamente. Cuando dejamos de cumplir años la cosa se ha complicado fatalmente y ya es demasiado tarde. Me es posible conocer cómo se siente la gente cuando cumple años, bien porque yo también soy gente, bien porque yo también cumplo años.

Sé como te sientes




Cumplir cuarenta y ocho años, por ejemplo

Cada cumpleaños es un suceso especial, solo pasa una vez en la vida. Puedo conocer gracias a los cumpleaños cuan poco especial es la existencia. Mi caso es paradigmático. Cumplí cuarenta y ocho años el día 19 de julio en el trabajo,  fregando platos a 50ºC. En el exterior debía hacer más calor todavía. Cuando llegué a casa a las once de la noche, seguí trabajando, aunque ahora por placer,  dibujando chistes, también a 50ºC, hasta las tres de la madrugada. Este no es el concepto que tenemos todos sobre el cumpleaños. No hubo asomo de celebración.  Ante este suceso tengo que preguntarme, ¿qué está pasando?

El día de mi cumpleaños lo pasé trabajando, fregando platos, cargando pesos. Me pregunto cómo la sociedad celebra mi persona. Todo indica que doy igual. Creo que una sociedad que ha destruido el sentido de la celebración, tiene mala pinta. Aunque me hago una idea de cómo acabará.


Cada día diecinueve millones de personas cumplen años en gran Mandril y no ocurre nada. A nadie le importa. Salvo a algún familiar o ex-amante, al resto le resulta indiferente. No hay signos en las calles de que algo ha sucedido.  Ni siquiera los propios afectados hacen pública su condición. Los cumpleaños son algo individual. Celebrar individualmente el cumpleaños genera una inconmensurable tristeza. Las fiestas siempre son colectivas.

 (Antes de continuar quisiera recordar que el gran Mandril es la ciudad sin límites, siete mil millones de personas la habitan, y se extiende por la totalidad del planeta)

Estoy a favor de la tradición republicana. Dos mil quinientos años demuestran que ha superado la prueba del algodón. La durabilidad, por algún motivo, parece importante. En este sentido la tradición católica inventó algo interesante, pero que fue cayendo en desgracia con el advenimiento del neoliberalismo: la invención de "El Santo". Una celebración parecida al cumpleaños, pero colectiva. Uno podía haber nacido el día del santo o recibir el nombre del santo a pesar de haber nacido cualquier otro día del año, y entonces, se hacía una celebración conjunta. Mientras actualmente todo el mundo es incapaz de recordar todas las fechas de cumpleaños, los católicos sabían cuando celebrar los santos más significativos. Usted podía felicitar a un desconocido con tan solo saber su nombre.


Este es el verdadero espíritu de este tiempo



Este es el espíritu de nuestro tiempo; el del yo sobre todas las cosas. Se celebra el día en el que nacimos, el nuestro, en exclusiva. Se celebra tan privadamente que está privado de celebración. Así que cuando llega el día del cumpleaños no hay nada que celebrar. Lo que son las cosas, antes los cumpleaños se celebraban porque estábamos vivos, y era motivo de fiesta. Ahora los cumpleaños no se celebran entre otros motivos porque lo que indican no es otra cosa que nos encontramos más cerca de la muerte. Esto tiene que cambiar. Tengo algunas propuestas:

Tengo propuestas para revitalizar el cumpleaños, pero para ello hay que acabar con algunas cosas sin sentido, como el propio nacimiento. A los astrólogos les importa mucho el nacimiento y la hora en que sucedió, ya sea a través de una cesárea o a través de una vagina, y no nos piden la hora que salimos por la puerta del hospital, por ejemplo. Olvidan que una gran parte de los nacimientos son provocados. Es cierto que el nacimiento tiene algo simbólico: es el día en el que entramos al mundo, pero se olvidan de que ya estábamos en el mundo antes de nacer. Cuando más gente pide auxilio a los astrólogos es cuando menos hacen falta. Resumiendo, yo nací un día, pero pude haber nacido otro. Mi tesis tratará de explicar que celebrar oficialmente los años un día diferente al del nacimiento podría albergar grandes alegrías y fiestas al conjunto de la humanidad.

La astrología ha encontrado un fuerte competidor, en cuanto a leer el futuro, en el análisis crítico. Para saber su futuro, el analista crítico, se pregunta cuantos recursos quedan disponibles en el planeta, quién se los ha apropiado, a qué clase social pertenece usted, si se están liquidando las conquistas sociales, y si la economía neoliberal está fuera de control y si se ha introducido en las instituciones.


Nacer otro día. O mejor; cumplir años otro día.

Qué importa que yo naciera el 19 de julio, si es que oficialmente todo el mundo cree que nací el 1 de agosto. Propongo transformar los cumpleaños individuales en cumpleaños colectivos, en celebraciones de carácter mundial. Propongo agrupar todos los cumpleaños del planeta en tan solo seis días, aunque también podrían ser doce, y declararlos festivos. Actualmente es paradógico lo imposible que resulta celebrar el cumpleaños el mismo día que uno lo cumple. Lo solemos celebrar antes o después, en un festivo, para poder encontrarnos con amigos o familia, pero resulta muy complicado quedar con todos el mismo día, bien porque están ocupados, están trabajando, viven lejos, se encuentran demasiado cansados o están muertos. Lamentablemente cada día hay menos festivos en los se que puede descansar o encontrarse, cosas del libre mercado. Propongo recuperar los festivos,  esto es, los días para festejar. En el esquema siguiente, dibujado con boli bic azul, se detalla como organizar los cumpleaños en el gran Mandril. Aclarar que lo importante es el concepto, no las fechas:

Le prevengo que si usted decide hacer alguna que otra propuesta de reforma, le recomiendo que los diagramas que apoyen el texto estén escritos con letras de molde, a ordenador, nunca a mano. Si es que usted quiere cierto aval de las masas o las élites intelectuales.


 A partir de la nueva reforma sobre los cumpleaños, si usted nació el 15 de mayo, la fecha de cumpleaños se trasladará al 1 de junio. En su documento de identidad como en el registro civil se indicará tanto la fecha de nacimiento como la fecha del cumpleaños, aunque lo realmente importante para la sociedad será el día del cumpleaños, no la del nacimiento. Así, cuando tenga que rellenar un impreso, o adjuntar un currículum para un imposible trabajo futuro, le preguntarán por su fecha de cumpleaños, no el día que nació usted.

 ¿Acaso no será hermoso que tras su reforma le pregunten desde la administración central por su cumpleaños?


En una ciudad de siete mil millones de personas, como el gran Mandril, mil ciento cincuenta millones de personas cumplirán años el mismo día que usted. Ese día será feriado. Es probable que muchos padres inteligentes pongan de nombre a sus hijos la fecha del cumpleaños. Veremos mucha gente llamada Abril o Junio, por ejemplo, que nos indicarán cuando es el día de su cumple, pudiendo recibir muestras de afecto por doquier y  ser felicitados por desconocidos. Las posibilidades de que la ciudad se engalane el día de su cumpleaños son muchas. Desde ese momento su cumpleaños sí que será un día especial, en cuanto a fiesta y alegría, no como el cumpleaños actual; individual y melancólico. Ese día un sexto de la población mundial celebrará el cumpleaños junto a usted. Mientras los cumpleaños actuales son excluyentes, los cumpleaños que propongo son inclusivos, dando pie al hermanamiento internacional. Quizá usted quiera volver a celebrar su cumpleaños en la extrañeza de lo individual; adelante. A partir de la implementación de mi reforma sobre el cumpleaños, usted ya no podrá evadirse fácilmente de él; su cumpleaños le perseguirá por todo el mundo, aunque trate de huir a la aldea más remota del planeta, su cumpleaños le alcanzará, ¿o acaso su existencia no es motivo para celebrarla mundialmente?

 Su cumpleaños, el de usted,  será motivo de celebración mundial, o no será.






viernes, 15 de julio de 2016

¿Por qué odio a los gatos?




 Muchas veces se confunde el amor con el odio. Espero que este curso avanzado de filosofía gatuna resuelva algunos incognitas sobre lo oscuro del amor.

¿Por qué odio a los gato?

Tener un gato, en el plano ideal, es como un bucólico paseo por el bosque, pero en la realidad es otra cosa: es un monstruo horripilante.  Antes de continuar con mi exposición, es conveniente aclarar que no odio a los gatos, sino al concepto. Lo cierto es que de ninguna manera odio a los gatos, sino que los amo, por eso mismo, porque los amo, los quiero lejos de mí.

Entra un gatito al piso donde vivo para pasar sus vacaciones conmigo. Su dueño, se ha ido a la playa.


El gato y las soledades

Hay que pagar un precio horroroso para que la soledad sea más soportable. Lo diré claramente: para soportar la soledad hay que arrastrar a otro ser a la misma. Pero ese precio no lo paga uno mismo, a no ser que tenga una conciencia y una sensibilidad elevada de la realidad, sino que lo paga el otro.
Hay gente que tiene gatos para no sentirse solo, otros pareja, otros hijos. Otros las tres cosas. La soledad tiene una paradójica singularidad; se combate creando más más soledades. Es expansiva. Dos seres que de vez en cuando se sentían solos a tiempo parcial, se juntan y ahora se sienten solos a tiempo completo.



 Yo creo que no es un gato. No hace las cosas que deberían hacer los gatos. Se está desintegrando ante mis ojos.

Estamos creando fantasmas

Alguien se compra un gato para dejar de estar solo, y acaba empujando al gato a la soledad. Un gato encerrado en un piso, dando vueltas aquí y allá, dormitando, sin nada que hacer, sin nada que cazar, sin nada que amar, sin nada que leer. Ni tan siquiera puede ver una película. Eso no es un gato, ya no lo es; eso es un fantasma.



Nadie quiere hacerse cargo de la realidad

Nadie quiere hacerse cargo de la realidad ni de las palabras. Preferimos que se nos denomine como cuidadores, compañeros. No nos gusta vernos como dueños. Quién posee un gato es un dueño, por mucho que nos moleste la palabra. La relación es de dueño y siervo,  en cuanto que nos sirve. Nos sirve para nuestro regocijo, para soportarnos a nosotros mismos y a nuestra soledad, a nuestro aburrimiento. Tenemos ganas de dar amor, por eso al final servimos al gato, le obligamos a recibir amor. Nos sigue sirviendo. Trabaja para nosotros, aunque el gato ni siquiera lo sepa.

Nunca jugamos. Nunca conversamos.


Quince minutos para jugar con el gato

Son quince los minutos al día los que dedicamos a jugar o a conversar con nuestra pareja, a veces menos. A veces ocurre que llevamos años sin conversar. Son quince minutos los que dedicamos a jugar con el gato. Es tarea obligada para sentir que somos humanos, que somos aptos para dar afectos, que todavía no nos hemos convertido en insignificantes seres de piedra. Quince minutos al día para soportar al gato. Lo que no sabemos es si el gato nos soporta a nosotros.

Las alergias se expanden

No es tanto que cada vez haya más alérgicos a los gatos, lo que ocurre es  que cada vez hay más gente que tiene gatos. Esto amplía el territorio de lo alérgeno. Un espacio vedado para 1.400 millones de personas en el mundo, el 20% de la población mundial.  Cada vez hay más solitarios con necesidad de gato, y por tanto, cada vez hay más gente sensibilizada a la alergia de gato. Esto supone miles de millones de metros cuadrados inaccesibles a los alérgicos. Queríamos hacer un solo mundo, sin fronteras, y ahora las fronteras se encuentran por doquier.

Cuando un gato entra a casa, los amantes alérgicos escapan por la ventana.


Lo dije antes; la soledad crea soledades

Los gatos separan a los amantes alérgicos. Entra un gato a casa para estar menos solo, y automáticamente, se reduce el número de amigos, de amantes, de visitas. La vida se hace más aburrida, se comparten menos experiencias. Los que tienen gatos, ya no pueden amar a los alérgicos, los alérgicos ya no pueden amar a los que tienen gatos. La soledad se expande. Entra un gato a casa para sentirnos menos solos, y los amantes alérgicos escapan por la ventana.










miércoles, 29 de junio de 2016

Efectos del gas liberalismo en la realidad




Para que ustedes se hagan una idea de las características de este gas que emana de los objetos, imaginen que llevan puestas unas gafas monocromas que nos impiden ver de una forma completa la realidad.

 Un gas que emana de los objetos


Trato de recordar. Percibo que las cosas, entonces, eran mucho más claras.  Ahora es como si tintinearan. Una neblina las envuelve. Así es difícil saber como son las cosas realmente.

Un gas emana de los objetos.  Esto no es algo nuevo, pero sí que es un signo característico de nuestra época. Antes, el gas que despedían los objetos era más suave, menos denso. No es que huela mal, pero es tan intenso, que oculta el verdadero olor de las cosas. 

 En Bolivia, en tiempos de Hugo Banzer. El agua se tornó gaseosa. Impidiendo a los indígenas usar el agua de lluvia.

No es que se estén descomponiendo, no es un problema de putrefacción. En mi opinión es que se están convirtiendo en otra cosa. El paso de sólido a gaseoso. Como si las cosas dejaran de pertenecernos, de ser. He ido a beber agua y se me ha sublimado entre las manos. He visto colegios y hospitales trasformándose en gas.  


 Según el innombrable, en cuanto se mercantilizan las relaciones humanas, las personas comienzan a oler a cosa.


Tengo la sensación, a veces,  de escuchar un estertor.  Un llanto.  Pero el gas que lo envuelve todo, es tan denso que me impide oírlo claramente, tocarlo. No puedo verlo. El gas es como un velo, ¿qué está ocurriendo tras él? Mucho me temo que es inflamable. A veces creo ver entre la bruma un fulgor, como un fogonazo, muy breve.

Me pregunto que será de mí tras respirar durante tanto tiempo este gas.

Miro mis manos. De cada uno de mis poros brota este vapor. Apenas puedo respirar, y sin embargo, sin saber muy por qué, en vez de abrir las ventanas las cierro.

Miro mis manos. Cada uno de mi poros, se está transformando en gas.



miércoles, 15 de junio de 2016

El hombre que no tenía cara


 "Tan solo duro un instante la visión, y ya me faltaba el aire"

Paseando ayer, durante un instante, me sentí sobrecogido. Tan solo duro un momento la visión, y ya me faltaba el aire. Aquel hombre hombre no tenía cara. Traté de seguirle con la mirada, pero desapareció inmediatamente entre la gente.

El hombre que no tenía cara

Traté de olvidarle. Hice esfuerzos. Durante algún tiempo su imagen se me aparecía en cualquier momento. ¿Era real, verdad?, me he preguntado algunas veces. Escapo de su visión yendo a exposiciones, a conciertos, saliendo con mujeres.

"Una mujer observa un cuadro que siempre había pasado inadvertido para mí"



En uno de los grandes museos del gran Mandril donde se almacenan trozos del pasado, hay un cuadro. Retales de un mundo que quizá jamás ha existido. Una mujer observa una pintura que había pasado siempre inadvertida para mí. Es el cuadro de un autor desconocido.  Quiero aproximarme, pero confieso que el acercamiento se me hace siempre complicado. Hay un radio, un espacio alrededor de ella, donde me inquieto. Pueden ser uno, dos, tres, cuatro, cinco metros,  donde ella es el centro, y dentro del cual  me atasco. Es imposible fluir libremente. Quiero decirla algo, improvisar. De repente ocurren muchas cosas en mi cabeza, pero cuando abro la boca es como si no tuviera ninguna.

"Quiero decirla algo"


¿Crees en el amor?- La pregunté. Me miró, pero fue como si no hubiera visto a nadie. ¿Te gusta el cuadro?- Pregunté esta vez. Volvió a mirarme. Observó mi rostro y luego volvió a contemplar a escena. Repitió este gesto algunas veces. Había algo de asombro en sus ojos. Me sonrió y se decidió a hablarme.

Mujer: No sé si me gusta. Solo sé que me interesa.

Dominguet: ¿Quién es el tipo del cuadro?

Mujer: ¿No le conoces? Bueno, nadie sabe quién es, y sin embargo todos deberíamos conocerle.

Dominguet: No, no le conozco,  pero parece un hombre feliz. ¿Cómo dices que se llama?

Mujer: Leopoldo II

Dominguet: Parece un hombre bueno, con esas barbas... ¿A qué se dedicaba?

Mujer: A los negocios...

Dominguet: Ah, un emprendedor.

Mujer: Y en su tiempo libre era rey de los belgas.

Dominguet: Un hombre con iniciativa.

Mujer: No lo dudes, por entonces el colonialismo estaba de moda.

Dominguet: ¿También se dedicaba al asunto de las colonias?

Mujer: ¿Cómo?

Dominguet: Colonias, perfumes, almizcles...

Mujer: El chiste es bastante malo.

Dominguet: Es cierto, pero... es que yo... yo solo quería...

Mujer: Solo querías llamar mi atención.

Dominguet: Disculpa por favor, no quiero parecer un imbécil.

Mujer: Pues lo has conseguido. En fin... Nunca hay que despreciar una carcajada, pero es que lo tuyo..

 Dominguet: ¿Leopoldo II?, ¿no será familia de Leopoldo Calvo-Sotelo?, ese tipo que fue presidente de gobierno, ¿te acuerdas?

Mujer: No.

Dominguet: ¿No?

Mujer: No. ¿Podría continuar?


¿Qué hacer en ese momento? Quería caer bien, siempre quiero caer bien, pero estaba a punto de caer mal. Es como hacer magia y convertir un encuentro imposible, en un previsible desencuentro.

Mujer: El asunto es que Leopoldo II consiguió apropiarse a título individual del Congo. Era rey de los belgas y propietario del Congo.

Dominguet: ¿Cómo? ¿Un sólo hombre consiguió adueñarse un país para él solo?

Mujer: En efecto. Pero el Congo tenía bicho dentro.

 "Nos quedamos mirando el cuadro en silencio"

Nos quedamos mirando un largo rato el cuadro en silencio. ¿Cómo era posible que un solo individuo pudiera tener el control de todo un país con sus millones de habitantes?  Observe con detalle el rostro de Leopoldo II, parecía joven, y sin embargo ya había superado los setenta años.

Dominguet: ¿Te has dado cuenta? No tiene ni una sola arruga.

Mujer: Vuelve a mirar el cuadro, Dominguet, ¿qué ves?

Dominguet: Veo, veo... Un tío con barba.

Mujer: Si, pero qué más...

Dominguet: Un tío con barba. Parece algo altivo.

Mujer: ¡Si!

Dominguet: Un tio con barba, algo altivo y seguro de sí mismo.

Mujer: Efectivamente. El ángulo de su nariz respecto a la linea del horizonte es de 15º.


"El ángulo de la punta de su nariz respecto a la linea del horizonte es de 15º"


Dominguet: ¿Y qué quieres decir con eso?

Mujer: Está mirando hacia arriba, y tiene la cara bien sujeta a la cabeza. ¿No te has dado cuenta al follar?

Dominguet: ¿Al follar?

Mujer: ¿No te has dado cuenta que el amante que mantiene su espalda pegada a la cama y mira hacia arriba,  parece más joven?  Su piel se estira, y sus arrugas parecen desaparecer...

Dominguet: ¿Y el otro?

Mujer: El otro, el que mira hacia abajo, se le cae la cara.

Dominguet: ¿Se le cae la cara?

Mujer: Sí, se le cae la cara.

Dominguet: ¿Por eso hay gente que apaga las luces durante el coito?

Mujer: No lo sé, no soy tan lista. Centrémonos. Me doy cuenta de que te dispersas rápido.

Dominguet: ¿Pero entonces, por qué apagan la luz?

Mujer: ¡Yo qué sé! Tú observa bien el cuadro.

Dominguet: Un cuadro muy mono.

Mujer: ¿Estás seguro? ¿Has mirado el suelo? ¿No te sorprende lo que está pisando Leopoldo II?

Dominguet: Parecen caras, ¿son caras?, ¿está pisando caras?

Mujer: Caras caídas.

 "¿No te sorprende lo que está pisando Leopoldo II?



Dominguet: ¿Qué quieres decir con eso? ¿Tiene esto algo que ver con la postura a la hora de follar?

Mujer:  ¿Viste el otro día una entrevista de Pablo Iglesias a El Lute?

Dominguet: Imposible. Siempre que trato de ver uno de su programas de entrevistas, una interferencia me impide verlo.

Mujer: Existe un breve fragmento durante la entrevista que ha pasado inadvertido, y que probablemente sea una de las claves de este cuadro.

Dominguet: ¿Qué frase?

Mujer: Durante la entrevista, El Lute decía que durante su tiempo en la cárcel observó que los presos, en sus paseos circulares en el patio, siempre miraban hacia abajo. Y con el tiempo, este gesto repetido, hacia que se les cayera la cara.

Dominguet: ¿Se les deformaba?

Mujer: Se les caía la cara, se les deformaba el rostro. De esta manera era fácil saber quién había estado encarcelado largo tiempo, quién había sido sistematicamente humillado.

Dominguet: ¿Qué insinúas?

Mujer: Lo que has oído.

Dominguet: Entonces, todas esas caras del cuadro esparcidas por el suelo...

Mujer: Todas esas caras del cuadro son producto de la humillación, de un encarcelamiento sin precedentes...

Dominguet: Y sin embargo, en el cuadro, no veo a nadie tan sometido.

"Que no lo veas, no significa que no exista"



 Mujer: ¿Estás seguro? Que no lo veas, no significa que no exista. Por favor, fíjate por un momento en la parte superior derecha. ¿Ves un desfiladero que trascurre al borde de un precipicio donde miles, millones de hombres, mujeres y niños, cargan pesados bultos y fardos a su espalda, y que continuamente caen al vacío?

Dominguet: No los veo.

Mujer: Observa bien.

Dominguet: ¿Es eso? Solo veo diminutas figuras, como sombras. No se distinguen bien. Se encuentran difuminadas, como si no existieran...

  Mujer: Como si no existieran.

Dominguet: ¡No tienen rostro!

Mujer: Se les cayó la cara.

Dominguet: Solo es un cuadro, ¿verdad? Es solo una ficción, dime que tan solo es una ficción.

 Mujer: Siempre llevo esta fotografía conmigo, para no olvidar, ¿quieres verla? Es la foto de una familia congoloña.

"Son los residuos del comercio del caucho"

Dominguet: No sé si quiero verla.

Mujer: Mírala ¿Qué ves exactamente?

Dominguet: ¿Negros?

Mujer: Mírala bien.

Dominguet: ¡No tienen brazos!

Mujer: Los perdieron.

Dominguet: ¿Cómo es posible perder los brazos? ¿Se les cayó? ¿No tenían pegamento?

Mujer: Son los residuos del comercio del caucho.

Dominguet: ¿Y yo? ¿Tengo yo rostro?

Mujer: No, no lo tienes.


Miré al suelo. Había cientos, miles de caras caídas a mi alrededor. Salimos de aquel lugar dando saltitos, para evitar pisar los rostros, pero era difícil. Muy difícil.  Fuera, por toda la ciudad, se esparcían caras por doquier. Respiré profundamente.

Nos quedamos un buen rato en silencio. Yo me preguntaba cómo era posible que la ciudad no fuera otra cosa más que una alfombra de rostros caídos. Cómo habíamos llegado todos a doblar la cerviz, poco a poco, durante años, y las caras, las nuestras, se habían ido deslizado hasta separase del cuerpo. Qué procesos se habían puesto en marcha para que se quebraran nuestros hombros y nos curvaran hacia la tierra, para hacernos mirar de continuo hacia abajo.  Buscamos la mirada, nuestros ojos, todavía estaban asustados y asombrados. Imaginábamos que tan solo teníamos que mirar hacia arriba de nuevo, echar nuestros hombros hacia atrás, erguir nuestros cuerpos, para volver a tener rostro . Y si alguna vez tuviéramos que inclinarnos hacia el suelo, sería para recoger una de esas caras. Ese nunca fue su sitio. Su lugar era otro.

Y nos dimos las manos.






 
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