¡TERRIBLE!

viernes, 17 de febrero de 2017

(Texto en construcción)


Inicié mi corresponsalía en Mandril algo tarde. El debate sobre la cuestión del pasado había llegado a su término hace mucho tiempo. Aquellos que lo vivieron ya estaban enterrados y tan solo quedaba el testimonio de miles, quizá millones de fotografías. Me encanta observarlas. Al contemplarlas apenas tengo la sensación de que hayan pasado algunas pocas décadas, en realidad parecen de otra era. Miro el rostro de aquellos mandrileños de otro tiempo y tengo la sensación de que son de otro planeta. Me pregunto si somos de la misma especie. En la actualidad ha regresado el debate, pero no tanto para dialogar sobre el pasado o el presente, sino para hablar sobre el futuro, un futuro que desde mi punto de vista se me antoja inquietante.


 Comparto con el mandrileño corriente un pasado común, y sin embargo, en las fotografías que han quedado de ellos no me reconozco. Eso sí, parece que se lo debieron estar pasando muy bien mientras existieron, pero hay algo de decadente en ellos. En las fotografías siempre están de fiesta. Siempre brindando, tomando copas, siempre achispados, a veces borrachos. Cenaban mucho. La cena debió ser la comida principal  y siempre en grupo, generalmente en restaurantes. Constantemente sonriendo. Por sus restos, parece que pasaron la mitad de su vida en cenas y fiestas, y la otra mitad recorriendo el mundo. Millones de fotografías nos informan de ello. Aparecen aquí y allá posando delante de ruinas, de mundos que ya no existen.Sin embargo, más allá del testimonio de la fotografías he encontrado también texto escrito bajo diferentes formas, desde manuales de instrucciones a otros documentos en primera persona de seres que ya no existen.

Mi opinión personal sobre el pasado y sobre los mandrileños que lo habitaban, es que en general eran peores. Si ellos eran peores, es porque nosotros ahora somos mejores. De eso no hay duda. Incorporar genes musicales en algunos individuos, los ha hecho ser mejores ejecutantes, virtuosos, así como controlar la técnica y los más variados instrumentos. También los ha convertido en espléndidos compositores. Desde luego que gozan más con la música. Puedo decir sin ningún género de duda que la música es su vida. Es tal su pasión que solo pueden mantener relaciones sexuales con otros que también han sido modificados mediante ese gen musical. Se juntan entre ellos, sino, sus existiencias se tornan insoportables, aburridas. Desde que se incorporó el gen musical, el salto ha sido cuantitativo y cualitativo. La productividad se ha disparado. Nunca se compuso tanto como ahora. En mi opinión, el ser humano, o lo que sea de él, ha llegado a cotas insuperables de belleza musical. Hay que reconocer, y en eso imagino que todos estaremos de acuerdo, que el pasado fue un bodrio. Y ya no hablo de la música como género, sino de todo tipo de actividades humanas. Porque de la misma manera que se han compuesto maravillas como las sinfonías  subacuáticas, otros, han realizado enormes proezas en campos de su competencia. Desde la conducción de vehículos hasta el levantamiento de piedras. En ambos casos se han superado todos los límites. En la conducción se ha logrado recorrer la ciudad de costa a costa con los ojos cerrados, mientras que en el levantamiento de piedras, se ha conseguido levantar una enorme roca de más de doscientos kilogramos con la polla. Esto demuestra que la humanidad ha llegado a su cumbre. Incorporar genes para tal o cual especialización nos ha permitido obtener la maestría casi por nacimiento. Es obvio que el cuerpo de un levantador de piedras, no puede ser el mismo que el de un minero o el de un hombre submarino. Uno precisa ver en la oscuridad, el otro escamas o branquias. Hace tan solo unos años el trabajo iba deformando los cuerpos con el tiempo, ahora tenemos la suerte de nacer deformes.


Antes de continuar con mi exposición sobre el presente, quisiera volver al pasado y mostrar como las innovaciones disruptivas afectaron a este. Para ello, utilizaré  como ejemplo el caso paradigmático de la poesía y los poetas, a los que aislaré convenientemente y observaré a través del tiempo.

El poeta de la vida moderna

La vida moderna es cosa del pasado. El poeta del pasado hacía aguas. Por lo que he averiguado, ningún poeta del mundo consiguió hacer la compra del día con los ingresos que generaba su poesía. Como cualquier otra cosa, la poesía era mercantilizable, pero nunca dejó grandes plusvalías. De esta manera, los poetas se vieron abocados a alternar su pasión creativa con otra actividad que les podría proporcionar el dinero suficiente con el mantener su existencia. Lamentablemente, una vez que se dedicaban a otra actividad, generalmente en el funcionariado, tenían que dedicar a esta más tiempo que a la poesía, por lo tanto, su producción poética descendía. Si digo que la mayor parte de los poetas eran funcionarios, no es que el estado les pagara por ejercer la poesía. La poesía nunca llegó a  atravesar la puerta del ministerio. Sin embargo, la función pública les permitía en muchos casos desconectar con el trabajo una vez que habían finalizado su jornada laboral. Esto les permitía el sosiego y la paz de espíritu suficiente para realizar el acto creativo, y escribir un par de poemas diarios.

Un par de poemas diarios podría parecer poco, pero en realidad es una cantidad ingente. Esto supone setecientos poemas al año, esto es, varios libros. En diez años podría encontrarse con la sobrecogedora cifra de siete mil poemas. Quizá el número contenga poder, que el paso de cantidad a cualidad sea verdaderamente efectivo. Sin embargo, en la poesía, no existía prueba alguna de que el número se transformara en dinero. El poeta, si es que no quería llevar una existencia miserable, tenía que continuar en el funcionariado hasta su muerte.







Y cuando habíamos llegado al punto más álgido, ese momento tan luminoso en el cual parece imposible que el día pueda retroceder en su luz, es cuando aparece un minúsculo punto negro. Al principio es insignificante, de ninguna manera su irrupción cambia nuestra percepción, pero es el inicio de la noche. Después todo será diferente.

Justo aquí es cuando se inicio el debate sobre el futuro. Con la llegada del primer robot poeta a Mandril se abrió la puerta a un cambio de paradigma, descubrimos entre otras cosas que la poesía y la creatividad, no formaban parte del genio. De hecho, el propio robot poeta, demostró en una conferencia televisada que el genio no existía. No solo no existía el genio sino tampoco el autor, y él era la prueba viviente. Viviente, por decir algo. La creatividad dejó de ser una actividad humana, o lo que sea. Hay que reconocer que los textos creados por los robots poetas eran mucho mejores que los poemas escritos por esa cosa parecida al hombre y que a falta de sustantivo, a mí me gusta denominar poeta transgénico mejorado. Así nos encontramos con la paradoja de que por cuestiones de la técnica, desde ese momento, el poeta mejorado era peor. Los poemas del robot poeta no solo proporcionaban una experiencia estética al lector, sino que en ellos se concentraban todas las preguntas del ser humano. Eran la conmoción misma. Revelaban la cara oculta de lo visible.

De la misma manera aparecieron en la ciudad robot musicales, submarinos, conductores y levantadores de piedra. El robot submarino, por poner un ejemplo, no solo no necesitaba escamas ni branquias, sino que además podía luchar contra pulpos gigantes. El cuanto al robot conductor no solo lograba atravesar también el gran Mandril con los ojos cerrados sino que lo hacía siempre sin cabeza. Otra de las ventajas de los robots sobre los hombres transgénicos mejorados, era aquella por la cual apenas consumían energía. En este sentido no precisaban de vivienda ni comían bollos rellenos de crema.

Todo esto redundó en el colapso de los poetas mejorados transgénicamente. Tengo que recordar que una de las particularidades de los poetas transgénicos,  así como la del resto de seres especializados en una habilidad concreta, ya sean subacuáticos o no, era sin duda su pasión por el ejercicio de su actividad. Solo allí, tenía algo de sentido su existencia. Solo el agotamiento o el sueño les forzaba a abandonar su tarea. Por otra parte es preciso mencionar que el robot poeta no tenía nunca sueño, y jamás se cansaba. El robot poeta había llegado a la ciudad y escribía mil poemas al día. Al robot poeta le gustaba decir con cierta ironía, que la poesía era un arma cargada de futuro. Bien, era cierto. Era como si el robot poeta estuviera buscando a cada uno de esos poetas transgénicos mejorados hasta encontrarlos. Por mucho que se ocultaran en la soledad de sus estudios, en los cálidos cafés románticos, en los starbuks, o la sombra de uno de esos árboles hipoalérgénicos del parque, donde a los poetas les gusta escribir sus experiencias vitales, allí llegaba el robot poeta con su pistola cargada de porvenir y les pegaba cuatro tiros.

Es una metáfora, obviamente. A los poetas robots tan solo les interesa escribir, y nada más. Si han acabado con los poetas transgénicos no es por nada personal. Observen esta curiosidad, siempre que alguien destroza la vida a otro, nunca es personal. Harían bien los poetas mejorados transgenicamente en pensar que harán con sus vidas a partir de ahora, si es que nadie les va a pagar precisamente por lo único que saben hacer y por lo que fueron diseñados, esto es, escribir poesía.

Era muy triste ver a los poetas buscando en la basura. Habían dejado de escribir. Escribir era incompatible con pasar el día entero rebuscando restos de alimentos en mercadillos, papeleras. Algunos comenzaron a fumar colillas del sueño. Otros fueron sorprendidos llevándose a escondidas botellas de Amareto del supermercado. Más tarde ocurrió que en cuanto alguien veía a un poeta arrastrar sus pies por las calles del gran Mandril, se apartaba de él. Efectivamente,  seguían teniendo su documento de identidad y conservaban intactos sus derechos políticos, pero cuando se acercaban al centro comercial, el vigilante de seguridad mejorado transgenicamente no les dejaba pasar. Más tarde, un eficaz vigilante robot se pasaba el día impidiendo el paso a los poetas al Corte Inglés.

El poeta había encendido unas velas porque Hipertrola o la Unión Penosa, como a él le gustaba llamarlas,  le habían cortado la luz. Envuelto en mantas e inmovilizado por el frío,  se había quedado dormido mientras componía un breve poema mental ,"Esta vez sí, mañana en cuanto me levante lo escribo"- dijo justamente durante un breve ensueño, pero era mentira. No podría escribirlo, no tenía siquiera un cuaderno. Las velas comenzaron a quemar las colchas y las mantas en las que se había atrincherado. No se asustó. De hecho tuvo algunos momentos de genialidad, como en sus mejores tiempos de poeta: pensó que las llamas ahora sí que iluminaban el cuarto,  que por fin habría luz y calor suficiente para poder escribir confortablemente. Rió.  Y se imaginó en el buró,  escribiendo sus últimos versos valientemente mientras las llamas le cercaban, como en una película, pero no escribió nada, ni siquiera tenía escritorio, hacía bastantes meses que lo vendió. Trató de tirar la puerta abajo, pero no le quedaban fuerzas, además era imposible. En cuanto caía la noche se encerraba a los poetas en sus casas para que no deambularan sin sentido por las calles del gran Mandril. El fuego le devoró, no había nada de poético en ello. Solo encontraron un cuerpo carbonizado, como una esas figuras de escayola de las ruinas de Pompeya, arañando la puerta para poder escapar.

La ciudad huele a chamuscado, los poetas mueren poco a poco, ¿qué importa que sea el robot de los mil poemas por hora el que construya la poesía ahora? La poesía continúa, la vida continúa, vivimos nuestras propias experiencias estéticas, ¿o es que ya no recordamos a aquel hombre o aquella mujer, a la que conocimos por correspondencia  en la sección de contactos y con la que habíamos concretado una cita para charlar y gustarnos, bebiendo cervezas en una terraza del centro de la ciudad? Una cita tras la cual pudiera ocurrir algo, un giro inesperado a nuestras vidas. Entonces sucede: se aproxima a nosotros un poeta transgénico mejorado en muy malas condiciones. Sonríe. No tiene dientes. "¿Pueden darme una monedas para la poesía?"- Dice. Y ante el estado de las cosas tenemos que tener el valor de hacernos la pregunta, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

"¡Que vuelvan a trabajar!"-Esta era la frase de moda en Mandril. Cuando se pronunciaba, casi siempre se tenía en mente a ese sujeto, como se les llamaba a veces, esto es, a los poetas. ¿Pero cómo iban a trabajar de nuevo? No podemos olvidar ni por un instante que los poetas fueron en su momento rediseñados en laboratorio para la poesía, que vivieron su momento de gloria, pero que la llegada de la poesía robótica los dejó al margen. Es cierto que podrían hacer otras cosas; servir copas, por ejemplo. En mi opinión es totalmente absurdo. Ya existen camareros transgénicos mejorados que lo harán mejor y con más pasión que los poetas. Además, no podemos olvidar la realidad: la llegada del robot camarero que nunca duerme, que cuenta chistes sin repetirse nunca, que aguanta borrachos uno detrás de otro, que siempre sonríe, que jamás se cansa, y siempre llega a tiempo y nunca te hace esperar. No hay que preocuparse tanto con sí los poetas deben trabajar de camareros, habrá que dilucidar qué hacer con todos esos camareros que sólo saben servir copas, y que pronto dejarán de hacerlo para siempre.

La puerta era la misma, pero siempre nos dábamos en la cabeza en el marco al tratar de pasar. Exactamente igual ocurría con unas rentas pensadas para poetas y también para camareros, y que tantos problemas causaban a la estética de la ciudad.  Eran otorgadas por unos asistentes sociales que al mismo tiempo también eran robots. La legislación era clara al respecto: desde que se solicitaba esta renta para poetas pasaba un año hasta que era concedida y podía cobrarse. Si entremedias un poeta encontraba un trabajo de pocas horas, tenía que solicitar de nuevo la renta, y esperar otro año a que fuera concedida. Gracias a este tipo de rentas sucedieron tres cosas. La primera, que el número de asistentes sociales robóticos se disparó con el fin de gestionar el gran número de solicitudes que se avecinaban. En segundo lugar; los poetas, por una cosa u otra, nunca llegaban a cobrar dicha renta. Pareciera que ese dinero se había desviado hacia los asistentes sociales. En tercer lugar, cuando un poeta conseguía por fin cobrar una renta para poetas y le ofrecían un trabajo de cualquier tipo, por ejemplo, arrastrando piedras por toda la ciudad o de vigilaesquinas, solían rechazarlo o buscaban alguna triquiñuela para evitarlo, pues si lo aceptaban perdían su asignación monetaria y tenían que esperar de nuevo otro año, si rechazaban ese eximio trabajo y eran descubiertos, con toda seguridad eran penalizados, retirándoles la renta.  Lo asombroso de todo ello, es que aquellas rentas mínimas eran muy mínimas, por debajo del umbral de la pobreza. Siempre he pensado que más que rescatarte de la pobreza,  te sumergían más en ella, y sin embargo, eran absolutamente necesarias.

Era fácil distinguir a un poeta a simple vista, tenían sus propias formas, quizá una piel algo macilenta y la bragueta siempre bajada. Esto era algo que los distinguía, aunque todavía no consigo explicarme como la transgenia pudo conseguir unos seres, que por su actividad, no prestaran excesiva atención a sus pantalones. Si se realizaba una comparativa utilizando fotografías de poetas de 2033 y 1985, apenas se encuentran diferencias.  Siempre salen en las fotos igual, con la bragueta bajada. Probablemente no tenga sentido, si lo buscáramos nos volveríamos locos. Ante esta interrogación lo mejor es afirmar rotundamente que "llevan la bragueta porque son poetas", otra explicación provocaría un estéril debate. Si cualquier hombre o mujer, alejado de la poesía, por un descuido o por una cremallera defectuosa, era increpado por los vecinos al salir a la calle, esto nos revelaba algunas cosas: que el poeta no solo había dejado de ser el intermediario entre los dioses y el hombre, sino que también había dejado de pertenecer al género humano.

Es verdad que durante un tiempo se detuvieron algunos poetas con el fin de deportarlos a sus países de origen, pero no existía un país de origen. En los mapas no figuraba un "País de la  Poesía o Poesíalandia", e iniciativas para largarlos a Magadascar,  se encontraban con la oposición de los propios malgaches, que argumentaban que ya había demasiados poetas en su isla. Además existía el inconveniente de que en muchas ocasiones, la única diferencia entre un poeta y una persona corriente, era el espinoso asunto de la bragueta, y esto provocó detenciones arbitrarias.

La poesía se estaba extendiendo por la ciudad. Se extendía, pero no tanto en términos poéticos sino en términos políticos. Que uno de los sinónimos de desempleado del actual diccionario sea el de poeta, nos debería alertar sobre situación actual. Por ejemplo, cuando en el noticiario se decía que había vuelto a aumentar el número de poetas, lo que se quería decir y todo el mundo entendía, es que se estaba disparando el número de parados. Era terrible. Seres constituidos en laboratorio para una actividad específica, ahora se habían convertido en "poetas", como decían en el telediario.  De un día para otro cualquiera podía convertirse en poeta, tan solo debía llegar a la oficina y encontrar que en su despacho un robot sonriente y eficiente le había sustituido. "No es nada personal"- Es lo primero que oiría el afectado. Frase que por cierto, había reemplazado a la también popular "Está despedido".

Es mentira que hubiera grandes manifestaciones, recogidas de firmas o disturbios en las calles. Los seres humanos mejorados iban mucho a su bola y no solían meterse en problemas. Una sociedad de individuos buscando continuamente su propio objetivo vital por el que habían sido constituidos, o sin objetivo, como en el caso de los poetas, provocaba que muchos murieran en la más absoluta soledad. Morían en sus cuartos, pero otros que ya habían desalojados de sus viviendas, morían en el parque o en un banco, si es que el poeta en cuestión ya había sido desahuciado. Esto generó algunos problemas de salud pública. Así que se prohibió morir en la calle. Me gustaría indicar que a estas alturas los poetas habían dejado de creer en muchas cosas, incluso en la trascendencia, pero a pesar de todo muchos sentían la necesidad de que algo tuviera sentido, aunque nada lo tuviera. Así es como comenzaron las primeras visiones.


- Notas sobre el peta del pasado.

-Notas sobre el poeta transgénico mejorado

- Notas sobre el poeta robot.

- Visiones.












el propio concepto de poeta, que  antaño podía suponer una cercanía con los dioses, ahora asignaba todo un insulto. "¡Poeta!"- Decían.

.Desde luego siempre llevaba la bragueta bajada. Esto generó algunos malosentendidos.

Los seres humanos mejorados se distinguían claramente del extinto hombre por sus formas. Uno estaba constituido









¿o es que  no hemos estado a un solo milímetro de conocer a aquel hombre o aquella mujer


 ¿qué importa que sea el robot poeta de los mil poemas por hora el que la construya? La pregunta es la siguiente, ¿qué hacemos con todos esos poetas que podrían incendiar la ciudad durante un descuido?

Mientras un poeta muera solo y en silencio nada ocurre, pero el número es importante.  El número de poetas carbonizados durante el invierno así como el desahucio de otros tantos, había aumentado significativamente.




son derivados del petróleo y arden con suma facilidad, resulta que finalmente no le dió tiempo a escribir nada.





Esto ha llevado al hombre transgénico mejorado a perder su empleo.

Todo tipo de obras. Desde sinfonías submarinas, a orquestas de pies.

Es  un época diferente. Entonces, el trabajo,  era un lugar contradictorio. Por lo que sé, se encendían velas para que no desapareciera. Corrían para llegar



Con el del mandrileño corriente, con el del pasado, compartimos un pretérito común.  Es cierto que compartimos un pasado común.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Propuesta para un arte andante, democrático y ciudadano




 La creación artística, el autor, el espectador, puede salir del extraño círculo donde está encerrado. La iniciativa que propongo, podría constituir el año cero, de una nueva historia del arte.


Hacia un arte andante


Resulta descabellado, pero de la misma manera que en su momento parecía una locura crear parques y jardines públicos para uso y disfrute del pueblo, propongo la puesta en marcha de un arte andante. No hay duda que los parques han transformado la ciudad y ya a nadie se le ocurre proponer revertir esta situación. Sería demencial que pasaran de nuevo a manos de la plutocracia, la élite o a una minoría. De la misma manera, mi propuesta de arte andante, cambiará estéticamente la ciudad.

 De la conquista de los parques por la plebe nadie se suele hablar. Si uno se atreve a pensar en ello, podría ser acusado por el Comité de Actividades Anti Norteamericanas de pertenecer,  haber pertenecido o simpatizar con el Partido Comunista.

Propuesta

Durante cuatro horas diarias aquellos autores comprometidos con este proyecto exhibirán sus obras en las calles, y que llevarán con ellos. Antes de continuar es importante indicar que este proyecto es abierto, que no es preciso poseer el carnet o el diploma por correspondencia de artista, ni siquiera es necesario ser artista. Aquellos dispuestos deambularán a la deriva por la ciudad con sus obras, las comentarán ante las preguntas de los curiosos, las transportarán a cafés, mercados, colegios, plazas, arrastrándolas consigo por toda la ciudad. Mi propuesta tiene un precio, no le saldrá gratis al municipio. Algunos argumentarán que implementar la propuesta del arte andante significará un enorme desembolso económico, una locura. Quizá se recupere con creces.

 Esta fotografía no es muy representativa,  quizá ni siquiera transmita la idea acerca de aquello que podría ser el  Arte Andante, pero es muy chula. Aun así, una propuesta como la de este ser azulado que transporta una cabeza descomunal por las calles gran Mandril puede entrar, sin duda,  en el proyecto. No existirá un comité examinador de las obras.



Los paseantes emergen de la bruma

En realidad el autor se convierte en guía de una exposición comentada: la de su propia obra. Se transforma él mismo en la obra. Una obra que es capaz de interaccionar con el público, explicarse, dialogar con él. El autor se compromete con la obra, y al hacerse pública deberá defenderla, probablemente mediante la palabra, a través de su discurso ante la gran asamblea de la ciudad, que en definitiva, está en todas partes si es que uno se encuentra dispuesto a presentarse ante ella. El espectador, evidentemente desaparece, ya no es el personaje que pasea desinteresadamente por el museo ni contempla asombrado la performance. Es un igual ante la obra. Habla con ella. En cualquier momento el espectador puede convertirse en obra y deambular por la ciudad como autor, como creación. Todo espectador lleva también su obra consigo.

En el Arte Andante o en la propia existencia, uno no puede estar seguro de quién es, si autor, espectador u obra. Hay un paso del ser de uno al otro. No es que uno pierda la identidad, sino que algo del otro queda impreso en uno mismo. En la foto, se capta el preciso instante en el que se pasa un trozo de ser a otro individuo. Si esos trozos de ser, van pasando de unos a unos, ¿donde acabarán?


Detalles sobre la nueva forma de la ciudad

Imaginen la nueva forma de la ciudad. Decenas, cientos, miles, cientos de miles, ¿o quizá millones de artistas paseando por la ciudad, arrastrando su obra con ellos? Por supuesto que  no es preciso que la obra sea una escultura o un lienzo, cada cual sabe lo que lleva en él. Para que ustedes se hagan una idea del concepto de obra que cada uno de nosotros arrastra, pienso en los hombres libro de Bradbury, o en los hombres megáfono que aparecieron en la Puerta del Sol del Mandril durante el 15m. Y ahora piensen en toda esa energía actuando en la ciudad día a día. En todo este encuentro de las obras con los vecinos, de las obras con las obras, de los autores con los autores. De esta interacción surgirán nuevas obras, formas más complejas. Vista desde el espacio, la ciudad será una inmensa obra que va cambiando de forma.

La obra, contiene muchas obras dentro de sí misma. Tienen formas insospechadas. Es imposible saber que forma tendrá la obra dentro de varios días, y si cambiará el concepto de esta metaobra.

Esta propuesta es política

Esta propuesta es política. Ya nada se excluye, nada queda apartado de la creación. El paseo deja de ser una acción individual, aislada. El paseante, si ha decidido transformarse en arte (y cobrar su sueldo por ello) irá al encuentro con el otro para exponerse, para explicarse, para escucharse. El diálogo que se inicia transforma el paseo. De ser un acto atomizado, se trasforma en una acción comunicativa, en contacto con el otro: una verdadera celebración de palabras,  imágenes y experiencias.

La obra es política en cuanto comienza a hablar. ¿Me podría usted decir dónde se encuentra la obra en esta fotografía?, ¿en el suelo o sobre el pedestal?


Tipo de contrato

Cuatro horas. Durante cuatro horas diarias,  da igual si es de día o de noche, el autor se expondrá. Necesita tiempo, vivir experiencias, ver películas, quedar con los amigos, socializarse, leer, comprometerse, para poder crear. Tiene que llegar descansado ante el escritorio, al taller, al estudio para poder seguir creando. Propongo que por esas cuatro horas el autor cobre al menos el salario mínimo, que en ningún caso podrá ser inferior al umbral de la pobreza. Su contrato será indefinido. Mediante una aplicación podrá encontrar a través de su teléfono móvil las miles de obras andantes caminando errantes por su ciudad.

Confieso que es totalmente arbitrario que el artista contratado tenga que deambular por la ciudad con sus obras durante cuatro horas al día. Por mí, como si no deambula ninguna. Yo lo que quería era establecer una renta para ser humano con el fin de que hicieran aparición por fin sus potencias. Como la propuesta es novedosa, tenía que darle una forma que pudiera ser aceptada por el conjunto de la peñita, a pesar de las resistencias de las élites que tratarían de poner al pueblo en contra de esta propuesta. 



Costes
 
En cuanto hablamos de sueldos, a muchos les deja de molar la propuesta. Aparecen adversarios y enemigos. Creo todavía en el museo, sigo pensando que es necesario, al menos para almacenar el pasado, ¿pero cual es el coste de exponer el presente, de vigilarlo, de construir estructuras donde visitarlo? En esta propuesta las paredes del museo desaparecen. No es que muera el museo sino que se extiende por toda la ciudad.  Quién esté interesado en crear, en vivirlo, llegará a esta ciudad del arte andante. No hay que entrar al museo, el museo entrará en usted. Para los que estén interesados en el turismo, se abre una enorme y dorada veta, pero quizá deje de existir el turismo tal como ahora lo conocemos. Para los interesados en la emancipación y la libre creación, se abre una puerta enorme, anchas alamedas.

Me conmueve la idea de que las obras no solo han bajado del plano, el lienzo o el pedestal, sino que también han comenzado a respirar, a hablar. Incluso, hasta donde yo sé, están penetrando en las instituciones.


Financiación

Esta obra podría autofinanciarse, ya sea por los ingresos que aportan los viajeros que llegarán a la ciudad para vivir su propia experiencia estética, ya sea por el impuesto a las propias obras que pudieran venderse y comprarse. No hay que olvidar que esta nueva actividad (económica me atrevo a denominar) no libera CO2 a la atmósfera, no destruye recursos, no dejará dejará ese tenebroso reguero de residuos tras de sí; por tanto genera ahorro. Podríamos decir, aunque parezca absurdo, que crea más de lo que destruye. Por otra parte, si para poner en marcha este nuevo modelo de ciudad es preciso un severo impuesto a  las transacciones financieras, entonces, solo por eso merecería la pena su implementación. Entiendo que lo ideal es que esta obra se constituya con voluntarios, pero esto no es siempre posible. Mientras tanto será preciso  una bolsa de empleo. A medida de que aumente el presupuesto para una ciudad estéticamente en movimiento, se multiplicará el número de obras circulando. Si se implementan propuestas políticas como el Trabajo Garantizado, un importante número de empleados pudieran resultar ser obras de arte, si no, habrá que esperar al advenimiento de la República de la Renta Básica Incondicional y Suficiente. No hay duda que a muchos les parecerá indeseable que esta obra desborde la ciudad,  aborrecerán incluso su existencia, pero esto será como desear que desaparezcan los parques, como odiar los jardines públicos de la ciudad.

La parte más tediosa para constituir esta obra es la financiación, pero no es un delirio. Es realizable. Otra cosa es si los mandrileños estamos preparados para que los individuos seamos por primera vez personas, si esta obra está a su altura Lo difícil no es tanto su financiación, eso está garantizado.  Lo complicado es tomar la decisión del ejercicio de ser persona.



 Arte Andante y autonomía del arte

Imagino que los lectores, a estas alturas, ya se habrán escandalizado por esta propuesta, y más si esta se lleva a cabo con dinero público.  Temerán que al financiar esta inmensa obra quede erosionada la autonomía del arte con respecto a los poderes públicos, ya saben ustedes, el que paga manda ¿O es que a los mandrileños no les interesa la autonomía del arte?

En realidad ocurrirá exactamente lo contrario. Un sueldo garantizado a los artistas por el simple hecho de existir y de crear, nos llevaría a escenario jamás visto, a un cambio de paradigma artístico. Sin la presión del desempleo y con un incremento sensible del tiempo, por fin la expresión sería libre.

El temor a que ayuntamientos, comunidades autónomas o la propia administración central, valiéndose de una renta que financiara la libre expresión de los creadores pueda condicionar esa misma expresión, es no entender en que consiste el espíritu del proyecto de la obra. Me explico: 

A) La parte fundamental del proyecto se basa en la premisa siguiente:"En ningún caso puede retirarse el sueldo al creador"

B) El Arte Andante no es estatal, aunque sean precisos algunos dispositivos estatales, sino que se establece mediante un proceso de implementación democrático, esto es, a través de la deliberación, el consenso-disenso, publicidad y la votación.

C) El fondo de la propuesta no es tanto el propio Arte Andante, sino de una renta para el artista, esto es, para el pueblo, de donde emana la libre creación. 

D) El Arte Andante es una iniciativa artística individual, que para ser  puesta en marcha es preciso que asuma el conjunto de la ciudadanía, así como el apoyo incondicional, en este caso, del municipio, aun en contra de sus propios intereses. El resultado de la puesta en escena de la propuesta de Arte Andante será una obra colectiva, mutante, y al mismo tiempo, de millones de obras individuales.

"¿Está a usted a favor de un Arte Andante?"



Algunas cosas que no me gustan de la obra

A pesar del placer que me produce la puesta en marcha de la obra (sobre todo el diálogo que se genera entre autores, obras y espectadores, y el intercambio de roles entre uno y otros, así como el acto deliberativo donde a través del cual las obras adquieren nuevas e insospechadas formas), aun así, hay algo en la propuesta que me preocupa. Me inquieta el elemento de la firma del contrato. 

 Temo que cuando un sujeto firma un contrato a través del cual se convierte en artista y en obra de arte, sucede algo extraño, pues la firma del contrato no implica que durante el desarrollo de esa actividad su ser se extienda, pudiendo ocurrir que acto por el se ha sido contratado solo sea realizado por necesidad. De esta manera se convertiría en Trabajo.

Es cierto que esto no debería afectar a la creación autónoma del artista, pero por mi experiencia sé que cuando alguien ve obligado a una actividad mediante la firma de un contrato por necesidad, esta se torna tediosa, y el estado de flujo desaparece. La aparición del tedio, y la desaparición de lo atractivo y del estado de flujo, no es algo que deba ocurrir forzosamente, de hecho podría no ocurrir, pero abre una pequeña grieta en mi propuesta. 

Lo ideal sería que la República de la Renta Básica Incondicional y Suficiente se instaure lo más rápidamente posible, y que los autores y las obras de arte accedan libremente a participar en mi propuesta, pero si así fuera, el número participantes podría ser ínfimo, y la obra colectiva quizá no durará indefinidamente en el tiempo, con lo que no podríamos disfrutar de las transformaciones y mutaciones que se dieran en sus formas.

En mi opinión, el único peligro del Arte Andante es que acabe convertido en trabajo





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lunes, 16 de enero de 2017

Propuesta para un nuevo modelo de lotería


Esto podría ser uno de los boletos de la lotería futura. Si son grandes habría quién los utilizara como póster, y pegarse en el dormitorio o en el salón.  También se podrían coleccionar. Sin duda, además de el premio que incluye la loteria, al ser coleccionable se abriría una nueva actividad económica. Lo importante es que sean chulos, que el mismo boleto tenga su propio encanto, de tal manera que adopte múltiples funciones más allá del impuesto voluntario atribuido a la lotería actual. Sea lo que sea, la nueva lotería será un boleto hacia el futuro.


Una lotería basada en el no-derroche


Presento este proyecto de lotería alternativa, basado en una lotería del no-derroche, con el fin de que sea implementada por gobiernos éticos de vecinas de ámbito municipal o estatal, ante la nueva realidad del mundo, esto es, ante un mundo de recursos limitados y cada vez más escasos. Al mismo tiempo este proyecto es una propuesta artística. Puede cambiar estéticamente la ciudad, nuestras acciones, nuestro entorno. Desde que el arte descendió, por ejemplo,  del pedestal o del lienzo, ha adoptado múltiples formas y tomado muchos espacios. También quiere hacer política. Formar parte de la vida cotidiana, tener sentido, significarse.  Convertirse en un invento social.

Posible prototipo de un boleto de lotería futura


La lotería futura es un invento social perfeccionado,  acorde a la nueva realidad.

Convertirse en un invento social; como lo ha sido la seguridad social, la sanidad universal o la educación pública, la prestación por desempleo, o en un futuro próximo la renta básica universal e incondicional. La lotería alternativa que propongo quiere convertirse en un nuevo invento social, afectar a la realidad de la vida cotidiana de los individuos, así como a la propia vida social, si es que su tiempo ha llegado. Decir, que este nuevo modelo de lotería podría implementarse inmediatamente. Es una lotería futura, pero técnicamente puede realizarse en este mismo instante.



Una lotería cualitativa

 De la lotería cuantitativa actual a la lotería cualitativa futura.  Una es acumulativa y la otra es expansiva.  Mientras el agraciado de la lotería del pasado se replegaba sobre sí mismo, en la lotería del futuro despliega sus potencias sobre la sociedad. La lotería futura es una nueva infraestructura, y a la larga afectará a nuestro pensamiento y mirada sobre el mundo.

La lotería futura produce un salto cualitativo, más que cuantitativo en la vida de los individuos.


Diferentes maneras de conseguir los boletos para una lotería futura

El boleto inclusivo

 Hay diferentes maneras de conseguir un boleto de la lotería futura. El más sorprendente es aquel en el que, por el solo hecho de ser ciudadano, cualquiera juega: "Todo el mundo juega, aunque no quiera"  La lotería es un reflejo del modelo de sociedad en la que se vive. Por el hecho de existir, participamos en la vida social, estamos jugando. En la lotería propuesta, ocurre exactamente lo mismo. Por el simple hecho de ser ciudadano, adquieres un boleto. Nadie tiene que ir a comprarlo, se le es asignado al nacer. Si usted es agraciado con algún premio, la administración de lotería se encargará de comunicárselo.

la lotería futura es inclusiva: todos participan en ella, aunque no quieran.

Pero también hay otras formas de adquirir la fortuna de la lotería futura. Por ejemplo; al realizar cualquier actividad orientada al bien común, desde plantar un árbol,  barrer las calles, o donar libros a la biblioteca, por ejemplo. Al participar en la mejora de lo común, se entra en juego inmediatamente. Todos entramos en juego, nadie es excluido.

Plantar un árbol podría permitirte participar en la lotería futura


Como cualquier otra lotería, el boleto de la lotería futura también puede comprarse. Para ese día esperamos que dichos boletos puedan adquirirse en cualquier lado.

Los boletos de la lotería futura se podrán comprar en cualquier lado, también en estos quiosquitos que he diseñado para la ocasión. Aunque lo importante es que el vendedor sea feliz en su interior.


Cómo se financia la lotería futura

Mediante impuestos al derroche, a las actividades contaminantes, excluyentes, no colaborativas, que deterioren la salud, que generen aislamiento o  desigualdades, así como una tasa a las transacciones financieras. También puede financiarse mediante donaciones y mediante la tradicional compra del boleto de lotería.

Premios

Los premios son el reflejo del tipo de sociedad que se desea. El premio no es cuantitativo, sino cualitativo. Es un premio que permite desarrollar las potencias latentes del individuo, y que más tarde acabarán revertiendo también en el conjunto de la sociedad. De hecho, el premio consiste en múltiples premios para el agraciado. No hay segundos ni terceros premios.

El premio podría consistir en:

- Una renta incondicional mensual suficiente, no inferior al umbral de la pobreza,

 Con el fin, si lo desea el agraciado, de obtener tiempo libre mediante el cual sacar a la luz sus potencialidades. Este ingreso será compatible con otras rentas siempre y cuando no superen en cuantía el premio. Ya hemos dicho que este premio no es acumulativo.

- Un piso en usufructo.

 La sociedad permite al agraciado el uso de un piso que no puede enajenarse ni alquilarse, y que pasará de nuevo a la sociedad tras el fallecimiento del agraciado. En él , el agraciado podrá relajarse, olvidarse de hipotecas o rentas de alquiler. Esta tranquilidad permitirá al beneficiario trabajar creativamente, estudiar, prepararse, sacar lo mejor que hay en él. Le ayudará a obtener más tiempo, más tiempo libre si lo desea. Volvemos a comentarlo, este es un piso que no podrá acumularse. Es un piso de uso. Si ya tiene uno, deberá elegir. Recuerdo que este premio no es para tener más, sino para ser más.

- Acceso al transporte

 Abono transporte anual intermodal para toda la vida, autobús, metro, tren, e incluye una cantidad limitada de viajes anuales en taxi, así como una bicicleta o patinete, a elegir por el agraciado. No sólo supondrá un sustancial ahorro energético y medioambiental, sino que a la larga evitará alguna de las enfermedades derivadas de la vida moderna. 

- Acceso a museos y exposiciones

Tarifa plana para todos los museos, teatros y exposiciones del gran Mandril, incluido el museo de cera.

- Acceso al saber

 Matricula y cuotas mensuales gratuita para todo tipo de enseñanzas o cursos, de cualquier índole, que decida realizar a lo largo de su vida el agraciado, eso, o al menos un descuento del 98%.

- Un espacio para la libre creación

Un escritorio lo suficientemente grande para acumular papeles, rotuladores, acuarelas, libros... con su respectivo flexo. Se entiende que en ese lugar ocurrirán cosas.Si nuestro agraciado decide convertirse en inventor o escultor, quizá necesite un estudio o taller para desarrollar sus nuevas habilidades.

- Comida garantizada

Menú del día garantizado. Ya no estará forzado a la compra a diaria o a cocinar con desgana. Dispondrá de más tiempo libre para sus cosas. Cosas que más tarde podremos todos disfrutarlas.

- Posibilidad de un viaje anual cada siete años 

Se iniciaría así, por fin, la posibilidad de comenzar a viajar de verdad, en vez de practicar el turismo insostenible de masas. En un viaje así seguro que es posible conocer a las gentes del país, hablar su idioma, e integrarse. Por fin uno se vuelve viajero y regresa diferente, con nuevos saberes que puede compartir con sus conciudadanos. creo que este tipo de premio, mejora la calidad estética del viajero, y su deplorable aspecto de invasor neocolonial.

- Posibilidad de asociacionismo

 Somos seres políticos, pero para hacer política en cualquier ámbito, barrio, trabajo, o donde sea, es preciso tiempo. El premio puede conseguirse mediante la lotería futura, pero siempre queda la excusa del coste económico del estar asociado. Ya no habrá excusas.  El premio será la cuota anual pagada a una o dos de una de las organizaciones o asociaciones a las que el agraciado decida unirse.

- Un altavoz manual para hablar ante las masas en la vía pública.

Nos parecía que poseer un altavoz podría ser muy chulo. Que todos dispusieran de ello cambiaría la fisionomía de la ciudad. No solo encontraríamos a predicadores evangelistas, sino también a poetas, humoristas contando chistes y/o políticos arengando a las masas. El agraciado podría ser lo que deseara. 


Un premio en constante mejora extendiéndose a toda la población

Esto es la lotería futura, o al menos un borrador de ello. Puede contener estos premios o puede contener muchos más. Lo importante es que se extienda a toda la población y permita por fin la posibilidad de ser libres, rechazar el trabajo forzado, si es eso lo que deseamos. Realizar una existencia más atractiva. Por otra parte la lotería del porvenir es más económica que la lotería actual. Todos los premiados son agraciados, pero no todos reciben el premio: repito por enésima vez que el premio no es acumulable. Permite al agraciado decidir, esto es, ser libre, y sacar a la luz sus potencias ocultas. Y sobre todo, compartir con el resto de la sociedad los saberes, los conocimientos, y habilidades adquiridos gracias a este fenomenal premio. Es una lotería sostenible y democrática. Ahora hace falta saber cuales serán esos valores democráticos.



lunes, 2 de enero de 2017

Disertaciones sobre el rostro del mal


video
 Aquí os dejo la conferencia integra, aunque breve, ante un pequeño auditorio, quizá microscópico, en el que diserté sobre el rostro del mal.

 Algunos  apuntes sobre el rostro del mal


No sé cómo a nadie se le ha ocurrido antes. Desde que tengo uso de razón, las gentes de todo el mundo, en plazas, familias o trabajos, han deseado buenos deseos a los otros, ya sean sus seres queridos o al resto de la humanidad para el año que entraba, y sin embargo, todos esos buenos deseos no han servido para nada. No han funcionado. La pregunta que deberíamos hacernos es la siguiente: ¿por qué no ha funcionado?

Año tras año felicitando, recibiendo felicitaciones, brindando por los mejores deseos, y sin embargo, como año tras año, nos hacemos cada día más viejos.



Al parecer no funciona. El deseo de felicidad no trae más felicidad, pero podría ocurrir lo contrario. Se te desea salud, y sin embargo te encuentras más viejo, te salen pelos en la espalda, se mueren  tus seres queridos, te rompes el brazo montando en bicicleta o te deja la novia. A veces ocurre todo esto al mismo tiempo.  En las nocheviejas previas a cualquier guerra, se brindaba por el amor y la paz. Esto es muy interesante, ¿podría ocurrir que el deseo de amor, paz y felicidad, trajera su contrario?, ¿cómo saberlo?

"En las nochevieja previa a cualquier guerra, se brinda por la paz mundial"

¿Por qué cuando deseamos a  alguien lo mejor, le sucede lo peor? Es asombroso que nadie lo haya investigado hasta hoy. Quizá sea una casualidad, o bien podría ser que el mal se nos parezca disfrazado bajo la apariencia del bien. El mal nunca se va a presentar diciendo "Hola, soy el mal" Sino quedaría al descubierto.


 Hay vídeos en internet que muestran al dictador y asesino Franco deseando un buen año nuevo. ¿Podría el mal utilizar nuestro sombrero, nuestros calcetines, nuestras mismas palabras?

 El mal no puede llegar en plena nochevieja y decir "Os deseo lo peor para el 2017". Si el mal fuera sincero, hace tiempo que ya no existiría. Estaría identificado, y el resto de la población mundial estaría prevenida. Así que el mal empleará el diccionario del bien para expresarse, incluso su sombrero o calzoncillos. El mal te sonreirá y te deseará lo mejor, pero en realidad te estará deseando lo peor. El problema estriba en la imposibilidad de distinguir claramente al bien del mal, al menos por sus palabras, solo podremos reconocerlo por sus hechos. 

He decidido experimentar con mi propio cuerpo. Para empezar dejaré de comer las uvas de la suerte, para ver qué ocurre, si ocurre algo


Me propongo realizar un experimento para resolver este enigma. Un experimento con mi propio cuerpo. El experimento es sencillo, se trata de no celebrar la nochevieja. Esto es, de no tomarse las doce uvas de la suerte: podrían ser en realidad las uvas de la mala suerte. Este año no he deseado a nadie feliz año, no he deseado la paz mundial. Si en este periodo en el que no he deseado el bien a nadie, me ocurrieran bastante más accidentes que en años precedentes o a mi familia le sucedieran cosas horripilantes, entonces, debería replantearme mi hipótesis y sopesar la posibilidad de abandonar el planeta Tierra, más que nada porque significaría que nos encontramos en el peor de los mundo posibles. Pero si ocurriera lo contrario, esto es, que al no felicitar a nadie, al comerme las uvas de la suerte, ocurriera que me encontrara con el mejor año de mi vida, significaría el descubrimiento de una maravillosa herramienta con la que poder transformar la realidad. Si fuera así, tendría que ponerla a disposición de la humanidad. El potencial de intervenir en la realidad gracias a este descubrimiento, es enorme, podría no tener fin.



Nadie nos muestra la estadística sobre la gente que muere al año atragantada por las uvas de la suerte

Sin embargo, tengo una pequeña duda. Si felicitar a la gente provoca el mal, al menos uno puede ganarse amigos e integrarse en sociedad, aun a riesgo de aproximarnos al juicio final. Por el contrario, si no felicito a nadie con el fin de salvar al mundo, muchos me mirarán mal, y ganaría enemigos por doquier. Estas enemistades pronto generarían tensiones y violencias, y finalmente la guerra. Lamentablemente, aunque sea cierto que desear el bien diese mala suerte, y no desearlo, buena, el resultado finalmente sería el mismo.




sábado, 31 de diciembre de 2016

Regreso a 2016


 En el gran Mandril, cuando regresa el mismo año, se celebra con un enigmático baile popular donde el danzante flota a varios centímetros sobre el suelo. Observen a los bailarines en la nochevieja del 2016  (y por lo tanto del año nuevo del también 2016), observen sus curiosos atuendos agujereados. Parece como si les atravesara el cuerpo.

¡2016 ha vuelto!

A veces ocurren estas cosas. A pesar de la oposición y la incredulidad de mucha gente, el pasado siempre trata de volver.  Generalmente regresan fracciones del pasado,  decretos o acciones gubernamentales de otros tiempos que se incorporan al presente. Por eso no deberíamos extrañarnos tanto cuando al despertar el día 1 de enero de 2017, descubramos que este ha desaparecido y en su lugar, suplantándole, se instale de nuevo el 2016. Efectivamente, el 2016 ha vuelto. Tras el 31 de diciembre de 2016, apareció enero, del mismo año, otra vez. 

2017 no existe. No sé cuando aparecerá, quizá dentro de diez o veinte años. De momento reinaguramos 2016. El problema fundamental de repetir el año, es que siempre nos pilla desprevenidos. Carecemos de un protocolo y no sabemos como actuar en estas situaciones extraordinarias. 

Las ansias por saborear la vida podría hacernos tropezar con las mismas piedras. En este caso particular, con los mismos huesos de aceituna o los mismos muslos de pollo.


Ahí estábamos, brindando por el nuevo año, y resulta que es el antiguo. Es sobrecogedor, celebramos el año con aquellos que sabemos que van a morir. A pesar de que se trata de una segunda oportunidad, volvemos a caer en los mismos errores. Caemos asfixiados sobre la alfombra del salón atragantados por el hueso del muslo de pollo, otra vez, pero es que teníamos apetito.

Recorrer el mismo año dos veces es algo marciano, pero a veces pasa.


 A pesar de todo, el futuro se puede cambiar, bueno, en este caso el pasado. Auguro que en las próximas semanas del repetido año 2016, se abrirá un debate sobre la cuestión, sobre si se trata de un regalo envenenado o del diablo. Yo soy de los partidarios de repetir año; merece la pena. Es como vivir dos veces, o incluso morir dos veces, permitiéndonos tomarnos más en serio la existencia, y simultáneamente, vivir despreocupadamente. Sin duda nos encontraremos con las mismas situaciones. Aunque claro, quizá nos provoque algo de ansiedad, pero habremos aprendido a realizar ejercicios de respiración, o llevar en el bolsillo nuestra pastilla a tiempo. 

Ya sabemos que ocurre con las prisas


 Podemos rectificar algunos errores, hacer algunas enmiendas a nuestras existencias, correr algunos riesgos, aventurarnos por la vida con un as bajo la manga. Volver a conocer las mismas personas, si es preciso. Ya lo sabemos, que no se nos olvide este año apagar el gas antes de echarnos la siesta, pero es que con las prisas y rutinas habituales, nunca se sabe.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Las aventuras de El Millonario, sus robots, y La Gravedad


 La Muerte es sorda



 El Millonario contra el mundo


Todo el mundo quiere ser Botín, pero Botín ha muerto. Murió en 2014, y no va a volver. Resbaló al vacío, y de allí, fue directo a la Nada. Podemos caminar decididos, atravesar el umbral del precipicio, y seguir andando por el aire, al menos durante un instante. Pero lo sabemos, será demasiado tarde. Las poderosas fuerzas de la gravedad nos llevarán directos a la realidad. Es peligroso querer seguir siendo Botín. Ha muerto, aunque lamentablemente nos lo encontramos todavía a todas horas.

Pero seguimos decididos a caminar por el aire. Me gustaría imaginar que todavía no hemos dado ese salto al vacío. Que no estamos suspendidos en el aire, antes de caer. Es cierto. Hay cola para El Millonario, a pesar de que va en contra de la gravedad. Porque seamos claros, preguntémonos qué es ser El Millonario. Qué es querer ser El Millonario. Yo tengo algunas respuestas, porque ser millonario no es lo mismo que ser El Millonario.

"El Millonario"

Ser El Millonario o querer serlo, es querer rodearse de pequeños robots a tu alrededor. Conseguir con un solo gesto que el otro haga lo que tu quieras, y eso, es algo que desdibuja al ser humano y lo trasforma en una máquina, ¿verdad? Hay un hombre dando vueltas y vueltas alrededor de una rueda de molino durante años, otro se mantiene estático, como de cera. Necesitan el dinero de El Millonario, lo sé, pero han dejado de ser ellos. Si durante la mitad el tiempo del día actúas como un robot, es fácil que uno acabe pensado roboticamente. Para dejar de ser un robot, es precisa una renta.  Una renta incondicional podría ponernos a salvo de El Millonario.

¿Qué me está pasando?


Ser El Millonario te permite la libertad absoluta. Por eso a El Millonario le molestan demasiado las regulaciones, porque ya no puede hacer lo que desea. Para hacer lo que uno quiere es preciso que otro haga lo que no quiere. Estar a favor de la libertad es es tomar partido por la libertad de todos, no solo de unos pocos. Ser El Millonario y actuar como tal, nos convierte en dictadorzuelos, a veces demasiado grandes. Todo dictador es el El Millonario, todo millonario está a un solo paso de ser el dictador. No se puede ser El Millonario y pertenecer al partido de la plebe. No es posible ser El Millonario y ser democrático. Ser El Millonario es poner la voluntad de uno por encima de las voluntades de los otros.

Los robots son siempre muy obedientes

Ser El Millonario es un derroche. En cuanto uno es El Millonario, comienza a destruir las potencias de los otros. Usted quería ser poeta, neurocientífico, levantar objetos con la mente, hablar en público ante la asamblea. Olvídelo si es que tiene que trabajar para El Millonario. Quería recitar poemas, pero no tiene tiempo, ni para componerlos ni para recitarlos. Está demasiado cansado. Levantar piedras es agotador, y todo porque a El Millonario se le antoja. Usted quería hablar ante la asamblea, pero tartamudea, le falta la práctica. El único que habla es El Millonario, y ni siquiera, porque El Millonario no acude a las asambleas. No las precisa.

Ser El Millonario es un verdadero derroche, es cierto. Arrasa talentos. Los otros ponen su vitalidad, su creatividad y energía al servicio de los propósitos de El Millonario. Por un sueldo. Las buenas noticias es que todo esto se va a acabar. Y no tanto por una toma de conciencia, sino como decía más atrás, por las poderosas fuerzas de la gravedad. Todo el mundo quiere ser El Millonario, tener a otros sirviéndoles. La realidad siempre pone las cosas en su sitio.

Podemos dar saltos mortales de espaldas, hasta que un día, a los 90 años, el salto es mortal de necesidad. Caeremos de espaldas o de bruces, pero ya no volveremos a caer de pie. La Gravedad nos pone en nuestro sitio, en una silla de ruedas o en la tumba.  Denomino "La Gravedad" a aquella fuerza de la realidad que nos devuelve a un estado que tenía que darse más tarde o temprano, en cualquier caso. Por ejemplo, aunque mi afán sea quemar bosques, ya no podré hacerlo cuando no quede ninguno. Denomino "El Millonario" aquel sujeto, individuo, corporación, Estado, capaz de realizar sus deseos mediante la compra del Otro. Por ejemplo, puede pagar al otro para quemar el bosque. Pero La Gravedad pondrá todo en su sitio. Por más bosques que deseé quemar El Millonario no podrá hacerlo si lo que quemó fue el último bosque sobre la tierra. La Gravedad pone límites a los deseos de El Millonario, aunque quizá siempre demasiado tarde.


martes, 15 de noviembre de 2016

En defensa del monigote


Me propongo demostrar que el monigote es una herramienta formidable para aproximarnos a la realidad

(Texto todavía en construcción)
 Algunas notas sobre los monigotes


Hace un mes tuve una intuición, la de que los monigotes eran el instrumento que más podrían aproximarnos a la realidad. Pensé que podría escribir algo muy divertido sobre el tema, al mismo tiempo que aportar a la sociedad  un asombroso descubrimiento. Sin embargo, investigar sobre este asunto se me ha ido de las manos. Existe demasiado material y reflexiones para un breve artículo humorístico. Da más bien para varios tomos, pero sin gracia. Además, he seguido pistas falsas que encaminaban mi investigación sobre los monigotes a callejones sin salida. Para complicar aun más las cosas, no dispongo de demasiado tiempo, ni capacidad para responder, a día de hoy, a todas estas cuestiones. Así que he decidido abandonar mi investigación, que me impedía por otra parte, seguir trabajando sobre otras cuestiones. Está inconclusa, si es que se puede concluir una investigación sobre la realidad y la insospechada complejidad del monigote. A día de hoy me parece una tarea enorme, y de continuar, arrastraría mi existencia al país de la insatisfacción, donde no se puede hablar de ciertos temas, especialmente en el lugar donde paso tantas horas al día, esto es, en mi trabajo como sujeto subalterno. Y como dijo Spivak, el sujeto subalterno no puede hablar, y por lo tanto, no puede hablar de la realidad . Aun así quiero hacer públicas algunas notas, preguntas y reflexiones, por si acaso algún día, siendo finalmente el sujeto subalterno liberado del trabajo alienado,  le quede algo de tiempo para la especulación intelectual, y descubra por fin, la verdadera y enigmática naturaleza del monigote.


Hay algo inquietante en este monigote. Quizá algo monstruoso. Un sujeto con burka, en zapatillas deportivas, y tocando el ukelele ¿Qué está pasando aquí?.

Monigote con boli azul

He dibujado un monigote titulado "Con boli azul". Enseguida el lector interpretará que este dibujo representa una mujer con burka. Nada más lejos de la verdad. Me resulta imposible asegurar si bajo el burka se encuentra un musulmán o un ateo racionalista, un hombre o una mujer, un terrícola o un marciano. No sabemos quién se oculta, si es que se oculta alguien en su interior, pero podría haber un ser sensible, demasiado sensible a luz solar. Quizá un ser multialérgico. Esto es, estamos contemplando una apariencia, una carcasa, un velo, una pantalla, que nos impide ver la realidad en su conjunto, la realidad profunda ¿Pero el monigote a boli azul se aproxima a la realidad más que la propia realidad? Mi respuesta se aleja de toda ambigüedad. Mi respuesta es inequívoca. Es sí.

(Como se habrán dado cuenta, queridos y queridas lectores, el dibujo no corresponde exactamente al texto. Yo les proponía un monigote a boli bic azul, y les he entregado esta cosa)

Los monigotes son inquietantes.Trato de demostrar que los monigotes son instantes de realidad, y que esta última no tiene sentido alguno. Observen el monigote, es tan triste. Una planta en una maceta, sacada de un contexto natural, e insertada en otro contexto artificial. Sobre el monigote, no vemos sus pies ¿Quién nos dice que no está plantado también en una maceta?


 La culpa la tiene Platón

 La culpa la tiene Platón. Creía que la realidad era perfecta, y que nosotros y el resto de cosas no eramos reales, sino imperfectos reflejos de esa otra realidad.  Desconozco cómo llegó a la conclusión sobre porqué la realidad era perfecta, pero cuanto más investigo sobre la realidad, más observo de que se trata de todo lo contrario. No solo es imperfecta, sino probablemente monstruosa. Es lógico que ante lo monstruoso de la realidad el ser humano se haya dedicado en cuerpo y alma a construir sin cesar apariencias para evitar que se revele con claridad la realidad. Dibujo un monigote, ¿no tiene algo de monstruoso?



Noúmeno paseando por las calles del gran Mandril


Los dichosos noúmenos 

Kant creía en los noúmenos. Al parecer los noúmenos son un resto de la realidad, lo que la completa. Por lo visto existen, pero nadie ha visto jamás ninguno. Si un día, durante uno de tus paseos matinales,  te encuentras cara a cara con un noúmeno, automáticamente dejará de serlo. Mantengo la teoría de que él monigote es un noúmeno visto, aunque sea una contradicción en sus términos. Deja de ser la realidad, pero sin embargo, algo queda de ella en él.


¿Cual de los dos es la apariencia, y cual de los dos es la realidad? ¿Cual de estos dos sujetos es el monigote?


Lo que algunos llaman dibujar bien

Gracias a nuestros pensadores, sabemos que lo que vemos no es lo real,  sino tan solo un aspecto de la realidad.  Tratamos de representar lo que vemos a través de una copia o mediante nuestras habilidades técnicas. Utilizamos la fotografía, la impresión escultórica en 3D,  la pintura academicista o la ilusión óptica de la perspectiva  renacentista o buena parte de la pintura hiperrealista, pero entonces lo que retratamos no es lo real, sino su apariencia. Cuando alguien dibuja lo que ve y lo hace con precisión, se le considera un buen dibujante. No ocurre los mismo con aquellos que dibujan monigotes. Normalmente caen en desgracia, y sin embargo, son ellos los que han captado lo que de verdad está ocurriendo. Lo que no se ve.


Vemos a un hombre sonrosado, como rebosante de salud. Una hora más tarde, fallece. Nos cruzamos con un hombre enclenque y amarillento por las calles, no damos ni un duro por él, pero morirá a los 118 años. Me desconcierta el monigote de arriba porque no sé si es el mal o el bien, me resulta imposible juzgarle por su apariencia.


Me pregunto por qué lo que vemos es apariencia

Es asombroso, la apariencia es una de las cualidades de lo vivo y de muchos de los objetos. Trabajamos todo el día para ampliar su dominio. Todo lo que la naturaleza construye es también apariencia, ya sea para atraernos, para apartarnos, para asustarnos o devorarnos. Tendemos a ver cosas cuando la realidad es otra. Cuidamos nuestro cuerpo, nuestro físico, aparentemente, para que los otros nos permitan el paso, para seducir, para obtener un trabajo, para caer en gracia. Después seremos otra cosa. A veces vemos un monigote caminando por la calle, nos paramos, nos mofamos, pero nuestro interior se remueve. Sabemos que somos él.


Sabemos lo que necesitamos, y es no necesitar. Pasar de las miserias del estado de la necesidad al Estado estético. Así están las cosas, estamos a tan solo un paso de conseguirlo. Tanto peor si todo se va a tomar por culo, aunque es probable que algunos lo prefieran a la Renta Básica Incondicional e Universal. Todavía no he conseguido comprender porque la peñuqui está en contra de sí misma, y prefiere consumirse a sí mismo a iniciarse en su propia naturaleza, la del juego. 
En la fotografía, un monigote gris  devorado por el fuego.


No hay nada tedioso en dibujar monigotes

Es uno de los lugares de los que hablaba Schiller.  Lo que él llamaba encontrarse en estado estético, pero también es un país. Ese lugar donde el impulso de lo sensible y la razón no quedan disminuidos o anulados el uno por el otro. Es lo que nos hace humanos: el juego. Lo que la neurociencia llama ahora encontrarse en estado de flujo. Pues bien, al crear monigotes ocurre exactamente eso, queda suspendido el tiempo.  Sin embargo parece que no esté de moda. Quizá simplemente ocurra que la sociedad no esté lo suficientemente madura para el monigote, y sin embargo lo está, porque es esa, la del juego, nuestra verdadera naturaleza.

Monigote de un moderno y aséptico edificio de oficinas


El monigote es un paso atrás para coger distancia. Permite ver el cuadro completo. 

Al estar inmersos en el mundo apariencias, no podemos ver lo que esconden estas. La primera impresión al encontrarse con un monigote es pensar que es un producto infantil, una chapuza, algo grotesco, un pequeño monstruo. Y sin embargo, es una aproximación a la realidad, no a sus apariencias. Cuando usted atraviesa los pasillos de un moderno edificio de oficinas, se encuentra en un espacio donde todo es perfecto, aséptico. Y sin embargo el techo es falso, tras las paredes ocurren cosas, algo recorre el edificio entero por su interior: cables, conductos, bichos, polvo. Si el edificio pudiera tener alma, quizá fuera eso. Dibujamos el edificio a la perfección, pero eso no es la verdad. Lo sabemos, pero se nos ha olvidado. Dibujamos un monigote del edificio; y parece un queso gruyere, un cerebro espongiforme, algo lo está royendo. Es gracioso y al mismo tiempo es la verdad. Pura esencia. Un monigote puede trasladarnos a la esencia de lo que no se ve. Nos muestra un instante congelado de una de las posibles realidades.

No sé es si ese robot fue antes un hombre, ni sí la flor a la que se aproxima será arrancada o contemplada.

El monigote también pudiera ser el medio camino, el camino intermedio.


 El monigote puede ser el camino intermedio. Ese algo todavía no acabado, grotesco, a medio camino entre la idea inicial, y un imposible final perfecto. El monigote puede ser muchas cosas, quizá incluso poesía. O mejor dicho, sobre todo poesía. Ha dejado de significar lo que parece y significa otra cosa.


Muchas veces entrar en acción nos revela, bueno, casi siempre. Y este descubrimiento para los otros puede trasformarnos en monigote. De repente existimos, dejamos de permanecer en el punto ciego de la miradas, donde no se nos ve. Permanecer en el punto ciego es el infierno, por muy cómodo que uno pueda permanecer allí. Salir del infierno nos convierte automáticamente en monigotes, esto es, en sujeto político.


Al exponerse uno corre el riesgo de convertirse en monigote

 ¿Quién no ha vivido la experiencia del silencio? Cuando en un grupo de desconocidos, en una clase o conferencia, alguien expone su reflexión, corre el riesgo de ser descubierto, de revelarse, y claro, lo que aparece es bastante más gris, más ridículo. Cuando cae el velo del silencio aparece el monigote, un trozo de realidad nunca antes vista. Preferimos callarnos para seguir manteniendo una farsa. El monigote nos revela, de ahí sus enemigos.



Monigote tropezando

La vejez como monigote

Cada vez que se nos ve un trozo de nosotros mismos, queremos esconderlo. Es lo que más tememos. Nos jugamos la vida. La vejez nos pone al descubierto. Ya no podemos mantener oculta a la vista nuestra sensibilidad, nuestra dependencia a los otros, nuestra fragilidad. Antes, cuando éramos jóvenes, ocultábamos nuestra fragilidad a la vista de los otros, ahora ya no. Según pasan los años, nos convertimos poco a poco en monigotes. Hay algo de trágico, grotesco y horrible en la vejez. Y eso es la realidad. Por eso queremos ocultarla. Cuando nos damos cuenta ya nos hemos convertido en un monigote, cualquier intento en crear una apariencia que distorsione nuestra imagen, está encaminada más tarde o temprano al fracaso. Al envejecer nos ponemos continuamente al descubierto.

Caer por la escalera es lo que nos hace humanos. Es la tragedia de todo individuo, de toda la humanidad. A pesar de que este hecho sucede a la vista de todos, no lo vemos. La caída nos convierte en monigotes, no lo dudes.


El monigote como fracaso

 Lo que se nos muestra es una humanidad exitosa, cuando en realidad un fracaso. Hay algo de monigote en ello, algo cómico, si no fuera demasiado horrible. Sería épico si no fuera una broma pesada. Tan solo hay que hacer un examen de nuestra propia vida.   Mantenemos la seriedad para esconder nuestro fracaso existencial, aunque un simple chiste nos deja desnudos, nos muestra tal cual somos;  seres asustados, frágiles, muy sensibles, y extremadamente inseguros. Una simple flor puede destruirnos, sobre todo si cae desde una altura considerable en una contundente maceta.


La frase repetida ansiosamente de que los marcianos guardan burros en pisos sociales del Estado y que se comen sus propias crías, no es poesía, no revela la realidad, margina a los marcianos de la vida en sociedad, no es un monigote. Es un estereotipo. En otras palabras, es fascismo.


  Monigote Vs estereotipo.

Será poco creíble lo que voy a decir a continuación, pero es que el monigote es de izquierdas y el estereotipo es de derechas. El monigote revela aspectos de la verdad y la realidad ocultos, y esto es inclusivo, nos convierte en seres humanos, con todas nuestras debilidades a la vista.  El estereotipo es una especie de monigote de derechas, no es inclusivo, sino que tiende a excluir, no arranca velos, sino que los crea. Tiende a marginar al otro. Es antidemocrático, en cuanto que margina y anula el debate mediante frases hechas y repetidas. Por ejemplo, el misterioso caso de los gitanos que meten el burro en sus pisos, y que se anuncia continuamente como generalidad  y sin necesidad de pruebas.








El Ser

Buscamos el Ser, y quizá lo hayamos tenido delante de nuestras narices. Lanzo una pregunta al aire, ¿Podría ser el monigote el Ser, aunque parezca difícil de creer?






 
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