lunes, 2 de enero de 2017

Disertaciones sobre el rostro del mal


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 Aquí os dejo la conferencia integra, aunque breve, ante un pequeño auditorio, quizá microscópico, en el que diserté sobre el rostro del mal.

 Algunos  apuntes sobre el rostro del mal


No sé cómo a nadie se le ha ocurrido antes. Desde que tengo uso de razón, las gentes de todo el mundo, en plazas, familias o trabajos, han deseado buenos deseos a los otros, ya sean sus seres queridos o al resto de la humanidad para el año que entraba, y sin embargo, todos esos buenos deseos no han servido para nada. No han funcionado. La pregunta que deberíamos hacernos es la siguiente: ¿por qué no ha funcionado?

Año tras año felicitando, recibiendo felicitaciones, brindando por los mejores deseos, y sin embargo, como año tras año, nos hacemos cada día más viejos.



Al parecer no funciona. El deseo de felicidad no trae más felicidad, pero podría ocurrir lo contrario. Se te desea salud, y sin embargo te encuentras más viejo, te salen pelos en la espalda, se mueren  tus seres queridos, te rompes el brazo montando en bicicleta o te deja la novia. A veces ocurre todo esto al mismo tiempo.  En las nocheviejas previas a cualquier guerra, se brindaba por el amor y la paz. Esto es muy interesante, ¿podría ocurrir que el deseo de amor, paz y felicidad, trajera su contrario?, ¿cómo saberlo?

"En las nochevieja previa a cualquier guerra, se brinda por la paz mundial"

¿Por qué cuando deseamos a  alguien lo mejor, le sucede lo peor? Es asombroso que nadie lo haya investigado hasta hoy. Quizá sea una casualidad, o bien podría ser que el mal se nos parezca disfrazado bajo la apariencia del bien. El mal nunca se va a presentar diciendo "Hola, soy el mal" Sino quedaría al descubierto.


 Hay vídeos en internet que muestran al dictador y asesino Franco deseando un buen año nuevo. ¿Podría el mal utilizar nuestro sombrero, nuestros calcetines, nuestras mismas palabras?

 El mal no puede llegar en plena nochevieja y decir "Os deseo lo peor para el 2017". Si el mal fuera sincero, hace tiempo que ya no existiría. Estaría identificado, y el resto de la población mundial estaría prevenida. Así que el mal empleará el diccionario del bien para expresarse, incluso su sombrero o calzoncillos. El mal te sonreirá y te deseará lo mejor, pero en realidad te estará deseando lo peor. El problema estriba en la imposibilidad de distinguir claramente al bien del mal, al menos por sus palabras, solo podremos reconocerlo por sus hechos. 

He decidido experimentar con mi propio cuerpo. Para empezar dejaré de comer las uvas de la suerte, para ver qué ocurre, si ocurre algo


Me propongo realizar un experimento para resolver este enigma. Un experimento con mi propio cuerpo. El experimento es sencillo, se trata de no celebrar la nochevieja. Esto es, de no tomarse las doce uvas de la suerte: podrían ser en realidad las uvas de la mala suerte. Este año no he deseado a nadie feliz año, no he deseado la paz mundial. Si en este periodo en el que no he deseado el bien a nadie, me ocurrieran bastante más accidentes que en años precedentes o a mi familia le sucedieran cosas horripilantes, entonces, debería replantearme mi hipótesis y sopesar la posibilidad de abandonar el planeta Tierra, más que nada porque significaría que nos encontramos en el peor de los mundo posibles. Pero si ocurriera lo contrario, esto es, que al no felicitar a nadie, al comerme las uvas de la suerte, ocurriera que me encontrara con el mejor año de mi vida, significaría el descubrimiento de una maravillosa herramienta con la que poder transformar la realidad. Si fuera así, tendría que ponerla a disposición de la humanidad. El potencial de intervenir en la realidad gracias a este descubrimiento, es enorme, podría no tener fin.



Nadie nos muestra la estadística sobre la gente que muere al año atragantada por las uvas de la suerte

Sin embargo, tengo una pequeña duda. Si felicitar a la gente provoca el mal, al menos uno puede ganarse amigos e integrarse en sociedad, aun a riesgo de aproximarnos al juicio final. Por el contrario, si no felicito a nadie con el fin de salvar al mundo, muchos me mirarán mal, y ganaría enemigos por doquier. Estas enemistades pronto generarían tensiones y violencias, y finalmente la guerra. Lamentablemente, aunque sea cierto que desear el bien diese mala suerte, y no desearlo, buena, el resultado finalmente sería el mismo.




 
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