lunes, 10 de abril de 2017

Una familia de terroristas


 
En el gran Mandril vive una familia de terroristas en busca y captura. Tienen un hijo con forma de perro. Cuando celebran el cumpleaños de cualquiera de los tres, comen tarta, ponen música y bailan mientras cantan "Fire and rain" de James Taylor. En algunos aspectos se parecen mucho a otra familia de terroristas que apareció en una película de Sidney Lumet "Un lugar en ninguna parte" "Running of empty"

 Durante los cumpleaños, las familias terroristas, bailan y cantan.

Una familia de terroristas

Desde que fueron acusados de poner una bomba en 2017, -una bomba humorística, aunque en realidad tan sólo se trataba de un chiste-, viven en solfa, siempre huyendo de los delatores y de las denuncias anónimas. Esta vez les he dibujado con capucha -aunque ellos nunca la llevan-, con el fin de salvaguardar su identidad y porque queda mucho más chulo.

Ocurrió en un callejón nunca transitado, cuando a pesar de las leyes que sancionaban los delitos contra el odio, escribieron un chiste o chistoide, de supuesto mal gusto, aunque a mí me parece divertido. No solo era divertido, sino que incluso era verdad y que decía:

"Trump, devuelve la pasta al pueblo y entrega tu peluquín al circo"  

 La familia terrorista retocó un estupendo chiste de Roger Peláez, reajustándolo a una realidad, que en definitiva, se parecían mucho.


Lo que la familia terrorista no sabía era que La Divina Providencia se encontraba en aquel mismo callejón con un smartphone. A partir de ahora ustedes ya lo saben: La Providencia utiliza teléfono móvil. Imagino que a estas alturas de la película, el lector sabrá, en caso de que tenga lectores, que este gadget está conectado con la policía, y que la policía a su vez tiene comunicación directa con la fiscalía, y que la fiscalía tiene estrechos vínculos con el censor, incluidos parentescos familiares. Al mismo tiempo, el censor está interconectado las 24 horas al día con el gobierno, es más, el censor a veces ocupa una cartera ministerial en el mismo gobierno, y en ocasiones, la presidencia del gobierno o incluso la presidencia de un conocido banco.

"Los he visto"


Así pues, lo que en origen fue un chiste en un perdido callejón oscuro y jamás visto por transeúnte alguno, se convirtió en primera página y trending topic en twitter, dando en poco tiempo la vuelta al mundo. Por supuesto, este chiste de mal gusto no quedaría impune. Miles de avionetas sobrevolaron las ciudades más pobladas del planeta arrastrando un cartel al viento que decía: 

 Se busca una familia de terroristas que escribieron un chiste que dice: "Trump, devuelve la pasta al pueblo y entrega tu peluquín al circo" .

La fiscalía solicitó diez años de prisión para esta familia de graciosillos, y desde entonces, llevan una vida errante, con su maleta a cuestas. Si usted quisiera saber si su mejor amigo o madre es una potencial terrorista, tan sólo tiene que observar si dejan cuidadosamente preparada cada noche una maleta junto a la ventana, y próxima a ésta, unas sábanas que descansan anudadas por los extremos, aptas para el descenso en caso de irrumpir en su piso de alquiler, sin previo aviso, la policía secreta.

Siempre con la maleta a cuestas. La vida del humorista, es agotadora.


Muchos se preguntarán por el contenido de esta singular maleta que llevan consigo los humoristas. Yo se lo puedo decir, siempre tengo una dispuesta. Quisiera advertirles que el contenido de esta maleta es de índole moral, por lo que si alguno de mis lectores creyera que podría herir su sensibilidad, les ruego que se salten las próximas líneas. 

¿Qué contiene la maleta de un terrorista?


Contenido de la maleta

Calzoncillos: (O bragas, si la terrorista es mujer) Aunque a veces, con las prisas, o bien porque son unos pervertidos, puede ocurrir que ellos lleven puestas las bragas y ellas calzoncillos. Corre el rumor de que los terroristas no utilizan calzoncillos. Pues bien, yo lo desmiento categóricamente. Tan sólo es un mito, el mismo mito que nos advierte de que nunca usan cepillo de dientes.

Dinero en efectivo: Como sus cuentas han sido canceladas por orden del censor de turno, suelen llevar una bolsa con pesetas en calderilla. Les recuerdo que en una realidad paralela nunca llegó a existir el euro, y que Mandril se había convertido en potencia hegemónica, donde los niños del futuro hablaban español y rebuscaban coltán entre los dispositivos pasados de moda abandonados en los basureros.

Propaganda a favor de la Renta Básica Incondicional y de una sanidad, educación y agua públicas: Esta propaganda estaba considerada de una verdadera y peligrosa colección de chistes de mal gusto.

Un cuaderno: Todo humorista lleva siempre consigo un cuaderno. En cuanto alguien descubre que un individuo sospechoso toma notas, es advertida la policía. En cualquier caso, como los humoristas tienen muy mala letra, en caso de caer en manos de la fiscalía o el censor dicho cuaderno, sería inutilizable como prueba. Ni siquiera un potente ordenador es capaz de descifrar su asombrosa caligrafía. Y sin embargo, gracias a los poderes mentales de los censores, estos cuadernos indescifrables se habían conviertido en el principal testimonio que los inculpa.

Una libreta con direcciones de amigos: Siempre viene bien para pasar las primeras noches como proscritos.

Por lo demás, una familia de terroristas, es una familia normal. Son inteligentes y tiernos, saben escuchar, celebran los cumpleaños, y a veces cenan vino y queso.

Escrivá de Balaguer en tiempos de la dictadura realmente existente, dando la chapa a un incauto adolescente.


En tiempos de la dictadura realmente existente, cuando los santos salían en televisión y Escrivá de Balaguer aleccionaba a sus jóvenes discípulos, éste contó un chiste en directo: 

"¿Quién dice que aquí no existe la libertad? ¿Acaso alguien duda de que yo no esté hablando libremente?"- Dijo.

 Instantánea del dictador, dialogando con los humoristas que hacían chistes con poca gracia, según su gusto.

Reconozcámoslo, el chiste era bueno. Este hecho nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta, ¿cómo era posible que en plena dictadura alguien pudiera contar chistes mientras que en la democracia estos estaban perseguidos? Mi conclusión es la siguiente: en la dictadura podían hacerse chistes, siempre y cuando estos fueran buenos, esto es, siempre y cuando, al dictador le gustaran. Digamos que era el dictador era el que otorgaba la gracia al chiste, y por supuesto, éste solía tener muy poco sentido del humor. ¿Pero por qué en la democracia los chistes malos eran igualmente perseguidos, como en la dictadura? Para resolver tal enigma, la familia terrorista recurrió a un ingenio lógico avalado por su validez empírica, que decía así:

A + Libertad de Expresión y + Chistes + Democracia.

Al parecer si cualquiera de los tres factores se veía alterado, aumentando o disminuyendo, este acababa afectando de la misma manera al resto de factores. Esta conclusión que al mismo tiempo era una obviedad, como los chistes, podía ser considerado, por lo tanto, como tal.

A veces para sacar algunas monedillas, repartían pizzas, pero no era una pizza cualquiera.


Pero volvamos a nuestra entrañable familia terrorista, siempre contando chistes, siempre viajando aquí y allá y cambiando de domicilio. Por suerte, se ganaban unas pesetillas repartiendo pizzas a domicilio, donde escribían sobre la mozzarella fundida extraños mensajes:

-"No estoy de acuerdo con lo que usted dice pero lucharé para que lo pueda decirlo libremente"

-"El derecho a decirlo todo, a escribirlo todo, a pensarlo todo, a verlo y oírlo todo, resulta de una exigencia previa, según la cual no existe derecho ni libertad de matar, de atormentar, de maltratar, de oprimir, de forzar, de hacer padecer hambre, de explotar"

-"El sentido común demuestra que resulta inconsecuente prohibir "Mi Lucha" de Hitler o "Los Protocolos de los Sabios de Sión", y por otra parte tolerar los discursos misóginos de Pablo de el Corán, las diatribas antisemitas de San Jerónimo y de Lutero, un libro salpicado de infamias como "La Biblia", la exhibición complaciente de los actos de violencia que conforman la materia corriente de la información, la exposición de la mentira publicitaria y tantas falsedades históricas avaladas por la historia oficial. Más vale recordar, que una vez instaurada la censura, no conoce límites"

Evidentemente escribían una frase u otra, dependiendo del tamaño de la pizza que solicitaba el cliente.

A veces llegaban pizzas con escritos sobre la mozzarella


Nuestra familia de terroristas continúo repartiendo pizzas durante algún tiempo. Más tarde se realizó  una película sobre su vida, donde se sustituyó al perro por dos jovenzuelos. Ciertamente era un producto comercial, pero en lo personal me gustó mucho aunque apenas hubiera chistes. Aunque hubo uno, sí; mientras unos pensaban que era un chista malo, otros, pensaba que era un chiste bueno: por primera vez dejó de retratarse a una familia de terroristas según los cánones del estereotipo establecido. Me gustaría abandonar este breve texto con una breve secuencia de la película:

 

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