domingo, 11 de junio de 2017

¿Por qué tengo antenas?

 Tengo antenas, y me salen de la espalda.


¿Por qué tengo antenas?


 Me niego a asumir que soy un insecto. Además, mis antenas no se encuentran en la cabeza como en las cucarachas, o en la cara, como en los gatos o el propio Dalí. Mis antenas permanecen ocultas en la espalda, por eso no me quito la camiseta en público. 

Algunas personas tienen las antenas en la cara. Mucha gente confunde las antenas con bigotes.


Es muy incómodo usar antenas. Todos piensan que tengo joroba. No es una joroba, son mis antenas, que las tengo hechas un gurruño bajo la camisa. A veces se me hacen nudos. Son muy sensitivas. Pueden captar la caída isótopos radiactivos desde el cielo; esos que todavía permanecen suspendidos en la atmósfera desde mitad de los años 50 del siglo pasado. Qué tiempos aquellos, cuando se realizaban explosiones nucleares al aire libre, a veces incluso con espectadores. Ustedes ya lo saben, todo espectador, más tarde o más temprano se acaba convirtiendo en sombra. 

Muchos dicen que soy muy intuitivo, pero eso es para evitar decirme a la cara que soy directamente imbécil. Desde hoy ya lo saben ustedes, si alguien les dice "Usted es muy intuitivo", coja un cuchillo y apuñale a ese individuo en el estómago, (es una forma de hablar, claro, estoy en contra de todo tipo de de violencia, pero sepa usted que le están insultando.) No soy intuitivo, soy sensible, pero no se trata de esa sensibilidad emocional que te hace perder el control cuando te insinúan que eres intuitivo. Es una sensibilidad derivada  de mis antenas. Antenas, que por cierto, me permiten conocer los hechos. Existen dos tipo de personas en el mundo; la Hinteligentzia y los Otros. La Hinteligentzia, tiene opiniones, pero desconoce los hechos. Los Otros, los que tenemos antenas, conocemos los hechos, pero somos del todo irrelevantes. La opinión de la Hinteligentzia, es más importante que los propios hechos. 

 A veces, me dan ganas de afeitar con un cuchillo de cocina a algunas personas.

Nadie se cree que tenga antenas, simplemente opinan que soy un ser deforme. Es horripilante ser tan sensible. Captar con estos pequeños tentáculos la realidad del mundo es agotador. Capto perfectamente con mis antenas que el trabajo es una estafa, pero la Hinteligentzia opina que el trabajo es un privilegio e incluso una fuente de dignidad. Hubo un tiempo que me hacían gracia las opiniones sin fin de la Hinteligentzia, pero creo que ahora son peligrosas. Muchas personas confían en la inteligencia de la Hinteligentzia,  en esa misma inteligencia que opinaba, y que opina,  que la bomba nuclear y el campo de exterminio eran necesarios. 

Declaro que la Hinteligentzia miente. Aunque para ser fiel a los hechos, hay que reconocer que la Hinteligentzia dice exactamente los mismo de los antenistas. El debate está abierto.
















7 comentarios:

nemo dijo...

"Nunca soube se era demais a minha sensibilidade para a minha inteligência, ou a minha inteligência para a minha sensibilidade. Tardei sempre, não sei a qual, talvez a ambas, a uma ou outra, ou foi a terceira que tardou."
Livro do desassossego (trecho 399) - Fernando Pessoa

Y aquí te dejo un regalo de otra dibujante que tuvo antenas, esperando que Dominguet encuentre otro camino:

https://lesdessinsdecassandre.blogspot.fr/

Natalia dijo...

Recuerdo las sirenas que anunciaban el recreo cuando íbamos al colegio. Teníamos que formar filas paralelas de a uno, para entrar y salir.
Las sirenas de la Hinteligentzia, nos adoctrinaban ya desde bien temprano, cuáles perros de Pavlovsky.
Un día quise saber qué se sentía haciendo un pequeño simulacro de la teoría Caos. Lancé un petardo que había comprado cuidadosamente en el kiosko de las chuches, (cuidadosamente para que nadie me viera)
Fue una de las mejores sensaciones de mi vida. Ahí estaba yo, sin vacilar, en medio del patio del colegio, donde los niños y niñas corrían despavoridos por todo el patio.
De repente tuve miedo, las sirenas de la Hinteligentzia sonaban y sonaban, pero nadie formaba filas.
Mientras las profesoras intentaban sin éxito que todo volviera a la normalidad, comencé a comprender que el trabajo de campo de lanzamiento de petardo tendría consecuencias...
Y vaya si las tuvo, pero eso ya, es otra historia...

Natalia dijo...

Olvidé comentar que en medio del Caos, me pareció ver un niño del que salían unas extrañas antenas por el cuello de la camiseta, como si estuvieran en su espalda e intentase disimularlas. Nadie me creyó.

Dominguet dijo...

Estoy seguro de que el chico que corría en medio del caos, era yo, pero no me acuerdo. Sí, me acuerdo. No, no me acuerdo. Porque en mi cole no había sirenas ni hacíamos colas; los instrumentos de la Hinteligentzia eran más sofisticados. Sin embargo, te vi. Creo que te vi. No. Sí. Te vi tirando el petardo. Tenía la secuencia completa. La explosión, los niños huyendo... Conocía el secreto. Y sin embargo, nunca dije nada...

Natalia dijo...

Me alegro mucho de que no dijeras nada. También me alegra saber que el niño de las antenas eras tú, saber que era verdad que estabas ahí, observando todo, en medio del caos, sin decir nada. Me alegro de que nadie te viera, seguramente hubiesen pensado que el que tiró el petardo era el niño de extrañas antenas en la espalda, y te las hubiesen arrancado...

Dominguet dijo...

Espero que no tuviera consecuencias para ti esa acción, llamémosla, artística. Conseguiste romperla monotonía del espacio, dando algo de color y emoción al lugar. Te reapropiaste, por un instante del territorio, dejando de ser una subordinada. Por otra parte,comprobaste en tan sólo un instante del poder real que tenías para crear situaciones. Y además, te lo pasaste bien, aunque nadie comprendiera la magnitud de la obra. :)

Natalia dijo...

Es cierto, me lo pasé muy bien. También hubo consecuencias. Nos encerraron en un aula castigados hasta que dijéramos quién había tirado el petardo. No podía ver sufrir a mis compañeros que estaban aún más aterrorizados que yo.
Di un paso al frente y confesé el atentado a la paz y el orden establecido en el patio.
Para mi sorpresa me gané el respeto de los demás alumnos que pasaron a ser miembros de la resistencia. También me gané el respeto de los profesores opresores. Nunca llegué a saber por qué. Nunca más nadie volvió a tirar petardos en el patio...

 
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