jueves, 18 de febrero de 2016

¡Nos estamos convirtiendo en objetos!



 "Sé que mi vida va tener que cambiar necesariamente hoy"

Nos estamos convirtiendo en objetos

Me he afeitado y me he dirigido al Registro de Objetos para inscribirme. Me encuentro inquieto y nervioso, mi madre se ha quedado en casa; es un felpudo. 

Prefiero que no me acompañe, la verdad. Siento vergüenza si me acompaña, no lo puedo evitar.  Aunque me gusta recordar cuando de pequeño me decía que yo algún día sería una cosa buena. "¿Qué cosa?"- Preguntaba yo. Mi madre callaba.

"¿Qué objeto deseas ser?"


Me atiende una de esas máquinas en el sótano del registro, donde me corresponde, pero la máquina no atiende a razones: yo quiero ser.  La máquina parece mirarme con su ojo enorme, pero yo sé que no, sé que me encuentro en un punto ciego y no puede verme. "¿Qué objeto has elegido?"- Me pregunta la máquina ciega. Siempre he soñado con ser un libro o una melodía. "La música no es un objeto"- Me decían de pequeño.

"Una silla"-Dije finalmente.



"Una silla"- dije finalmente, sin saber por qué mis palabras y mis actos siempre son autónomos de mis sueños.  La máquina parece reírse, como si fuera capaz de leerme el pensamiento, ¿pero desde cuando se ríen las máquinas?. "Quizá puedas ser una buena cosa" -Me dijo la máquina  amablemente. "¿Qué cosa?"- Pregunté en voz baja, sin apenas aire.  "Quizá puedas ser un buen cenicero" -Resolvió la máquina para siempre,  y en ese momento pareció verme, de verdad, aunque esta impresión tan solo la percibí durante un breve instante.

 Ser un cenicero. Desde esta perspectiva me cuesta contemplar la realidad, tan solo puedo ver algunos fragmentos de la misma: manos que  se me acercan. La realidad se me presenta algunos días indescifrable, y otras como un patrón que constantemente se repite inalterable. A veces oigo música desde aquí, y entonces me acuerdo de mis hijos; ya están en edad de acudir al Registro. Me entretengo imaginando que  algún día puedan ser una buena cosa.


 
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