jueves, 1 de octubre de 2015

Encuentro cara a cara con La Verdad

Lo que no sé, es si el cosmonauta de la bola de nieve la descubierto La Verdad, o si el señor que ha descubierto un cosmonauta en el interior de una bola de nieve, es el que se ha encontrado con La Verdad.

Encuentro cara a cara con la Verdad


  Nada sabemos de los cosmonautas que se perdieron en el espacio. Quizá se extraviaron tras una avería en el motor, o iniciaron un cambio de rumbo, conscientemente, hacia lo desconocido. O abrieron la escotilla de la nave y saltaron, dejándose arrastrar por el viento estelar. Mi teoría es la siguiente: creo que se encontraron cara a cara con la verdad. 

Los cosmonautas, los viajeros, los paseantes solitarios, es posible que todos ellos se hayan encontrado alguna vez cara a cara con La Verdad. No todo el mundo ha visto el rostro de La Verdad, aunque todo el mundo puede verla. No es una cuestión de sensibilidad  ni de formación académica,  a veces, es simplemente encontrarse en el lugar apropiado. Imagínense a un cosmonauta perdido a la deriva en un cohete cada vez más envejecido, y cuando creía que todo estaba perdido, aparece el rostro de La Verdad. Alguien que le mira, un rostro gigantesco que le observa.  Fantaseo con  el momento del descubrimiento, ese instante de sorpresa y miedo, donde lo comprende todo. Ha llegado a los límites del universo, el lugar donde se encuentra un gran ojo, y no es precisamente el ojo de dios. Ha descubierto La Verdad, y ahora resulta imposible compartirla con los otros, bien porque ha llegado demasiado pronto a La Verdad, o se encuentra demasiado solo, o porque simplemente La Verdad es demasiado decepcionante o increible para ser contada. O porque no interesa. O porque no es graciosa. O porque no hay vuelta atrás.

Como aquel viajero que empeñó su existencia en busca del chiste filosofal, aquel chiste que podría salvar el mundo, y cuando lo encontró, descubrió  que a nadie hizo gracia. Quizá aquel chiste fue contado antes de tiempo, o no existía audiencia al contarlo, ¿cómo saberlo? Lo único que nos queda de aquel chiste, es que el mundo quedó tal cual.

 
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