viernes, 28 de octubre de 2011

Las increibles aventuras de Dominguet

Dominguet viviendo una desbordante aventura

¡Aventuras!

Dominguet siempre se ha mostrado partidario de la aventura. Siempre ha observado con cierto deseo a los aventureros, como el cura que se ató a miles de globos de helio y se perdió en la troposfera.

Lo bueno de ser un humano con sus propias limitaciones es lo fácil donde uno puede encontrar las aventuras. Es decir; no es necesario atravesar el mundo con un pico y una pala horadando un túnel subterraneo que nos lleve a las antípodas del planeta para vivir una aventura. En realidad un tímido es una persona afortunada; todo su cuerpo se pone en alerta, su corazón se dispara como si estuviera cayendo al vacío con tan solo encontrarse con una chica que le gusta. Dominguet es partidario de las aventuras, muchas veces regresa de madrugada y se asombra de continuar vivo, levantarse a la hora propuesta es como superar el último pequeño obstáculo que te hace encumbrar hacia la cima de la montaña del gran Mandril, cualquier pequeño gesto, un acto novedoso que se incorpora a la vida cotidiana, hablar con un desconocido, transformar una idea en algo real y tangible. La aventura se encuentra por doquier. Una de las más intensas aventuras que puede vivir un mandrileño insignificante es la lucha contra el gran gigante de Mandril, no podemos verle los ojos, su cuerpo se pierde más allá de las nubes, a cada instante evitamos ser aplastados por sus pisadas, pero en realidad lo único que deseamos es verle caer.  Es cierto que somos demasiado pequeños para hacerle la zancadilla a no ser que como en la canción de Llach   "Si jo l´estiro fort per aquí i tu l´estires fort per allà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar" hasta que caiga de rodillas contra el suelo. En cualquier caso siempre podemos reir, muy alto, y que las risas atraviesen su mente hasta hacerle enloquecer -más aún- y se ahogue en el infinito mar de Mandril

 
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