martes, 15 de abril de 2014

Lección rápida de inmortalidad

-¿Quién es usted?
-No lo sé, ¿y usted?
-Tampoco lo sé


El oficio duro oficio de ser inmortal

El hombre que habitaba mi cuerpo se fue o murió. Nada sé de él, desapareció ayer por la noche y no ha vuelto. Se acostó siendo él y desperté siendo yo

El cuerpo en el que estoy debió pertenecer a alguien, pero no sé quién, apenas dejó algunos objetos tras de si, cosas que pudieran pertenecer a cualquier otro. No ha dejado ningún recuerdo, ni el rastro de una herida, ni tan siquiera una palabra. Ya no está. Quizá se lo pasó bien o vivió atormentado, pero me resulta imposible saberlo, sin duda ha muerto.  Consolémonos porque ya habrá alcanzado la eternidad, y sin embargo, que poco interesante me resulta la eternidad, no por nada, sino porque todas las evidencias indican que no existe ¡Ay! He nacido a una edad avanzada. Si pudiera ser inmortal debería dejar un resto, un trozo de mi que permanezca en el mundo durante un tiempo más; miles de años es poco, y sin embargo, todavía no sé nada de mi.

(Bien, amiguitos. Pasado mañana reescribiré este artículo en clave de humor en caso de que no haya sido lo suficientemente graciosillo)



 
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