sábado, 6 de septiembre de 2014

Propuesta: construcción de un panteón de momias célebres

Las clases medias, si quieren, también podrán acceder al museo


Momias célebres

Al principio pensé denominar este proyecto con el nombre de "Panteón de Muertos Ilustres" pero después lo reconsideré, pues nadie quiere ver el cadáver de un ilustrado. Propongo que se llame "Museo de Famosillos Muertos", puede molar más. En realidad es un museo de momias, famosos disecados, celebridades en formol y quizá algún ilustrado en salmuera.

El museo que propongo es un museo turístico donde se exhibirán  los cuerpos momificados de la escena político cultural del país, por decir algo. Esto es, tipos con alguna relevancia mediática o al menos que hayan conseguido pasar a una enciclopedia o a una serie de televisión y que evidentemente han perdido la vida. Mi museo será un servicio público con vocación de convertirse en un negocio privado. 

"Lo esencial es invisible a los ojos" El dinero está siempre delante nuestro pero nunca lo vemos; por ejemplo, Moscú.  Durante decenas de años miles de personas han hecho cola para ver la cabeza disecada de Lenin. Cuando era pequeño se programó el último episodio del dictador Franco, tumbado, allí, en la capilla ardiente, mientras pasaban otros tantos tipos haciendo el saludo nazi. El último capítulo duró muchísimas horas. No había mucha acción, el protagonista permanecía siempre en silencio. Aprendí la lección; el público quiere ver a los muertos, y allí donde hay público siempre hay dinero.

El público quiere ver muertos. Este es el negocio, disecar a los famosos. Ante la falta de iniciativa privada y de emprendedores propongo hacer lo habitual en estos casos; una inmediata intervención estatal e inversión pública para crear la infraestructura y después entregársela al gran capital. Es una operación clásica, como construir una impresionante red ferroviaria y canalizaciones por todo el país y después regalarla. Para que mi museo de monstruos tenga éxito exige la intervención del estado.

Durante un primer estadio  deberán formar parte del patrimonio público todos los famosos que vayan falleciendo. Una comisión de sabios se encargará de dilucidar qué cadáveres se considerarán de interés general y cuales no.  En poco tiempo, cinco años a los sumo, debido al crecimiento exponencial, dispondremos de un vasto fondo que exhibir. Pujol, Chiquito de la Calzada, Felipe Gonzalez, Vargas Llosa, se expondrán en el museo más visitado del mundo. Los miércoles será a mitad deprecio, al considerarse día del espectador.

Todos vamos a morir, pero unos morirán menos que otros. Ser disecado será como alcanzar una mortalidad inmortal y continuar en el candelero al menos durante mil años más. Sin embargo esto no es suficiente, pues mi museo de momias tiene vocación  internacional. Se trataría de convertir el mercado de cadáveres en algo parecido al mercado del arte. Subastas públicas, compras secretas, precios inflados. Considero que no necesario poseer el cuerpo completo, con la cabeza bastaría o un miembro, como el brazo incorrupto de Santa Teresa, incluso un órgano, como el cerebro laminado de Einstein. Los niños de todo el mundo podrán por fin contemplar el cuerpo crionizado de Walt Disney. 

Gracias a este singular museo se acelerará la investigación  de nuevas técnicas de conservación. Mientras tanto se utilizarán procedimientos clásicos, la taxidermia, el formol, la congelación, la salmuera y el aceite de oliva. Imaginen una lata de sardinas a escala humana donde asomen la cabeza algunos amigos del comercio como Escohotado, Milton Friedman y Albert Boadella. El arte no está reñido con la necrofilia. En cuanto el museo sea privatizado cualquiera podrá ser expuesto en él. La muerte, ya lo hemos dicho, es ese lugar donde uno ya no es visto, aunque esté vivo. Con dinero suficiente cualquiera podrá solicitar su momificación y descansar en pose jovial junto al rey Juan Carlos. Y ser visto permanentemente. Por suerte no todo el mundo tiene dinero, así evitaremos el disgusto de descubrir que junto a la momia de Tutankamon reposa el cuerpo liofilizado del carnicero de Móstoles, compitiendo también él, codo a codo, por la inmortalidad.

En la entrada principal al gran almacén de mi museo de los horrores podremos leer la siguiente leyenda "De la Nada vienes y en Nada te convertirás". A medida que se vayan retirando algunos cuerpos disecados que han pasado de moda,  se amontonarán en los sótanos, esperando el final de los tiempos, por los siglos de los siglos.















 
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