martes, 8 de septiembre de 2015

Geopolítica y semen en la cabeza

Esta dibujito lo hice pensando en un poema titulado "El mal llega a las bibliotecas públicas". Lo incluyo en este artículo sobre geopolítica y semen, aunque no tiene nada que ver. Igual mañana dibujo uno más apropiado.


  Geopolítica sexual


Una de las causas corrientes de la locura tiene su origen en la acumulación de semen en la cabeza. Cuando hace aparición en escena alguien extraordinario, un romántico que se vuela la tapa de los sesos o  un hombre que se cree el hijo de dios, siempre anda de por medio el semen que se les ha subido al cerebro, y que dejará algunos muertos por el camino.

En los estudios de geopolítica se han ido añadiendo los procesos electorales y migratorios, pero hay nuevos y sorprendentes elementos que nadie toma en serio. Esta es mi pequeña aportación a la geopolítica mundial en general y a la microgeopolítica en particular: el semen.

La gente se ríe de mí o de mi propuesta, quizá de ambas. Si tuviera la voz más grave se me tomaría más en serio, si tuviera mis estudios acabados, me harían más caso. Si tuviera bigote, la gente tomaría notas cada vez que hablo. No reuno ninguna de estas tres cualidades, y encima soy bajito. Sin embargo he podido constatar que a más represión sexual, más violencia. Chopednauer (¿Se escribe así?) decía que el cerebro no es nuestro órgano más importante, sino todo ese flujo de pulsiones y ansiedades que nos atraviesan. No, no es el petróleo lo que ha convertido a Oriente Próximo en una zona de perturbación constante; es el semen que se ha subido a la cabeza. No, no era la tensión entre el Antiguo Régimen, la Ilustración y un proletariado tomando conciencia de sí mismo, quienes habían convertido a Europa del siglo XIX en un foco de perturbación. No, era el semen que había subido a la cabeza. Matamos a alguien, y lo justificamos después argumentando que nos enviaba radioactividad con la mente, pero nunca decimos que lo matamos porque estamos locos. En realidad estamos locos porque se nos ha subido el semen a la cabeza. 

En los pueblos se folla menos que en las ciudades, y siempre hay más problemas de violencia contra los animales que las urbes. No, no una cuestión cultural, eso es insultante. Coja un hombre y hágalo trabajar doce horas diarias, y agótele. Acabará matando a su vecino, o lo que es mejor, a su jefe. Y el asesinato no estará motivado por llevar al límite a un cuerpo vejado, sino porque no le han dejado follar lo suficiente. Observen que los partidarios de la pena de muerte follan menos que el resto, que los miembros del gobierno que follan menos, siempre aparecen con nuevas normas restrictivas en derechos y libertades. Los wahabitas follan poco durante las guerras,  siempre y cuando consideremos que la violación no es sinónimo de follar. Si usted quiere conflictos y violencia en algún lugar del mundo en favor de sus propios intereses, ya sabe que tiene que hacer.

Allí donde hay más relajamiento sexual hay menos conflicto, aunque también podría ser lo contrario, esto es, que allí donde hay menos conflictos hay más relajamiento sexual, y entonces,  toda mi teoría se vendría abajo. 



 
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