lunes, 26 de agosto de 2013

Kim Jong-il llega a Mandril

"Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral"

Peter Brook "El espacio vacío"

He calculado que cada quince minutos sucede un hecho teatral, pero nadie lo sabe. Si quiere disfrutar de la vida, contemple esta como una sucesión de teatruras que suceden a cada instante. El espectáculo no tiene fin. Ayer mismo fui partícipe de una pequeña obra que sucedió en el metro de Mandril; Kim Jong-II se sentó a mi lado. Esta mañana he recordado todo lo que sucedió y he escrito los hechos lo más fielmente posible. El resultado era esperable; me ha salido una pequeña obra de ciencia ficción que tiene dos títulos

Kim Jong-iI en el metro de Mandril

La única imagen que tenemos de la representación ocurrida ayer en el metro de Mandril. La he escrito corriendo, para dejar testimonio de lo sucedido

¡Disuelva su destino cuanto antes!

(Nos encontramos en el metro de Mandril, más en concreto en uno de los vagones.  Dominguet ha encontrado asiento. Vuelve del trabajo cansado, saca un cuaderno del bolso y toma algunas notas, pero enseguida le vence el sueño. Ya ha llegado a la siguiente estación. Se abren las puertas y entra un señor de aspecto asiático, más bien gordo, y se sienta a su lado. Este señor se llama Kim Jong-il, y fue presidente de Corea del Norte. Es muy raro todo, porque este señor hace tiempo que se ha muerto).

Kim Jong-il: ¿Se puede?

Dominguet: Si, por supuesto, está libre

(Dominguet no puede evitar mirarle con sorpresa, tampoco puede evitar dirigirse a él, a Kim Jong-il)

Dominguet: ¿Usted es...?

Kim Jong-Il: Si, soy Kim Jong-il

Dominguet: ¡Pero usted está muerto!

Kim Jong-il: Tiene usted razón. Yo mismo vi propio funeral por televisión...

Dominguet: Ah...entonces...simplemente ha resucitado...

Kim Jong-il: Quizá un poco tarde

Dominguet: ¿Tarde?

Kim Jong-il:  Si, tarde... Tarde porque no he conseguido construir mi existencia. No he conseguido vivir mi vida, solo he vivido la vida de los otros...y ahora con setenta años, he comenzado a vivir, o al menos estoy tratando de hacerlo

Dominguet: (Mirando de arriba a abajo a Kim) Para tener setenta años se te ve bastante bien, se nota que no has estado sometido a trabajos degradantes ¿No has cargado mucho peso, verdad?

Kim Jong-il: Tan solo el peso del poder

Dominguet: ¿Y cuanto pesa el poder?

Kim Jong-il: ¿Y qué más da? Yo no quería ser líder de Corea del Norte pero el destino me estaba preparando el camino para que fuera el secretario general...

Dominguet: ¿Ah, si?

Kim Jong-il: Si, antes de nacer ocurrieron prodigios en el cielo que avisaban de mi llegada. Escucha, decían así (saca una hoja arrugada del bolsillo y lee) "El evento fue presagiado por una golondrina y señalado con la aparición de una nueva estrella en el cielo y un doble arco iris sobre la montaña"

Dominguet: Pero...¿eso no era propaganda del partido?

Kim Jong-il: No lo sé, yo lo he leído en la Wikipedia

Dominguet: ¿Y que hiciste?

Kim Jong-il: Nada en absoluto. Cuando me dí cuenta estaba ocupando la presidencia del país, pero yo no quería

Dominguet: ¿Entonces te fugaste de Corea?

Kim Jong-il: Si, cogí una bicicleta y pedaleé por medio mundo hasta llegar a Mandril

Dominguet: ¿Y entonces tu funeral?

Kim Jong-il: Tenían que hacer algo para explicar mi desaparición, así que simularon mi entierro...

Dominguet: ¿Y quién había en el ataud? 

Kim Jong-il: No lo sé...¿A quién le importa?

Dominguet: ¿Pero has conseguido construir tu proyecto vital?

Kim Jong-il:  Estoy en ello. Si rompo con el destino y me alejo del liderazgo...podría ser poeta...

Dominguet: ¿Quieres ser poeta?

Kim Jong-il: Si, pero todavía no he conseguido escribir ni una sola linea

Dominguet: Bueno, ya has empezado a construir la poesía. Has concentrado en los últimos años de tu vida todos tus deseos. Has roto con el destino. Has montado en bicicleta. ¿No está mal, no?

Kim Jong-il: Está fatal, porque no he conseguido todavía ser yo. Estoy simplemente huyendo...

Dominguet: ¿Huyendo?

Kim Jong-il: Huyendo de mi destino

Dominguet: El destino no existe, tio

Kim Jong-il: ¿Cómo que no? Desde que escapé de Corea el destino me busca. Ya estoy muerto. Estoy en un mausoleo rojo cubierto de rosas. He tratado de romper con el destino, pero el destino siempre camina más rápido...

(El metro llega a la siguiente estación. Se abren las puertas del vagón y entra El Destino que se dirige directamente a Kim Jong-il)

El Destino: ¿Kim Jong-il?

Kim Jong-il: ¿Si?

El Destino: Soy el destino...y vengo a llevarte conmigo

Dominguet: (Dirigiéndose al Destino) Disculpe, aquí debe haber una equivocación...porque El Destino soy yo

El Destino: No, no...El Destino soy yo

Dominguet: No...Soy yo

El Destino: ¿Qué dice? Mire, yo tengo el carnet (saca su carnet de identidad) Lo dice aquí bien claro, "El Destino". Además, yo tengo el certificado...un título y varios diplomas que lo demuestran...(el destino comienza a sacar títulos y papeles del interior del abrigo y se los va enseñando a Dominguet) 

Dominguet: De acuerdo, me ha pillado, yo no soy el destino....estaba bromeando

El Destino: ¿Quién eres tú?

Dominguet: Me llamo Dominguet, trabajo de friegaplatos y estoy en contra de usted...

El Destino: ¿Y..?

Dominguet: Podría decir que soy tu destino si creyera en el destino

El Destino: ¿No crees en mi?

Dominguet: Tan solo veo una sombra que se va disolviendo...

El Destino: ¿Qué?

Dominguet: Te estás desintegrando...

El Destino: Pero...

Dominguet: ¡Adios!

(El destino se disuelve, y tan solo queda su abrigo en el suelo. Kim Jong-il está asombrado)

Dominguet: (Dirigiéndose a Kim) Lo ves...ya no tienes que preocuparte...El destino ha desaparecido....Ahora puedes ser poeta

Kim Jong-il: Yo...por fin...

Dominguet: Por fin, si, eres libre. Setenta años persiguiéndote el destino....y mira, el destino ha muerto

Kim Jong-il: Pero...

Dominguet: ¿Pero?

Kim Jong-il: ¿No serás tú mi destino?


Este es el fin. Los viajeros contemplan atónitos el espectáculo. Esperemos que hayan dejado pasar su parada para continuar viendo la obrita. Merece la pena llegar quince minutos tarde al trabajo.

















 
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