miércoles, 28 de agosto de 2013

Un experimento en Mandril

El experimento

Leyendo los resultados del experimento. Ahora hay que ir pensando como pueden aplicarse a la vida cotidiana

Como nos gusta jugar a ser Mengele, hoy,  hemos realizado unos cuantos experimentos con los cuerpos de algunas cobayas humanas, todavía vivas, que se han sometido voluntariamente a estas curiosas y divertidas pruebas. Es importante advertir que entre los voluntarios no se encontraba nadie que ocupara alguno de los peldaños más elevados del poder, pero al menos, sí que financiaron el experimento.

Es importante señalar que el porcentaje de voluntarios aumentaba al mismo tiempo que disminuía su cuenta corriente, así que los mantuvimos en el anonimato, no tanto para garantizar su intimidad, sino porque no nos importaban nada. El experimento consistía en hacerles olvidar cosas, y de hecho, el experimento pareció exitoso cuando olvidaron quiénes eran y de donde provenían, incluso que eran personas. Así que se les sometió a toda clase de vejaciones y humillaciones y la respuesta fue positiva, es decir, no hubo respuesta. Lamentablemente el experimento comenzó a complicarse cuando los sujetos olvidaron que tenían que trabajar, y por tanto, a incorporarse a su puesto de trabajo, incluso comenzaron a desobedecer órdenes. No por nada, sino por olvido. En poco tiempo el experimento se derrumbó por completo. Olvidaron la medicación, se olvidaron depilarse, se olvidaron de comer. Por un momento vislumbramos una salida al experimento, y a sus consecuencias, en el caso de que las cobayas humanas acabaran con su existencia muriendo por inapetencia. Pero a las cobayas humanas se les olvidó morir.



 
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