sábado, 1 de noviembre de 2014

Despertar todos días siendo otro

Al fin y al cabo, resulta muy complicado que los otros sepan quién soy

Despertar siendo otro

Abrir los ojos y encontrarme en un cuerpo diferente, todos los días, en cuanto me duermo y despierto. En realidad no despierto tan solo en otro cuerpo, sino en otro mundo.

Despierto en otra casa, en otra cama, en otro lugar. Junto a mi, a veces hay alguien. Unos días despierto junto a una mujer, otros, en los brazos de un hombre.  Cuando despierto no recuerdo nada de la persona en la que me encuentro. Aquellos le que aman se preocupan, le ven diferente. A veces me ingresan por urgencias, creyendo que he caído en la amnesia o en la locura. Son ya tantos cuerpos en los que he habitado que sigo la corriente, al menos un poco, para evitar disgustos, incidentes, y graves preocupaciones en los otros. Y sin embargo mantengo mi identidad, pero apenas hay manera de mostrarla. En general, se asocia  a la gente por su cuerpo, su estilo, su peinado o su ropa. Cuando me miran a mi, siempre ven a otro. Por eso es importante, por más veces que despierte, saber quién soy, mantenerme fiel a mi mismo, no perder jamás mis principios, pero nadie me ve. Hay días que despierto en el cuerpo de un hombre anodino. No sé lo que piensa, a no ser que rebusque en sus cosas, que hable con amigos, con su esposa. Observo su casa, la decoración, sus cartas. Otras veces despierto en el cuerpo de un hombre doliente; descubro asombrado sus heridas y sus cicatrices. Trato de comprender cómo ha llegado a ese estado. Despierto todos los días en cuerpos diferentes, con más estatus, o en la pobreza. Despierto en cuerpos de donde uno jamás querría irse. Trato de no dormir para no irme, pero al final me vence el sueño, y despierto en otro mundo. A veces el cuerpo y el entorno en el que despierto no me gusta, es horrible, no se puede vivir ni un segundo en él. Entonces, busco como sea, una pastilla para dormir.



 
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