domingo, 8 de febrero de 2015

Ponerse un jersey como acto de coraje

Parece un jersey de punto cualquiera, sin embargo, condiciona mi existencia

Ponerse un jersey como acto de coraje


Solo es un jersey, es cierto, pero da miedo. Siempre que me lo pongo sucede algo extraordinario, pero bastante desagradable.

Me digo "Solo es un jersey. Un objeto". No hablo por hablar, pues antes del jersey tuve un calzoncillo, pero no un calzoncillo cualquiera, pues cada vez que me lo ponía me acababa enamorando. En otras palabras, cada vez que me ponía el calzoncillo se me acababa cayendo. Era vivir siempre al borde del infarto, en constante excitación, encaramándome a diario a las cumbres de la euforia o a las simas de la depresión. Desde hace algunos años guardo el calzoncillo en un cajón. Está tan desgastado que temo que si me lo pongo el fin de semana pueda ocurrir algo, esto es, que me descubra una mujer con los calzoncillos puestos. Se encuentra tan degradado el calzoncillo que si me lo pusiera, lo que tenga que ocurrir, ya no suceda, pues se puede juzgar el interior de los hombres por el estado de sus calzoncillos. Mis calzoncillos aseguran mi enamoramiento, pero no el de ella. 

Retrato de mi calzoncillo

Gracias a mi calzoncillo aprendí a temer a los objetos. Quizá por ello lo guarde en el cajón, fuera de mi vista y de los ojos de las mujeres. Yo creía que desde ese momento viviría tranquilo, sin sobresaltos. Entonces llegó el jersey. Siempre que me lo pongo sucede algo espantoso: se inicia una guerra, una privatización, un accidente, me caigo de la bicicleta y me rompo un brazo. ¿Cómo ponerse un jersey sabiendo que algo terrible está apunto de acontecer? Pero solo es un objeto. Sé que mis relaciones con los objetos me alegran o  entristecen los días, pero me digo que no debo condicionarme por ellos, que debo ser algo más valiente. Vivir con coraje y ponerse el jersey, a pesar de que ocurrirá algo espantoso. Si mantengo el valor y no dejo amedrentar por el jersey, podría ponérmelo a pesar de todo. Si me pongo el jersey, quizá algún día me atreva a recuperar mi viejo calzoncillo del cajón.


 
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