miércoles, 22 de julio de 2015

Cómo ganar las elecciones



Me temo que la solución que espera la población, no es envolverse en una especie de burka posmoderno. Quieren la belleza, ya.

Hacia el Derecho a la Belleza


Todo el mundo quiere gustar. Por ello, me atrevo a proponer la inclusión de cambios significativos en los programas de izquierda. En especial, uno que conllevará cierta polémica y seguramente un incremento significativo en el número de votos, esto es "El Derecho a la Belleza".

El 90% de la población es fea o lo será en algún momento de su vida. Esto es muy doloroso y traumático, más aún en un mundo donde el mercado selecciona o margina a los individuos según cánones de belleza que él mismo marca.

Todo el mundo sabe que los feos son algo menos escuchados que los guapos; que es más fácil maltratar a un feo que un guapo, que un feo tiene menos oportunidades laborales, y seguramente, más posibilidades de caer en el fracaso escolar. A nadie se le insulta diciéndole "¡Guapo!", pero si alguien nos llama "¡Feo!", debemos estar alerta, pues probablemente nos encontremos ante el abismo, ante la resbaladiza pendiente de la marginalidad, del desacoplamiento, del ser innecesarios, superfluos. La belleza en el mundo actual es un factor de desigualdad y de discriminación.

La fealdad lo envuelve todo, y todos, luchan diariamente por ser aceptados, por ser más guapos, menos feos. La belleza te permite acoplarte en la sociedad. Utilizamos todo tipo de técnicas para escapar de la fealdad; el gimnasio, la sauna, la cirugía, el peinado, los tintes para el pelo, las dentaduras postizas, las pelucas, la ropa, las dietas adelgazantes... La fealdad no tiene piedad, te destrozará, te arrancará la autoestima. Si queremos emponderar al pueblo, tenemos que devolver la belleza a la gente. 

No quiero banalizar lo político, pero resulta escandaloso que algo tan evidente, apenas se refleje en propuestas políticas. Es obvio, que una sociedad madura y moderna debería situar a la belleza como el centro de todas sus actividades. Se ha avanzado mucho, pero en realidad, toda la inversión pública en belleza, por ejemplo, en belleza intelectual, mediante escuelas y bibliotecas, no está dirigida a encaminarse hacia la bealdad, sino a formar trabajadores cualificados. Y lo que la población quiere son dentaduras brillantes, tintes para el pelo, no envejecer. Gustar.

Un partido de izquierda que quiera transformar la sociedad no puede despreciar la inquietud del ser humano por la estética, a pesar de que estas inquietudes vengan marcadas por la presión mercantil. Es cierto que las gentes de izquierda, por lo general, queremos una belleza humanista, sin la marca de horror de la belleza convertida en mercancía. Es verdad que es más importante el derecho a la vivienda que a la belleza, pero lo cierto es que sin techo es muy probable que perdamos la belleza. Sin una renta mensual, todos somos muy feos. La belleza está unida a un gran montón de proyectos izquierdistas, ¿por qué está bien visto embellecer la ciudad y no embellecer al ser humano? De lo hablo es de un programa político que incluya embellecer los rostros, los cuerpos. ¿Cómo es que se nos había olvidado? Hay una mayoría social nihilista que le da igual que el mundo implosione, mientras pueda salvarse individualmente. Esta mayoría se encuentra tan preocupada por el cuerpo, por la belleza, como nosotros, y sin embargo es la que nos puede entregar la mayoría para ganar las elecciones. Esta mayoría nihilista jamás nos votará, pues no desea acabar con la miseria en un sentido amplio, pero sí quisiera una operación de cirugía plástica.

"Aceptarnos como somos", es una especie de mantra. Si podemos cambiar nuestro cuerpo, si la sociedad te permite cambiar el cuerpo, ¿por qué no vamos a cambiar la sociedad? A nadie se le pasa por la cabeza aceptar un barrio degradado, ¿por qué vamos a aceptarnos como somos? Desde la política institucional se permite cambiarlo todo, menos los cuerpos. Desde fuera de la política instituida, solo se te permite intervenir en tu cuerpo, o hacer alguna reforma en tu piso. 

Un partido de izquierdas que quiera alcanzar el gobierno, tiene que escuchar también a los feos, incluir la fealdad y la belleza en el debate político, quizá tengan algo que decir los feos sobre lo que les gustaría cambiar de sí mismos. No se trata de crear un tipo de belleza estatal o corporativa, desde luego, estamos hablamos de bealdad, no de fealdad. Quizá todos seamos bellos, quizá sea la mirada del otro la que nos hace feos, ¿pero cuánto tiempo tiene que esperar la población, a que los otros aprendan a mirar bellamente? Me temo que la población quiere cirugía estética ya, no esperar eternamente un horizonte de miradas preciosas que nunca llega.








 
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