¡Ser!
A usted la providencia le ha entregado un cuerpo diminuto, un metro cincuenta, piel negra, pelo negro, ojos negros, dientes negros, y cierto olor negro. ¿Ha pensado alguna vez que podría ser otra persona?
Examine el siguiente diagrama:
Usted es A y quiere ser B
Hágalo. Sométase a injertos de piel blanquísima y al recauchutaje de su nariz, coloreé sus ojos negros de azul turquesa, sierre sus ásperas manos negras e implante unas manos blancas y delicadísimas, aumente su altura pignea mediante añadidos de huesos sujetos con precarios clavos, arranque sus gándulas y sus órganos y transplante la última novedad. Una vez que lo haya conseguido mírese al espejo y contemplese. ¿Quién hay allí? Un monstruo.
Y usted es un monstruo porque todavía no ha abrazado la democracia atlética. En la democracia atlética que sustiturá a la dictadura, no existirán los gordos. Y no existirán los gordos porque nadie tiene problemas de gordura. Usted podría pesar 130kilos en una democracia atlética, y desde aquí se lo decimos: en la democracia atlética no necesitará luchar a muerte con su nevera. En la democracia atlética la única lucha a muerte que deberá realizar es una lucha permanente contra el miedo. Una vez arrinconado el miedo, automaticamente a usted le brotarán miradas capaces de ver más allá de los confines del cosmos, hablará en publico, se abrirán senderos ante usted jamás vistos, cotas soñadas serán realizadas.
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