lunes, 3 de junio de 2013

Propaganda para un teatro de incógnito en tiempo de crisis

Estas pequeñas obras que suceden en la vida cotidiana acaban muchas veces con la intervención de la policía

La pequeña compañía inexistente de Dominguet

La gente se va del país y los hombres siguen cayendo. En este contexto Dominguet ha dado una patada a la puerta,  y tras ella ha aparecido un lugar muy pequeño, la verdad, pero muy mono, y ahora es un pequeño teatro. No caben más de 15 o 20 personas. Es casi gratis. Allí debe estar sucediendo algo inesperado

En el teatrito Dominguet se pueden comer palomitas y tener el móvil encendido. Y esto, claro, puede tener consecuencias. Lo bueno del teatro es que siempre es político, aunque uno no lo sepa. A veces, la pequeña compañía de Dominguet sale de teatrito y se va al mundo. Representan una obra que sucede en cualquier lado, un supermercado, el metro, el trabajo. Estas pequeñas obras que suceden en la vida cotidiana acaban muchas veces con la intervención de la policía. Lo que en realidad está ocurriendo es que nadie sabe que está viendo una obra de teatro. Ahora bien, hay que construir toda una filosofía alrededor de estas obras. Dominguet había pensado que estas representaciones fueran capaces, como el chasquido de los dedos de un ilusionista, de que derrumbaran el modelo mental sobre el mundo que tiene el público, que ni siquiera sabe que es público, en tan solo un instante. Es muy difícil. Nadie lo ha conseguido. Y quizá no sea muy justo. Imagínense esta escena: 

"Un hombre se dirige al trabajo, durante su trayecto tropieza con una de estas representaciones de incógnito de la compañía de Dominguet. Algo tan grave sucede en el alma de este hombre al ver inesperadamente la obra, que abandona su trabajo, a su pareja y a sus hijos"

Evidentemente esta forma de teatro estará prohibido. Porque la compañía ya no solo se dedica a crear mundos paralelos que los inserta en este, donde vivimos, sino que además cogen hombres que encuentran en las calles y los transforman en otro. Los actores ya no son solo interpretes e imágenes, sino que además son demiurgos. Probablemente sean una amenaza más terrible que la bomba atómica o la "Invasión de los ladrones de cuerpos"
 
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