lunes, 25 de noviembre de 2013

Proyecto de ataúd equipado

Hasta advenimiento de ataúd futuro tendremos que contentarnos con los ataudes verticales de la ilustración

El ataúd futuro

Quizá mi proyecto de ataúd equipado todavía no sea accesible a toda la población, debido a la gran cantidad y sorprendentes complementos que incorpora, por ejemplo, un acolchado en su interior.

Uno antes moría y las diferencias de clase permitían encontrar un espacio en un mausoleo o en un nicho o en una fosa común, dependiendo de lo que hubiera ahorrado durante su breve existencia. Los ataudes podían ser unas cajas de pino o de fruta, o construidos en maderas nobles. Sin embargo, no es suficiente. Echo de menos muchas cosas en los ataudes, por ejemplo, un teléfono. En vista de este vacío para viajar a la nada, quiero dedicar el poco tiempo libre que dispongo, en imaginar, proyectar y construir un ataud futuro. Evidentemente, este ataud futuro no está destinado a la gran mayoría de la población, sino solamente para los más gilipollas entre los gilipollas; los idiotas también tienen derecho a morir, no seré yo quién les niegue mis propias creaciones. 

Proyecto de ataud futuro

Sobre la muerte sabemos que pasaremos bastante tiempo sin respirar. Es muy triste que nos encierren en un diminuta caja sin apenas ventilación. Bajo tierra hace mucho frío, y hemos pasado mucho frío cuando vivíamos para seguir pasándolo una vez muertos. Esto no puede ser. Los ataudes futuros deberán estar lo suficientemente aireados por si acaso llegara un día la resurrección de los muertos, o por lo menos incorporar una bala de oxígeno junto al fallecido, por si acaso un día despertara no vuelva a morir asfixiado por la inconsciencia de no ser lo suficientemente precavido. Para combatir la hipotermia considero que es necesario incorporar al ataud de calefacción y una almohada. Siempre se les olvida poner una buena almohada bajo la cabeza del muerto. Morir no tiene porqué ser el cese total de nuestras actividades, no tiene que ser el fin de nuestra huella ecológica ni de nuestro consumo energético, podemos seguir haciendo muchísimas cosas, con la clara ventaja de que las haremos sin movernos del sitio y en posición horizontal. Se hace necesario un teléfono. Es cierto que igual no podemos atender todas las llamadas con la misma diligencia que cuando nos encontrábamos vivos, pero podemos instalar un contestador automático que diga, "Disculpe, ahora mismo me encuentro muerto, cuando resucite le llamo". Imagine usted que resucita en su ataud de pino a tres metros bajo tierra, sin luz ni agua. Resucitar y encontrarse a oscuras es muy desagradable, y no nos valen unas cerillas o unas velas, un ataud en llamas sería lo más parecido al infierno a no ser que enterraran junto a nuestro cuerpo muerto un extintor, aunque yo prefiero un interruptor. La cantidad de accesorios para mi ataud del futuro se van acumulando, y esto, debe aumentar el volumen de los ataudes. Pero lo que más hace que aumente las dimensiones del ataud, es el tiempo. Cuanto más tiempo pasemos en el ataud, más preciso se hace que este sea confortable, no solo porque pasaremos mucho tiempo en él en nuestro tránsito a la nada, y no vale estar tumbado eternamente siempre, probablemente nos saldrían úlceras por presión. Creo que un ataud del futuro debería permitir que uno pudiera levantarse de vez en cuando y estirar las piernas. Imagine por un momento que un día, aburrido de estar muerto decide salir de su ataud futuro, ¿se le ha ocurrido pensar alguna vez cómo salir de ahí? Las uñas son muy prácticas, las navajas suizas también, pero absolutamente ineficaces en estas circunstancias. Podríamos esperar a que alguien viniera a rescatarnos, pero hasta que alguien llegara podrían pasar muchos años, así que también necesitaríamos un gran frigorífico, un arcón congelador y una cocinilla, pero en realidad lo más práctico es una trampilla que diera acceso a unas escaleras para subir por ellas y abrir las puertas de la realidad. 







 
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