jueves, 22 de mayo de 2014

Todo sobre los chistes sin gracia

Lo que no sé, es quién de los dos es el chiste


Curso acelerado para hacer chistes sin gracia

Me preparo mentalmente para ingresar en prisión. Me explico: yo quería crear el chiste filosofal, un chiste que transmutara el capitalismo en socialismo. Pero claro, eso ya no es tan gracioso. En cualquier caso, me parece un gran honor acabar en la cárcel por hacer un chiste.

Lo confieso, en la vida cotidiana no hago demasiada gracia, soy de esos humoristas sin gracia, abocados al fracaso, y no es porque practique un humor intelectual o tan solo entendido por tres o cuatro personas en todo el planeta. Mis chistes no hacen gracia, de acuerdo, pero no podré evitar reirme si algún día un chiste mio derrumbara el capitalismo.  Los chistes son como la magia, si no funcionan es porque no se practican demasiado. Así que voy a seguir ensayando. Tengo que darme prisa, morir sin haber conseguido el chiste, es muy triste para un graciosillo. Si no lo consigo en vida por lo menos podría intentarlo en la muerte, espero que me quede algo de tiempo para escribir un buen epitafio, por ejemplo: "Aquí yace un chiste". 

He tratado de abandonar la fábrica haciendo chistes, sin resultados, pero ahora, gracias al humor puedo pasar de la fábrica a la cárcel y de la cárcel a la fábrica. La puerta giratoria de los obreros no es tan divertida como la de los empresarios metidos en la política o la de los políticos metidos a empresarios. El sueño de todo poeta es hacer de su vida poesía, el sueño de todo humorista es convertir su vida en un chiste. Sarrionandia consiguió las dos cosas. Al escapar de la cárcel de Maratutene en el interior de un bafle se convirtió inmediatamente en poeta y en un chiste. Un chiste que al gobierno no le hizo nada de gracia. Es muy gracioso acabar en la cárcel por hacer un chiste sin gracia, pero es mucho más gracioso todavía escapar de la cárcel haciendo un chiste, aunque algunos no les haga demasiada gracia. 





 
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