martes, 16 de diciembre de 2014

Permanecer en la cama para salvar al mundo.


El gobierno sabe que salvar al mundo de esta manera, le proporcionará réditos políticos.


Permanecer en la cama para salvar al mundo
-Un cuento reaccionario-

No me puedo levantar de la cama. La vida del planeta está en juego. Si lo hiciera, comenzarían los desastres, el Sol se pondría, se iniciarían los terremotos.

Ver el día soleado tras la ventana, en la cama. El mundo funcionando, sincrónicamente, como un inmenso engranaje. Levantarse y percibir que la realidad escapa a mi control. Se nubla el Sol, hay pequeños temblores en todo el mundo, se inician los desastres. Volver a la cama y retorna la calma, la realidad se reordena, sale el Sol de nuevo, los niños ríen y juegan en las calles. Constatar empíricamente que esas ganas mías de adentrarme al mundo, significa paradójicamente el fin de todo. 

Mis amigos se preocupan. Llevo un mes sin salir de casa para salvar al mundo, salvo salidas esporádicas al baño y al supermercado, con todo lo horrible que significa; el derrumbe de un edificio, un incendio, la rotura de una presa. Acostarse corriendo, antes de complicar aun más la realidad. ¿Cómo explicar a mis seres queridos que no me puedo levantar, qué la existencia está en juego, sin parecer un loco? Hay que hacer pública mi decisión. Que se enteren todos de que mi compromiso con la vida me procurará algunas úlceras por presión. Permanecer en la cama tiene también riesgos. Riesgos para mi propio cuerpo. Hay que dar aviso al gobierno.

No soy una persona díscola. Aun así, el gobierno ha decidido enviar a tres funcionarios que se turnan e impiden que me levante para evitar que cause males mayores. Hay un aspecto positivo; la renta del piso es pagada por los contribuyentes, no tengo que acudir a un trabajo que me desagrada. Ahora soy un personaje público y mediático. Me cuidan, me envían flores. Recibo masajes y friegas de aceite por todo mi cuerpo para evitar que se ulcere. Me he convertido en una especie de dios. La existencia de la humanidad está en mis manos.  Sin embargo, permanecer en la cama tanto tiempo, no es ningún privilegio. He engordado.


 
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