lunes, 16 de marzo de 2015

Prólogo para un tebeo


Esta es la portada que iba a aparecer en el tebeo, pero va a desaparecer.

Cómo desaparecer
-A modo de prólogo-

No se lo van a creer, pero he tardado ocho años en acabar el tebeo que ahora tienen entre sus manos. Hubiera podido dibujarlo más deprisa, pero al final lo hice más despacio. Tengo algunas excusas: indolencia espiritual, una crisis mundial, tres mudanzas y poco tiempo libre.  Efectivamente, he descubierto que para dibujar tebeos, participar en la acción política, pensar, hacer chistes y declarar la guerra a las pelusas, es preciso el tiempo. 

El hombre libre y equilibrado es aquel capaz de saltar de la acción a lo creativo y de la labor a la acción, por ejemplo, pero ese hombre no existe todavía. Si existe, seguro que tiene ojeras y da muestras de agotamiento. Demasiados cafés. Cómo puede ser libre y equilibrado si se pasa el día corriendo de la oficina a la asamblea, y de la asamblea a dibujar tebeos. Y sin embargo, es preciso que así sea; cosas de la condición humana. Pero algún día existirá, será amable y dejará de tener siempre sueño. Yo quiero existir, pero entre el curre y lo cansado que llego a casa por la noche, apenas soy una sombra. Desaparecer como sombra y aparecer como ser humano, de eso trata la existencia.  Me arrodillo todos los días por si se me apareciera Nuestra Señora de la Renta Básica Universal, pero no la veo. La han invisibilizado. Se mueve entre nosotros, a veces la sentimos, pero no podemos tocarla ni verla. Hay que hacerla aparecer. Si Nuestra Señora hubiera llegado a Mandril hace años, ya hubiera acabado mi tebeo.

El innombrable zancadillea continuamente mis inquietudes creativas. No quiero echarle la culpa de mi retraso con el tebeo, pero algo tiene que ver. Lo amoroso también ha participado en mi desgana. Hay que amar al tebeo, tiene que convertirse en novia para dedicarle mis últimos pensamientos al acostarme y los primeros al despertar. No ha sido mi amor, quizá un amante. Si hubiera amado al tebeo, ya lo hubiera acabado. Han pasado ocho años desde que inicie el tebeo y hay días que no me gusta. No siento deseo. Quizá el tebeo ha envejecido, o quizá he envejecido yo. Lo repaso y quisiera quitar unas cuantas cosas, añadir otras, pero me vence la desgana, sabrán ustedes disculparme. Aun así, me gustaría que el tebeo apareciera alguna vez. 

Desaparecer es fácil. Millones de personas desaparecen todos los días. Esto me preocupa. Este tebeo va de eso, de apariciones y desapariciones. Por mi parte, estoy a favor de aparecer, pero continuamente desaparezco. Hay gente que quiere desaparecer para aparecer en otro lado. También hay gente que quiere aparecer, y sin embargo, el lugar donde quisieran hacer aparición, ha desaparecido. 


 
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