lunes, 14 de noviembre de 2011

Sobre las tiendas del futuro

En el futuro se habrán sustituido las lineas de alta velocidad por ciclo railes muy chulos

La tienda del futuro

La gente pregunta, ¿cómo será la tienda del futuro? La respuesta es la siguiente: usted entrará, saludará, se llevará un producto y no pagará nada

Gracias a William Morris podemos conocer algunos detalles de la tienda del mañana al ser uno de los pocos mandrileños, junto a Dominguet, que llegó al futuro y volvió al presente. En "Noticias de Ninguna Parte" el texto en el que Morris relató sus experiencias en el porvenir, descubrimos que le resultaba imposible comprar nada.  Un término "comprar" absolutamente en desuso. Morris entra en una especie de estanco donde unos niños le atienden, le llenan su bolsa tabaquera del mejor tabaco  y le entregan una pipa.

Morris: Esto es demasiado bonito para mi y para cualquier otro, no siendo el emperador del mundo. Además, la perdería, yo siempre pierdo las pipas


Niño: ¿Es que no le gusta vecino? Entonces cójala y no se inquiete si se pierde. ¿Qué ocurrirá si la pierde? Que otro la encontrará y se servirá de ella, y usted podrá tomar otra


Morris: ¿Pero con qué voy a pagar un objeto como este?

"¿Con qué voy a pagar?" Por lo que sabemos de nuestros viajes al futuro, en el porvenir nunca más se ha vuelto a decir en voz alta "pagar". En realidad, el artista que talló la pipa y puso a disposición de todos su obra, se encontraba renumerado desde el mismo momento en el que las pasiones eran el motor de su existencia. En la sociedad futura las pasiones serán el centro de la economía. Evidentemente en una sociedad atractiva fundada sobre las pasiones no existirá regulación laboral, ni jornada mínima ni máxima de trabajo, eso queda para el presente, donde el trabajo es una fuente de pérdida de tiempo. No sé si a los mandrileños les gustaría una ciudad pasional. A veces creo que les gustaría más una ciudad basada en el embrutecimiento, pero es porque todavía no conocen las maravillas de las pasiones. En cualquier caso, todos los días cuando Dominguet se pasea por Mandril ve el futuro y se encuentra más convencido que comenzará a ver las tiendas del futuro por doquier. En realidad son esbozos, pero cada día su perfil se va ajustando más. Un ejemplo; en casi todos los centros autogestionados del gran Mandril existen ciclo-oficinas, talleres donde uno mismo puede disponer de una bicicleta mediante su construcción o reparar la suya. Allí se encuentran piezas y las herramientas, y con toda seguridad, algunos artesanos apasionados con la bicicleta. De allí salen vehículos alucinantes que jamás podrán encontrarse en las tiendas de pago ni en las cadenas de producción fordistas.


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