miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un melón en la Avenida de la Peseta de Mandril

Algunos melones hechos prisioneros a su llegada a Mandril

¡Venganza!

¿Cómo ha llegado a brotar un melón de 30 metros de largo por 15 de altura en medio de la avenida que transcurre próxima a la vivienda donde habita Dominguet?

"¡Un melón interrumpe el tráfico en Mandril!" podremos leer en la prensa proletarizada de mañana.  El melón tendrá este aspecto, pero mucho más grande:

Dominguet con el melón que ha brotado en su aparato de televisión, haciéndolo explotar

La avenida tiene ocho carriles para los automóviles, tres de ida, tres de vuelta, y dos carriles más para que puedan estacionar los coches. A pesar del espacio disponible en la calzada se ha optado por crear un carril bici en la acera, disparando el número de fracturas de femur y cadera entre los peatones del barrio. Hasta aquí todo era como debía ser, hasta que un melón en mitad de la avenida ha provocado un descomunal atasco. Muchos pensaban que la venganza de Gaia iba a consistir en la ruptura del equilibrio biodinámico en todo el planeta. No podían imaginarse que Gaia se defendería no tanto del género humano, sino del capitalismo actualmente existente, haciendo hincapié especialmente en la fluidez del tráfico a motor. Es cierto que la industria militar posee recursos e infraestructura  suficiente para bombardear estos melones gigantescos y desintegrarlos, pero cuando los melones comiencen a brotar en el interior de los recintos sagrados como la Bolsa de Mandril, el Congreso de los Diputados, la sede del Fondo Monetario Internacional o el Palacio de la Zarzuela, por decir algo, quizá se tomen en serio la amenaza de Gaia. Me puedo imaginar perfectamente Mandril cubierto de melones gigantescos ¿Y qué es lo que desea un melón? Un melón no quiere ser bombardeado, un melón lo que desea es ser comido, y mientras olvidemos la naturaleza propia del melón no habremos comprendido nada. De nada valdrán las bombas ni los lanzallamas contra los melones. Hay que asentar ya las bases para un diálogo con Gaia, y comprender por fin que los melones, más allá de ser una amenaza son una oportunidad, como demuestra que con un solo melón gigantesco permitiría alcanzar los niveles de fructosa en sangre que necesita el cuerpo humano a los habitantes de todo un bloque de viviendas de alquiler social de Mandril

En el interior de estos melones se encuentra el futuro de la humanidad


 
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