sábado, 5 de enero de 2013

Proyecto para dejar la puerta abierta

Ante la mirada de los otros nuestras cabezas tienen el tamaño apropiado, ahora bien, queda por saber si este artículo ha sido escrito en la intimidad, o sabiendo que quizá sea leido por otros.


Proyecto para dejar la puerta entreabierta

Se trataría de dejar la puerta abierta de mi piso, arrancar las cortinas, y en fin, sustituir el ladrillo por el cristal.  Las consecuencias de dejar la puerta entreabierta son imprevisibles.

Todo el mundo está deseando ser engañado. Y ni siquiera hace falta hacer una buena actuación. Nadie quiere que le pidas dinero prestado para comprar una botella de heroina, prefieren que les pidas dinero para pagar el alquiler, aunque después te lo bebas. Yo había pensado dejar entreabierta la puerta de mi piso y demostrar que puedo ser yo mismo a pesar de las miradas ajenas y comportarme con naturalidad. Tenía pensado un plan; ser lo más sincero posible. En general cuando alguien dice que es sincero, los demás y el mismo, creen que ser sincero es decir lo que uno piensa de los otros. En realidad ser sincero es decir lo que uno piensa de si mismo, aunque a veces se equivoque.  En estos términos puedo afirmar que nadie es sincero. La prueba inequívoca de la falta de sinceridad general es que todavía no he escuchado a nadie decir  "Hola, soy un tarado" cuando precisamente más del 99,9% de los mandrileños son unos tarados. Bueno, también hay un porcentaje altísimo de sordomudos, en mi portal por ejemplo me cruzo con muchísimos de ellos todos los dias, sobre todo cuando les saludo diciendo "Buenos días", nunca me responden. ¿Por qué la gente no es sincera sobre si misma? Se trata de crear un lugar donde los otros no puedan entrar. Imaginen la escena; por el día es una persona virtuosa, pero al llegar a casa de madrugada comienza a devorar un pollo como un animalillo salvaje.  Cuando no se nos observa comienza la decadencia. Es posible que uno sea uno mismo cuando nadie te mira, pero nadie quiere entonces que los demás sepan como es uno. Lo difícil es ser uno mismo cuando se es observado. Quiero decir, cuando se está con otros no se come asilvestradamente. Nadie se come los mocos en público. Esto es muy importante, porque uno se transforma ante la mirada de un observador. Yo había arrancado las cortinas de las ventanas con el fin de ser yo mismo ante las miradas de los demás en el lugar destinado a la intimidad. Pero una vez que es observado, uno deja de ser natural. La prueba es la siguiente, la entropía puede haberse adueñado del piso, pero en cuanto se invita a alguien a casa, el orden siempre vuelve. Uno puede dejarse un poemario entreabierto, el problema aparece cuando un observador lee el poemario como si el autor lo hubiera escrito ajeno a las miradas. Pero esto no es así, un poemario entreabierto no es la realidad. Es posible que el ser humano sea las miradas de los otros. Si usted se da un paseo por un psiquiatrico de crónicos, de lo que se dará cuenta es que los locos han dejado de actuar ante la mirada de los otros. Esto se demuestra en los movimientos y en el andar.  No se cuidan en el moverse. Caminamos como caminamos porque alguien nos podría estar viendo. Uno quiere descubrir el secreto de los otros, cómo es  el otro realmente, pero si uno pudiera penetrar en la intimidad de los otros descubriría que allí no hay nada, tan solo un hombre que come pollo como una bestia de madrugada o un piso desordenado. 




 
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