domingo, 7 de abril de 2013

Mi primer trabajo como crítico de espectáculos y libros variopintos: hoy, el concierto del Capitán Entresijos

Ayer escribí mi primera crítica de un concierto punk.  Después  la he enviado a los principales diarios del país para que la publiquen. Como no tengo cámara de fotos, he adjuntado al comentario sobre el concierto  un dibujito realizado con boli bic azul. Más tarde he comprado toda la prensa del día, pero no aparecía ni mi artículo ni mi dibujo por ninguna parte.  Lejos de derrumbarme y caer en la melancolía tras constatar el fin de mi breve trayectoria como crítico musical, he decidido publicarla en este periódico que tan solo leerán 10 o 20 personas en todo el mundo. No importa. Tengo la certeza de que estoy escribiendo la historia, es decir, haciéndola.

Más o menos el concierto del Capitán a la distancia donde me encontraba



Crítica del concierto del Capitán Entresijos en El Fabuloso

Llegué a "El Fabuloso" a las 21:10h. Es decir, diez minutos más tarde de la hora convenida. Y lo hice conscientemente. Ante el garito un numeroso grupo de personas fumaba tabaco o crack, quizá comieran bollos; no lo puedo precisar con seguridad. Como yo no tenía bollos decidí pasar al interior de la sala. Para mi sorpresa me abrió la puerta el Capitán Entresijos. Parecía el mismísimo diablo ataviado de un original conjunto rojo, con ribetes o lazos en la camisa, de licra o nylon, o quizá fuera algodón. No lo sé. No me dio tiempo a tocarle la ropa ni a mirar la composición del tejido en la etiqueta. Ahora ya es demasiado tarde. Después me preguntó por mi teléfono. Transcribo la conversación con sus propias palabras:  "¿Tengo tu teléfono?"-dijo-  como no sabía que decir, me quite de encima al Capitán, e inmediatamente después descendí las escaleras que llevaban a la salita donde se iniciaría en concierto. Me entró un poco de miedo, la verdad, había gente muy rara. Más tarde supe que eran los padres de los miembros del grupo. Próximos a ellos me encontré a dos de los integrantes de Los Caballos De Düsserldorf, constructores e inventores de doorags, y a la cantante de las Vecchias. Me dijeron que había que venir disfrazado, yo dije que no lo sabía.  Traté de utilizar todas mis herramientas pseudointelectuales para salir del paso y cambiar el tema de la conversación, pero solo se me ocurrió hablar del poder de convocatoria de facebook. Al parecer se había invitado al concierto a más de cuatro mil personas a través de las redes sociales, y cuando digo cuatro mil,  podrían ser cientos de miles, pero en fin, todavía no habían llegado. En ese preciso momento, por suerte, me llamaron unas amigas a las que anime a venir al concierto, no tanto por verlas, sino para no sentirme tan solo entre la muchedumbre. Después llegó mi hermano, y en fin, ya estaba más arropado. El problema no es tanto ver un concierto entre desconocidos, sino entre semiconocidos, entre otras cosas, porque a un desconocido no es preciso hablarle, pero a un semiconocido, uno no sabe que decir. 

El concierto empieza. El Capitán toca el bajo, y está acompañado a la guitarra y a la batería por dos chicas que no sé como se llaman, así que he tenido que buscarlas en internet, pero no las he encontrado. Ya las he encontrado. El Capitán se sube a un altavoz pero se tiene que encorvar para tocar y no destrozarse la cabeza contra el techo al saltar. Las canciones molan. Como soy más bajito que la media del público, me resulta imposible ver a las chicas integrantes del grupo, y eso que me encuentro a tan solo seis metros, quizá menos, del escenario. Al Capitán puedo verle porque de cuando en cuando se introduce entre el público tocando el bajo, tratando de asustarnos. Bailo algunas canciones, un poco ortopédicamente, lo confieso, y me tomo un tercio. Como no tengo cámara de fotos, saco una libreta del bolsillo y trato de hacer algunos dibujos que puedan sustituir a las fotografías. El problema es que no sé dibujar, y hacerlo de pie, con poca luz y rodeado de punkis, es mucho más difícil. Me dicen que no son punkis. No lo sé. No tengo que creerme todo lo que digan. Para mi son punkis, porque en realidad no tienen futuro. Al parecer el fin del mundo fue en invierno del 2012. Es decir, el futuro es algo que ya pasó, solo que no nos dimos cuenta. El concierto continúa. Trato de no perder la concentración, pero la pierdo. No me concentro demasiado en las canciones, y se me va la cabeza en fantasías eróticas, es lo que tiene no salir demasiado de casa. El concierto acaba. Me ha gustado. Me voy sin despedirme.  Sé que no está bien y que seré castigado.  Me tomo unos botellines con mi hermano y mis amigas en el bar de al lado.  Después cojo el último metro mientras pienso en el futuro. Es lo bueno del fin del mundo, que los lunes han dejado de existir.




 
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