sábado, 27 de abril de 2013

Sobre la vida del calamar gigante

A veces, cuando me aburro de mi calamar gigante, me meto en la bañera con mis peces microscópicos. Ellos creen que soy un dios, pero solo soy un hombre


Curiosidades del calamar gigante


Desde que se consiguió meter un calamar gigante en una pecera, todo el mundo tiene un calamar en casa. Hace unos años los mandrileños tenían el calamar encima de la televisión, pero desde que las teles son planas, las peceras se han visto relegadas a ocupar otros lugares del salón, a no ser que alguien muy inteligente construya la primera pecera plana del mundo, similar a un libro, y consiga encerrar a un calamar gigante en su interior.

Veo todos los días a mi calamar encerrado en la pecera y siempre le saludo. Cuando veo que se agita más de lo acostumbrado, le echo miguitas de plancton deshidratado y se las come todas. Mi calamar desconoce absolutamente que su existencia es una tragedia. Ha nacido en cautividad, como nacieron sus padres, y desconoce la vida en el mar. Alguna vez he estado hablando con él sobre la vida. 

 "Hola calamar, que triste estás"- Le digo,  y le doy pastillas de prozac, y él se las come todas

La existencia de los calamares gigantes en la ciudad es una tragedia. Viven encerrados en una pecera y les gustaría vivir en el campo, y no les mola el mar. Cuando se enfadan, se agitan dentro de la pecera y esta se mueve, y a veces, se cae del mueble bar. Hay días, al volver del trabajo,  que encuentro a mi calamar gigante muerto sobre la alfombra y la pecera hecha mil pedazos, pero no me importa porque compro otro. La vida de los calamares gigantes es una tragedia. Viven una vida que no es la suya y no pueden escapar, pero sueñan el sueño de tener una nave espacial.




 
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