martes, 12 de mayo de 2015

¡Cándido en Mandril!



Rebuscando en los cajones de uno de los muebles del Ikea del piso de alquiler donde vivo, he encontrado el capítulo XXXI de "Cándido" de Voltaire. Un documento único, sin duda, más que nada porque yo aparezco allí. Me gustaría compartirlo con ustedes, eso si, pasándolo primero al ordenador, más que nada porque es un documento manuscrito, y ni yo mismo soy capaz de entender mi propia letra.





Cándido en Mandril. Capítulo XXXI "El Globo de la Esperanza"


"Quisiera saber ¿qué es peor, si ser violada cien veces por piratas negros, verse contar una nalga, pasar por las varas de los búlgaros, ser azotada y ahorcada en un auto de fe, ser disecada, remar en galeras, soportar al fin todas las miserias por las que hemos pasado, o sentarse aquí sin hacer nada?" "Cándido" de Voltaire.


Pasábamos los días en nuestro jardín haciendo chistes y cultivando el huerto, escribiendo artículos satíricos, un poema diario, abriendo latas de cerveza del chino y comiendo pistachos al atardecer, cuando en el horizonte apareció flotando algo monstruoso. Era un globo, pero no un globo cualquiera. Era un globo gigantesco que podía verse a cientos de kilómetros. Un globo con la forma de un enorme rostro. Con el rostro de Esperanza Aguirre. Desde el globo un trabajador precarizado lanzaba propaganda electoral al aire, un panfleto cayó sobre nosotros.

Cándido: ¿Quién ese señor que lanza papeles desde ese globo tan horripilante?

Dominguet: Sin duda un trabajador precarizado, ¡qué digo!, un privilegiado.

Cándido: El empleo está bien, es cosa buena, ¿no? 

Dominguet: Si, el trabajo está bien en el mejor de los mundos posibles, como Mandril. ¡Imagínese lo que podría hacer la gente sin trabajar! 

Cándido: Darse a la bebida, ¿no? Hacer chistes, cultivar un jardín, escribir artículos satíricos, escribir un poema diario y comer pistachos al atardecer...

Dominguet: Sin duda, pero eso solo podría ocurrir en el peor de los mundos posibles. 

Cándido: ¡Claro! ¡El mejor de los mundos crea empleo! 

Dominguet: Si, usted está hablando del gran Mandril, de la ciudad sin límites, donde uno puede elegir el tipo de muerte que más deseé; morir atado y demenciado en la cama de hospital, o lanzarse de lo alto del viaducto. 

Cándido: ¿Por el viaducto? Al parecer han puesto unas mamparas enormes para impedir que la gente se arroje al vacío. Por lo visto se estaban aficionando y lo estaban poniendo todo perdido. 

Dominguet: Observe como lanza propaganda electoral al aire... Eso mismo podría hacerlo un mono. Como no hay monos en Mandril, han preferido que los hombres hagan el trabajo de los monos.

Cándido: Pero es que yo estoy en contra de que los monos repartan propaganda subidos desde globos aerostáticos. No solo competirían con el hombre por repartir panfletos, sino que además no habría plátanos para todos. Además, ¿eso no va en contra de la explotación animal?

Dominguet: Sin duda. 

Cándido: Me apenan esos hombres viviendo a base de plátanos. A veces me pregunto, si solo de plátanos vive el hombre...


Lamentablemente el texto no acaba aquí, continúa, pero ya no entiendo mi propia letra y he decidido dejar de pasarlo al ordenador. Tengo apetito, pero estoy aburrido de comer plátanos. Además, es incompatible pasar textos perdidos al ordenador y comer plátanos simultáneamente. No solo de plátanos vive el hombre. 










 
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