sábado, 2 de mayo de 2015

¿Por qué desapareció el género humano?

El fin de la humanidad


Está cambiando nuestro físico. No es que nos hagamos viejos, lo que ocurre es que nuestros cuerpos se transforman en otras cosas.

Al despertar de la siesta

El primer hombre que mutó adquirió la forma de algo parecido a una babosa. Un cuerpo muy blando y antenas. Inmediatamente fue detenido, se le puso en cuarentena y se le aplicó la ley antiterrorista. Más tarde supimos que murió en la cárcel; al parecer le hicieron la autopsia estando vivo. El informe forense resultó interesante: había dejado de ser una persona. Corporalmente no podía ser incluido en el género humano, pero mantenía el corazón intacto. 

No fue el único caso, después de él aparecieron más. Monstruos sin duda. Cuerpos radicalmente diferentes los unos de los otros. Fueron apartados, recluidos en centros, lejos de la vista de aquellos que aun mantenían atributos humanos. Primero se les aisló en estadios, por si fueran contagiosos, después en barrios. Más tarde se les confinó a Madagascar, pero su número seguía aumentando. En cualquier momento uno podía convertirse en otra cosa. 

La importancia del número

Nadie estaba a salvo de convertirse en otra cosa. Sucedía en un instante; al salir de la ducha, tras apagar el despertador, durante un paseo. No podían atribuirse a sucesos extraordinarios las multitudinarias mutaciones que se venían sucediendo, quizá eran los pequeños actos de la vida cotidiana, como prepararse un té, por ejemplo. Uno se lavaba los dientes, se enjuagaba la boca y tras mirarse al espejo descubría que se había convertido en un monstruo. Al principio llevaban una vida errante, escapan de sus hogares, sus seres queridos no les reconocían. 

El número es muy importante. Lástima que no se estudie más cómo los números afectan a la existencia. Un solo número más, y la vida cambia inesperadamente. Un número más, y los monstruos dejaron de ser monstruos. Dejaron de dar repelús para convertirse en algo pintoresco. Ya no eran minoría. Eran pocas las gentes con aspecto humano.

Había algo de maravilloso cuando a los monstruos les comenzó a gustar el cuerpo montruoso de los monstruos. Se atraían como imanes, y comenzaron a reproducirse, por le placer de copular. Unos días por esporas y otros por bipartición o esquejes, por ejemplo. Fruto de estos encuentros vieron la luz cosas tremendamente extrañas y sorprendentes.  Mientras tanto desapareció el género humano. 

El género humano se extinguió, sin necesidad de guerra: un problema de fecha de caducidad. La humanidad había perdido la hegemonía, siendo sustituida por algo más variopinto, que ni  tan siquiera podía catalogarse como especie. En realidad eramos tantas especies y razas como individuos. Eliminar a un solo ser, era como extinguir a toda una especie, un crimen contra la diversidad. Nos apañamos ideando un nuevo estatuto que iba más allá de los derechos humanos; mucho más chulo, más divertido,  y que además se cumplía.




 
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