viernes, 7 de septiembre de 2012

Muñecos hinchables como salida razonable a cualquier crisis

Mientras Dominguet dibuja su propio proyecto de muñeco hinchable, recuperamos esta fotografía de un prototipo de helio que se elevó por los aires y se perdió en el espacio cósmico

Muñecos hinchables

Si todo fuera mal, Dominguet está decidido a montar un pequeño negocio de muñecos hinchables. No serían unos muñecos hinchables cualquiera, ni su uso principal destinado al uso sexual. Tendrían mostacho.

Cada muñeco hinchable debe de estar contenido en una pequeña cajita muy mona, de cartón, de colores vivos y desenfadados. Una cajita como un fetiche que se ilumine al caer la noche. Y cuando los paseantes descubran que de la ventana del piso una luz fosforescente se irradia al exterior, se encontrarán con la certeza de que allí no puede ocurrir nada malo. Bien.  Esta cajita de cartón deberá caber en el bolsillo del pantalón.

Estos muñecos hinchables no están dirigidos exclusivamente a un público separado y aterrado, también están dirigidos a grandes ciudades, o a desplegarse ante la llegada de grandes conflictos internacionales.Estos muñecos hinchables pueden inflarse en pocos minutos y salvarnos de toda clases de amenazas. Por otra parte es cierto, que tras ser insuflados de aire y vida, pueden crecer hasta varios kilómetros de altura. Estos muñecos bien inflados paralizan los conflictos.

Imagine por un momento que usted se encuentra atrapado en una discusión que inevitablemente acabará muy mal. Entonces usted se retira unos pasos, saca la cajita del muñeco hinchable de su bolsillo  y comienza soplar ante su enemigo, inflándose un descomunal y kilométrico muñeco hinchable. Le puedo asegurar sin temor a equivocarme, que su enemigo quedará petrificado, emprenderá la retirada, o querrá ser su amigo.

Si durante un conflicto mundial, la ciudad de Mandril fuera objetivo de los bombardeos de la OTAN, entonces podriamos desplegar decenas o cientos de muñecos hinchables a las puertas de la ciudad, incluso que se elevaran en el cielo. Es posible que los aviones de la OTAN no disparen sus misiles ante la visión de estos enormes muñecos. No es lo mismo lanzar bombas de napalm a siete millones de puntitos infinitesimales que se mueven con frenesí por la ciudad, que atacar a un muñeco hinchable gigantesco. Siete millones de puntitos no son nada para un militar.






 
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