jueves, 14 de febrero de 2013

Cómo conseguir el premio Nobel de la paz en doce lineas

Algunos problemas de tomar concentrados de estimulantes a la hora de merendar


Propuesta para conseguir mi propio Nobel de la paz

Me encontraba observando el mundo en mi laboratorio cuando he descubierto algo que podría reducir la violencia. No sé lo que hay que hacer para conseguir un premio Nobel de la paz, a mi solo se me ha ocurrido escribir doce lineas:

"Al parecer cuando queremos hacer algo, por ejemplo;  un objeto ajeno a la naturaleza, empleamos la violencia contra esta. Hasta aquí todo es maravilloso. Aunque deja de ser tan maravilloso cuando esta violencia crea problemas colaterales en el ser humano. Otro ejemplo; empleamos la violencia contra el mundo cuando talamos bosques para construir sillas. Las sillas de madera molan y preferimos que desaparezcan bosques con el fin de sentarnos cómodamente. La raíz de mi descubrimiento se basa en el hecho de que al ejercer la violencia contra los bosques, se utiliza la madera también para construir horcas con las que colgar a la oposición o los pobres. Otro ejemplo más; necesitamos ejercer violencia contra la Tierra para poder extraer hierro del subsuelo, y con este hierro construir sillas eléctricas con las ejecutar a opositores, pobres o negros. Por lo tanto, y aquí radica lo asombroso de mi descubrimiento, que al ejercer menor violencia contra el ser humano, se reduce cuantitativamente la violencia contra la naturaleza, y viceversa, al reducir la violencia contra la naturaleza, se reduce la violencia contra el género humano. Es decir; a menos ejecuciones, más posibilidades de poder dar un paseo por el campo"

Ya tengo las doce lineas, y ahora las reescribiré a bolígrafo bajo la forma de carta manuscrita, que mola más,  y que enviaré durante los próximos cincuenta años (en caso de que llegue vivo a los noventa y cuatro años y con buen pulso) a diferentes medios de comunicación, museos de arte contemporáneo, grupos neonazis, organismos públicos, y personajes de la vida política y del mundo de las variedades. En caso de recibir el premio Nobel de la paz, había pensado con el dinerillo que me ofrecieran, dedicarme a mis actividades diletantes y abandonar mi curro de friegaplatos. Es cierto que para ser diletante es necesario un esclavo que me haga las labores menos deseadas y limpie mi casa para disponer de algo de tiempo para dibujar tebeos, estudiar o pensar propuestas para la ONU. El único contratiempo de poseer un esclavo, es que al ejercer la violencia contra este para que haga las labores que me corresponderían para poder llevar una vida diletante rebosante de placeres y humor, ejercería (según mi propio descubrimiento) violencia contra la naturaleza. Por lo que la duración de mis paseos por el campo se verá algo reducida






 
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