miércoles, 14 de enero de 2015

Las cabezas crecen


Para no acabar en las manos de hombres sin cabeza


¡Las cabezas crecen!


Una última estadística: las cabezas de los mandrileños están creciendo. Otra estadística: las cabezas se reducen. La controversia está servida.

Existen las cabezas reducidas, jibarizadas más bien, y existen las cabezas que crecen. Este es el fenómeno más singular de Mandril desde hace cuatro años, y sin embargo, nadie habla de tan sorprendentes sucesos. Da igual. Escribiré una crónica exponiendo los hechos y después lo enviaré al éter cuántico, donde permanecerá olvidado por los siglos de los siglos.

Esta realidad dual de Mandril es inquietante. Mientras a un sector de los mandrileños les crece la cabeza, a otro grupo poblacional, se le está encogiendo. Déjenme que me explique, no es fácil. A todo el mundo se le reduce la cabeza con el paso del tiempo. Es como el pico del petróleo; rebasado un umbral, cada vez hay menos. Algunos estudios relacionan esta reducción craneal con el conservadurismo. No hay duda. Los pertenecientes al baby boom, entre los que yo me encuentro, entraremos en tromba en la vejez. La probabilidad indica que tendremos una cabeza más pequeña que la actual; esto es: el gran Mandril será mucho más conservador en el futuro. Esta posibilidad me aterra. Sin embargo, hay motivo para la esperanza.

Hay motivo para la esperanza. Desde el año mayo de 2011 las cabezas están creciendo. Esto contrarresta el efecto negativo de la reducción de las cabezas por la edad. Esto es, crecen un centímetro por año desde 2011, y se reducen por efecto del tiempo menos de un centímetro anualmente. Al poder jerarquizado nunca le han gustado las cabezas grandes, sabe  lo dificultoso que resulta adaptar una cabeza grande a un casco pequeño. El gasto para la jibarización de las cabezas aumenta otro año más, pero nada debemos temer: ¡Las cabezas crecen!










 
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