sábado, 10 de enero de 2015

Todo el mundo es humorista

El chiste no es la barba postiza, sino el tipo escondido tras ella.

El humor se encuentra en todos los lados

El humor se encontraba en franco retroceso. Nada hacía gracia. La risa comenzó a resultar sospechosa. Los humoristas estaban desapareciendo del gran Mandril.

Los humoristas no pertenecían a una ciudad en particular, ni a una religión, ni a una etnia, ni a una idea, ni siquiera hablaban el mismo idioma. Cuando uno saludaba a alguien y le entregaba la mano, no podía estar seguro de que esa mano que estrechaba, se hubiera masturbado hace apenas unos minutos o horas. Tampoco podía saber si la mano pertenecía a un terrorista o a un humorista. La inquietud era constante. Ese hombre o esa mujer que se sentaban a su lado en el metro, ¿podría ser una humorista? 

Nadie se pregunta por el stock de estrellas amarillas que se fabricaron en centro Europa hasta el fin del a segunda guerra mundial, pero un día aparecieron en cajas. Miles de cajas. La posibilidad de incorporar un distintivo que identificara a los humoristas se convirtió en una necesidad creciente, y en poco tiempo se convirtió en una realidad. Si el humor amenazaba la paz social, era preciso saber donde se encontraba en cada momento, no fuera que alguien hiciera un chiste sobre dios, la religión, la pederastia, la economía, las discapacidades, la orientación sexual, el gusto, la altura, el pensamiento, el bigote, el color o la gente normal y anormal. En realidad, nada ni nadie estaba a salvo del humor, por lo tanto, el humor era una amenaza.

Las persecuciones a los humoristas siempre han existido. Un bufón moría asesinado en la edad media por reírse del señor, pero enseguida aparecía otro haciendo un nuevo chiste. El humor tiene múltiples formas, puede ser reaccionario o emancipador.  El humor está en todos los lados. La existencia en sí misma y la injusticia son una broma pesada. Woddy Allen decía: "Nacemos, crecemos, nos portamos bien, y nos condenan a muerte". La realidad es un inmenso chiste. Entiendo perfectamente que no haga gracia, pero los chistes no son inamovibles. Siempre hay otro chiste dispuesto.

Cuando los humoristas tienen que ser escondidos por amigos tras puertas falsas, en altillos, trasteros o desvanes, sin hacer ruido, con cuidado para no ser descubiertos, es posible que al humorista se le quiten las ganas de hacer un nuevo chiste, o es precisamente por ello, cuando no hay más remedio que ingeniar nuevos chistes a la altura de las circunstancias. En realidad nada se puede hacer contra el humor, pues aun habiendo acabado con todos los humoristas del mundo, en el momento más inesperado, el tipo más abiertamente contrario al humor, se encontrará haciendo un chiste. Estará atrapado. De lo que es seguro es que no todos podemos ser nazis ni físicos cuánticos de la noche a la mañana, pero todos podemos ser humoristas. En realidad todos somos humoristas. El humor se encuentra en todos los lados.


 
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