viernes, 10 de agosto de 2012

El chasquido de dedos como herramienta revolucionaria




Si uno camina descansado y seguro de sí mismo durante un paseo por el campo,  puede encontrar manos muy bonitas

Cómo chasquear los dedos

Dominguet ensaya el chasquido de los dedos. Sabe que el día que pueda hacerlo sucederán acontecimientos asombrosos por todo el planeta. El lo intenta una y otra vez.

Chasquea los dedos y un tertuliano enmudece. Sólo volverá a hablar en cuanto diga la verdad. Chasquea los dedos y un fabricante de bombas, que también es ministro de defensa, por ejemplo, cae de la silla de espaldas, se golpea la nuca y queda tetrapléjico. Sólo volverá a caminar en cuanto derrame su primera lágrima. 

Y Dominguet chasquea sus dedos una y otra vez y una brisa suave comienza a recorre el barrio.  Dominguet chasquea y chasquea los dedos y todo se transforma a su alrededor. No puede dejar de chasquear los dedos;  el cielo se torna de color magenta y las risas de los recién nacido se introducen en las cabezas de aquellos hombres que acumulan el poder,  que se lanzan desde las ventanas. Caerán suaves, como las hojas del otoño, y volverán a pensar en el preciso instante que presenten su renuncia, es decir, en el momento exacto que permitan el flujo natural del futuro.

Chasquea y chasquea los dedos una vez más. Ya no puede parar.




 
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