miércoles, 8 de agosto de 2012

¿Por qué los habitantes de los suburbios tienen la cabeza más grande?

En cuanto lleguen las tropas para arrasar el suburbio, encontrarán el barrio desierto. Solo habrá una enorme pintada que podrá verse desde cualquier punto de Mandril que dirá "Nos hemos ido a darnos besos por ahí!

"Los habitantes de los suburbios quedan lejos porque, de entrada, los barrios suburbiales son geográfica o topograficamente lejanos. Esa distancia se mide por las horas de espera en las paradas de autobús, por las decenas de kilómetros de incómodos recorridos periurbanos y por la separación física (por la interposición de interminables espacios desolados)"

Marc Hatzfeld "La cultura de los suburbios"

Las distancias y el problema de los cerebros

Está sucediendo en estos momentos. Hombres y mujeres se encaminan a sus trabajos en la otra parte de la ciudad o se repliegan a sus  pisos de los grandes bloques de los suburbios. Algunos piensan que estos trayectos les arrancan miles de horas de vida auténtica al año. Seguro. Pero lo que nadie ha dicho todavía es que durante estos trayectos les está creciendo el cerebro.

Está creciendo el cerebro. Durante el traslado está creciendo el cerebro. Son demasiadas horas leyendo, pensando, imaginando, planificando, componiendo, observando a los otros, conversando y interrelacionándose con desconocidos, como para que no nos crezca el cerebro.  Sin querer, o sin darnos cuenta, movemos pequeños objetos con la mente. Los días de calor provocamos, si nos place,  tormentas locales en los barrios, a veces,  perforamos con nuestra mirada tú cráneo y somos capaces de leerte el pensamiento, construimos preciosas edificaciones en nuestras ensoñaciones durante los trayectos a diario al trabajo. Si. Allí  viviremos con nuestros niños y los niños de sus hijos. Si aproximas tú oido a nuestro oido, escucharás algunas canciones del todo desconocidas. Creamos pequeños terremotos en nuestras oficinas, después de horas acumulando ira, en cuanto el respeto y la dignidad brotan por primera vez de nuestras bocas. Empezamos a practicar, todavía sin saber que lo estamos haciendo, la telepatía y la telempatía. No tengas miedo si a veces oyes voces. No son las voces de los otros. Escúchalas bien. Son las voces de nosotros.










 
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