lunes, 15 de julio de 2013

Cómo soslayar el declive de Mandril y aumentar la riqueza

Hacia una nueva economía

Dominguet duerme con peluca por las noches, mientras la nueva economía se aproxima

Soy un privilegiado, tengo un trabajo de friegaplatos. Es cierto que el sueldo de friegaplatos no me permite salir de vacaciones, pero de momento me llega para escribir textos satíricos, entremeses, proyectos de ciudades novedosas, panfletos incendiarios, propuestas encaminadas al bien común, y a veces, escribir propuestas encaminadas al mal común. Hoy mismo, no sé si por exceso de calor o por falta de imaginación, he escrito una propuesta que podría aproximarnos con más celeridad al mal. Así que la he imprimido y encuadernado. Después me he quedado dudando, no sabía a donde llevarla, si a un ministerio o a alguna fundación nazi u otra organización de tipo financiero. Finalmente me he decidido por el ministerio de economía.

Ya está. He llegado. Me encuentro a las puertas del ministerio de economía, y en cuanto alguien llega con un proyecto dedicado al mal general, se le abren las puertas.  Lejos han quedado los tiempos en los que escribía textos orientados al bien común. Tratar de entregar mis antiguos textos sobre el bien común era un rotundo fracaso. Se me obligaba a pasar por debajo de las puertas para poder registrarlos, pero era imposible, y cuando lo conseguía, alguien o algo me pisaba, aplastándome contra el suelo. Y sin embargo hoy,  liberado de todo compromiso con el ser humano, la puerta del ministerio se me ha abierto de par en par. Incluso ha salido el mismo ministro a recibirme en pijama. Se vé que duerme en su despacho.

Ministro de economía: ¡Bienvenido! Ya era hora de que alguien se atreviera a escribir una propuesta valiente como la suya. Falta coraje en este mundo, no lo dude.

Dominguet: Me sorprende que evalúe mi texto, si todavía no lo ha leído. De hecho, nadie lo ha leído, salvo mi perro.

Ministro de economía: ¿Pero quién lee en esta ciudad? En cualquier caso le recuerdo que usted se encuentra en el ministerio, y que estas puertas se abren y se cierran solas, y además, usted no tiene perro.

Dominguet: Hablaba de mi perro metafórico

Ministro de economía: Da igual. Continuaremos evitando la entrada de la poesía a este ministerio al precio que sea. Su perro metafórico tiene que esperar fuera de este templo. 

Dominguet: Bueno...¿Y qué le ha parecido mi propuesta?

Ministro de economía: Así, sin leerla, me parece simplemente genial. Muy buena, incluso me he reído. Me gusta mucho su informalidad, esa forma de escribir proyectos de gran envergadura utilizando el diálogo. Jajaja, me río al recordar esa frase, cuando usted dice "Para soslayar el declive de la ciudad y aumentar la riqueza debemos teñir de negro a la mitad de la población"

Dominguet: Muy buena, ¿verdad?

Ministro de economía: Muy buena, si. Lo que yo no sé es si será bien recibida por ese 50% de la población que deberemos teñir de negro. Incluso dudo de su legalidad. 

Dominguet: Sin duda alguna mi propuesta es absolutamente ilegal. Por suerte lo ilegal es ilegal hasta que un día inesperadamente decide hacerse legal. El embrutecimiento general ha llegado a tal extremo que mi propuesta, posiblemente, sea aceptada por todos, incluso por mi mismo

Ministro de economía: Usted si que me comprende, dice siempre aquello que deseo escuchar

Dominguet: Es uno de mis dones. Pero permítame que continúe desarrollando mi propuesta

Ministro de economía: Por favor, desarrolle, desarrolle...

Dominguet: La primera pregunta que debemos hacernos es interrogarnos sobre "¿Qué es lo que queremos?"

Ministro de economía: (Ágil de reflejos) Soslayar el continúo declive de Mandril y aumentar la riqueza

Dominguet: De acuerdo, eso suena muy bien. Me pregunto si medioambientalmente, energéticamente,  y en cuanto a recursos naturales es sostenible una sociedad de consumo abierta a todos...

Ministro de economía: Por supuesto que no, pero podría funcionar todavía unos años más si tan solo el 50% de la población tuviera acceso al consumo conspicuo

Dominguet: ¡Ahí le ha dado! ¡Esa es la clave! En otras palabras, hay que excluir del consumo al otro 50%

Ministro de economía: ¡Es perfecto! No sé cómo no se me había ocurrido a mi antes. Además ese 50% en realidad apenas ya casi consumía, había dejado de ir de vacaciones, de fiesta, ya no compraban coches, incluso se desplazaban en bicicletas por la ciudad.

Dominguet: Entonces habría que teñirlos de negro, y regalar uno a cada mandrileño con acceso al consumo. Entienda que no vamos a abandonarlos. Si cada mandrileño con acceso al consumo tiene a otro mandrileño teñido de negro en su casa, este recibiría cobijo y comida, y no sería abandonado a su suerte en las frías aguas de la sociedad líquida

Ministro de economía: Y la economía marcharía de nuevo. Efectivamente, pero no tan solo bajarían al mercado o harían la compra, limpiarían el baño y barrerían la casa, sino que también podrían hacer otras tareas tipo oficina o algunas labores en las fábricas.  

Dominguet: Si, los mandrileños teñidos de negro pueden llegar a ser muy productivos. 

Ministro de economía: Quizá habría que retirarles sus derechos políticos, no sea que se les ocurriera cambiar su nueva ubicación

Dominguet: No creo que haga falta, hace tiempo que han dejado de utilizar sus derechos políticos

Ministro de economía: Solo son ventajas. Podrían reducirse las emisiones de CO2, y aumentaría el confort y la calidad de vida. Me seduce mucho la idea de alguien que me ponga las pantuflas al levantarme de la cama.

Dominguet: Son trescientos mil

Ministro de economía: ¿Trescientos mil?

Dominguet: Trescientos mil euros

Ministro de economía: Cuanto me temo que usted no podrá participar en la nueva economía como consumidor ¿No ve que está teñido de negro?

Dominguet: Por lo menos lo he intentado.

Ministro de economía: Me caes bien, pero vete fregando los cacharros que se me acumulan en la cocina.

Dominguet: De acuerdo, la nueva economía lo demanda





 
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