viernes, 26 de julio de 2013

¡Los peligros del humor!

¡Los peligros del humor!


Esta foto la hice ayer con mi instagram

Estudios superiores de comedia, risa y humorismo

Desde que he iniciado mis estudios informales sobre la risa, he descubierto que el humor es algo muy peligroso. Debemos tener cuidado, un chiste fuera de control puede provocar disturbios, linchamientos, hacer caer gobiernos.

Esto me lleva a proponer algo que no gustará a casi nadie: la prohibición de que cualquiera pueda contar y escribir chistes. Esto no significa que nos olvidemos del humor para siempre, sino que solo pueda ser practicado por aquellos especialmente preparados y capacitados. A nadie se le ocurre, por ejemplo, que un ciego pueda conducir un camión cargado de nitroglicerina por las calles de Mandril. Sin embargo yo no estoy en contra de que los ciegos conduzcan camiones cargados de explosivos, lo que tan solo pido es que tengan el carnet de conducir. No me importa que un borracho me trasplante un riñón, pero sí que tenga un certificado que lo capacite. En otras palabras, lo que estoy diciendo, es que el humor solo pueda ser practicado por profesionales acreditados.  Propongo que para lanzar un chiste al aire y comience una acción descontrolada de la que desconoceremos el cómo, donde y cuando acabará, sea preciso que se tengan acabados unos estudios especializados. Entre doce y veinte años estudiando el humor a razón de diez horas diarias sería lo básico para ser lo suficientemente graciosillo.

Las consecuencias de mi propuesta las descubriremos al poco tiempo de que se comience aplicar en todo el área metropolitana de Mandril. No solo se incrementarán los ingresos por multas y las detenciones de los mandrileños díscolos, que insistirán en continuar escribiendo chistes sin un título que los capacite. Ocurrirá también que la gente comenzará a reírse sola. Desconozco el misterio de la risa pero debe estar relacionada con la locura; cuando por las circunstancias que sea he estado algún tiempo sin reírme, me he asombrado al descubrirme riendo en sueños y me he despertado con mi propia risa. Es cierto, podría ocurrir que en una ciudad como Mandril donde tan solo los especialistas del humor sean los únicos capacitados en hacernos reír, dejemos de reírnos, y paradójicamente, sean nuestras propias risas de hombres que ríen solos, las que nos despierten.






 
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