domingo, 14 de julio de 2013

La ciudad que huele bien

Mandril olerá bien

Bomba que huele bien

No está todo perdido. Algunos cambios suceden de forma imperceptible. Un día alguien cualquiera comienza a oler bien, y después otros tantos, pocos, comenzarán a oler muy bien.  Después, quizá, en diez, o veinte, o ciento cincuenta años, toda la ciudad olerá muy bien.

Alguien tiene que ser el primero. Pero no será uno, sino que serán dos.  El origen de todos los cambios y todo acontecimiento que sucederá en el futuro, comenzará follando. Al día siguiente, los pioneros, se darán cuenta de que huelen bien, y que toda la estancia donde han pasado la noche dándose besos, también huele muy bien, y allá donde van, comienza a oler bien. Al principio será imposible reconocer que dos personas huelen bien por el hecho de haber pasado la noche follando; creeremos que usan un perfume singular. Pero a medida que otros comiencen a oler bien tras follar, les será fácil reconocer por deducción, a quién ha estado follando hace apenas unas horas y también huele bien. Estoy seguro, y esta es la clave,  de que existe una cierta relación entre follar y la amabilidad.

Ahora sabemos que un día, quizá esté sucediendo ya, dos personas comiencen un día a oler bien, y después vengan otros oliendo bien, y otros, hasta que toda la ciudad huela bien en su totalidad. Este proceso puede durar años, quizá siglos, quizá abarque generaciones enteras. Ustedes pueden argumentar este suceso será imposible y que no ven la manera, si ocurriera, de cómo podría afectar políticamente a la sociedad. Yo siempre digo lo mismo; una vez que la ciudad huele bien es muy fácil descubrir aquello que huele mal.  Si la ciudad oliera bien y alguien llegara un día con la promesa de resolver todos los problemas oliendo mal, sería fácilmente descubierto.  Es cierto que el buen olor en la ciudad todavía es un fenómeno raro e incipiente. Muchas veces aparece alguien que nos ofrece un paquete de medidas que huelen mal, pero que nos dice que huelen bien. Lo hemos leído tantas veces en la prensa, visto en la televisión y en los manuales de instrucciones, que nos lo acabamos creyendo, nos confiamos y cuando nos damos cuenta, la ciudad huele peor.  Pero cuando aquellos que huelan bien hayan superado un número indeterminado, que a día de hoy todavía desconocemos, se establecerá una masa crítica, y se rebasará el umbral que permitirá por primera vez en la historia, la aparición de  la ciudad que huele bien. 




 
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