lunes, 12 de noviembre de 2012

Mis mil maneras de hacer holganza o huelga

Dar besos también podría incluirse en un plan de acción huelguista

Antes de iniciar una jornada de holganza o huelga ( aún me encuentro indeciso a la hora de elegir, si convertirme en un holgón o un huelgista, aunque probablemente haga un poco de las dos), es conveniente preparar el dia previo algunas cosas, como un termo con té o café, algunos sandwiches, abastecerme de agua, velas y fruta. Así como hacer una lista de mis mil maneras de hacer huelga. Ahí va:

Mil maneras de hacer huelga

El día de la huelga quisiera convertirme en un pequeño diablo, aunque también en un jainista descalzo. Podría cubrir la ciudad de pintadas del tipo "El neoliberalismo roba tiempo al amor", aunque también puedo pasar la noche cerrando bares, o despertar de madrugada e irme con los del barrio por ahí, para hablar en alto, al alba. O ir junto a cientos de bicicleteros al amanecer y circular por el centro o la autopista, soportando los pitidos de los automovilistas al borde del infarto porque, en fin, llegan tarde. Podría el día de la huelga rebuscar en el cajón una barba postiza, o mejor, arrancármela de una vez. Por supuesto que ese día faltaré al trabajo, pero si me resultara imposible, podría ir despacio, más despacio, muy despacio. Escaquearme.  Me seduce mucho la idea de reapropiarme durante veinticuatro horas de mi existencia, y estimular mi sistema inmunológico de autoestima individual y colectiva, de dignidad. Ese día cortaré la luz del pisito y reduciré el consumo energético a cero. Si me apetece, me echaré la siesta bajo un cerezo en flor. Siempre florecen los cerezos el día de la holganza general. Encuentro muy atractivo ser un holgón, pasar el día del sofá a la cama y de la cama al sofá, con aquellos a los que amo, liberando energía sexual hasta que desborde la habitación y cubra la ciudad de Mandril, donde vivo, o irnos a darnos besos por ahí,  o unirme a cualquiera de las marchas que se sucederán durante toda la jornada, hablar con los tenderos del barrio o los vecinos,  ir a cualquier lugar caminando o en bicicleta, accionar la palanca de freno antes de que el tren se ponga en marcha. Rodear el Congreso a la tarde y a la noche del día siguiente.  También puedo poner en práctica mis habilidades telequinésicas y lanzar un ataque psíquico al Corte Inglés o desviar las señales de televisión mediante el uso de mi potencial mental, solo, desde el sofá de casa o con mis amigos. Ese día podría descubrir que en el bolsillo guardo algunas semillas para el porvenir.

Y desde luego; cerrar este periodiquito
 
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