jueves, 18 de octubre de 2012

Proyecto para abandonar el curre

Toda la obra podría almacenarse en un edifico como este antes de caer. Para poder salvaguardar el inmenso bosque que contendrá en su interior es imprescindible un número de cuenta bancaria o un modelo de petición, parecido al que se aplicaba para solicitar el impuesto revolucionario, que deberá llegar a cada uno los habitantes de Mandril

Proyecto para dejar de trabajar

Mientras todos buscan desesperadamente trabajo, yo tengo un proyecto guardado en el cajón para dejar de trabajar. 

Se trataría de encerrarme en un bloque de viviendas con el fin de ponerme en contacto con las generaciones futuras. Con los chicos y las chicas del porvenir. Este bloque de viviendas se habilitaría como un espacio para salvaguardar el futuro. Pongo un ejemplo; si en esta edificación se practicara la poesía no sería una poesía para los hombres y las mujeres del presente, no sería una poesía  para ser leida o vivida hoy - ya hay miles de millones de personas trabajando para el hoy- sino una poesía para aquellos/as que todavía no han nacido. No sería una poesía para contar como vivimos o como hemos vivido, ni para contar nada en relación a la encrucijada en la que nos encontramos. Lo que se encuentre en ese bloque de viviendas será como un bosque,  o un pozo de petroleo intacto, si se abre a la explotación comercial acabará siendo destruido. Todo aquello que se realizara en el bloque solo saldría a la luz doscientos años después. El edificio permanecerá precintado después de cien años intensos, y cien años después se abrirá a las generaciones del porvenir. 

Pero yo no puedo encerrarme en ese edificio mientras mantenga mi trabajo de proleta, más que nada porque apenas me quedaría tiempo para desempeñar semejante obra. Me deberé encerrar con otros y otras para no volverme loco, aunque todavía es pronto para revelar cuantos fluidos podrán intercambiarse en aquel lugar. Por otra parte es conveniente señalar que permanecer encerrados en el edificio  no nos debería separar de la realidad. Haríamos nuestras salidas nocturnas y acudiríamos a fiestas y a la montaña, pero toda la ingente obra que se produjera en la edificación quedaría circunscrita a sus límites, y tan solo las miradas de aquellos, doscientos años después,  que desprecintarán la puerta del edificio del mañana, serán las primeras en descubrir el bosque, intacto. 

Pero claro, para mantener vivo el bosque hace falta dinero. Y los repobladores y los guardas del bosque entre los que yo estaré incluido, seriamos los depositarios de la pasta. Habremos dejado nuestros trabajos para el hoy y nos habremos embarcado en un proyecto para el futuro. Al transpasar el umbral del edifico realizaremos la promesa solemne de defender con nuestras vidas el bosque. Nos encerraremos allí con fusiles y granadas. Lamentablemente todos aquellos que confíen en este proyecto nunca podrán ver sus resultados, ni sus sentidos tendrán prueba alguna de su existencia. Tan solo decir que los chicos y las chicas del porvenir se lo agradecerán.




 
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