domingo, 15 de agosto de 2010

Dominguet podría dejar de silbar, pero quizá un mundo sin silbidos no valdría la pena de ser vivido, o quizá si


El mundo es muy raro
"Me molestan los silbidos"

La escena es la siguiente: Dominguet iba silbando por la mañana, como siempre, entre paseando y buscando un lugar para desayunar y donde comprar una barra de pegamento, cuando un tipo le dijo; "me molestan tus silbidos"

-¿Te molesta?-preguntó Dominguet.

-Me molesta- dijo el tipo. Y exigió a Dominguet que se acercara

Asombrado, Dominguet comenzo a cambiar de color. Rojo, verde, azul. Hacia una magnífica mañana y Dominguet tenía grandes esperanzas en la humanidad. Lamentablemente en ese momento, en un solo instante, el sueño matinal de una sociedad basada en el amor fraternal y sexual se desvanecieron. Solo era posible la violencia.

-Hace una manaña magnífica, sigue con tu pedo- le dijo tremulamente al tipo, y se fué.

Vale, no hubo violencia.
La verdad, Dominguet no ha golpeado en su vida a nadie.
Quizá evitó un navajazo en el corazón.
Da igual; en ese momento Dominguet no tenía corazón.

Un detalle: Dominguet dejó de silbar. Lleva así doce horas, y comienza a preocuparse. ¿Silbará a partir de ahora de puertas a dentro, como los euskaldunes?



1 comentario:

orola dijo...

ni soñarlo, hai que seguir silbando y llevando bien el tono. Era buena que en medio del caos sonoro de la siudá uno se cohibiese de ir silbando, o incluso cantando. Si te encuentras con algún deprimido, molesto por tus silbidos,invítalo a coger un tren hacia el norte que lo llevamos a escuchar la música celestial de los astilleros

 
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