jueves, 24 de octubre de 2013

El hombre con el que todo el mundo se sentía bien

Aquí una foto del hombre con el que todo el mundo se sentía bien, tratando de escapar de la insaciable búsqueda de felicidad de la peñuqui

El hombre con el que todo el mundo se sentía bien

El hombre con el que todo el mundo se sentía bien, en realidad, no se sentía tan bien. El descubrimiento de que con un pequeño trozo de su cuerpo uno podía vivir más años, ser más atlético, más ingenioso o más amable, le había llevado a un estado deplorable.

Con un solo gramo del cuerpo de este hombre nos encontrábamos bastante bien, aunque a él no le hacía demasiada gracia. Valía cualquier cosa, un gramo de su pelo, de su epidermis, de su nariz, de sus dedos o de sus visceras, si se masticaba durante al menos diez minutos, nos hacia sentirnos felices y su efecto se prolongaba durante diez maravillosos años. 

Al principio a él le gustaba entregarse a los demás, se daba, y ofrecía un trocito de sí a aquellos quién más lo necesitaban, pero claro, pronto corrió el rumor de que había un hombre, que masticado, nos traía la felicidad, y en poco tiempo comenzaron a acumularse gentes frente a su piso pidiendo un pedacito de su cuerpo. Venían de todos los lugares del mundo y formaban grandes colas, ordenadas, hasta que un día se produjeron grandes tumultos, cientos de miles de personas trataron de asaltar su casa. Muchos murieron. Para entonces, el hombre con el que todo el mundo se sentía bien, fue declarado bien de interés general y pasó a ser propiedad estatal. Al poco tiempo fue vendido a una empresa privada. Algunos, pocos, pudimos ver al hombre con el que todo el mundo se sentía bien, fragmentado en pequeños comprimidos y grageas.





 
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