martes, 15 de octubre de 2013

Mi pequeña deriva psicogeográfica

Pequeña psicogeografía por Mandril


No sé quién es, si un viajero piscogeográfico o tan solo un objeto encontrado en una deriva

Hace tiempo que no hago una deriva psicogeográfica, pero ayer la hice. Esta vez me llevé un bolígrafo y un cuaderno. Esto es lo que vi.

Vagabundeo por la ciudad utilizando el método de "una calle a la derecha, una calle a la izquierda" esperando que ocurra algo. Parezco un turista. Es cierto; dejarme llevar por el azar me permite atravesar calles desconocidas y pasar a aquellos bares a los que por nada del mundo hubiera entrado, incluso hablar con desconocidos. Me digo a mí mismo, "con la quinta persona con la que me cruce, inicio una conversación", pero no llego a preguntarle nada más que la hora. Mantengo la teoría que las derivas psicogeográficas me hacen un poco más inteligente. El secreto es ver cosas nuevas, llegar a casa por la noche, agotado, y analizar lo ocurrido durante el día, pero para poder pensar tienen que pasar cosas; lamentablemente esas cosas no son las que yo deseaba ver. Por ejemplo, vi el rostro de la muerte en la linea 10 del metro.

Vi el rostro de la muerte en la linea 10 del metro, hablaba, pero apenas un hilito de palabras salían de su boca. Los viajeros le dejaban paso, como si fuera contagioso, mientras arrastraba los pies, caminando pasito a pasito hacia la nada. Esto ocurrió hace algunas semanas e imagino que ya habrá muerto. A mi me hubiera gustado haber encontrado otras cosas,  por ejemplo, descubrir por la calle una tienda de ropa futura. No, no estoy hablando de una tienda de ropa plateada. Sino la ropa de los tiempos futuros, ya libres o en proceso, donde vendan o regalen chaquetas y pantalones para presidentes, es decir, chaquetas que no tengan bolsillos. Esta idea no es mía, cuando curré en Alcampo, el uniforme de los curritos, el mío, carecía de bolsillo. A medida que los trabajadores ascienden en la escala social, el número de bolsillos aumenta. No es ninguna novedad, durante el descenso uno se va convirtiendo poco a poco en culpable. Los hechos sin embargo contradicen esta afirmación, la historia ha demostrado que los mayores asesinos, ladrones y criminales, siempre se han encontrado en la parte superior, la diferencia es que estos últimos lo hacer por placer y los de abajo por necesidad.

A mi me hubiera gustado caminar por Mandril y ver algún suceso gracioso, por ejemplo; un rey sin cabeza paseando por la ciudad para evitar las tentaciones del populacho, o abrir el periódico y descubrir la siguiente noticia en primera página "Se confundió y llegó a la Luna vestido de marinero"


 
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