domingo, 16 de marzo de 2014

El hombre que se quedó sin linea de móvil

Recreación por ordenador de Dominguet en el futuro, cargando con un móvil que no servirá para nada, pero eso si, sin corbata. Como decía Rene Vienet en "¿Puede la dialéctica romper ladrillos?"  El último capitalista será ahorcado con las tripas del último burócrata. Lamentablemente, un reciente descubrimiento ha confirmado que los burócratas de Jazztel no tiene tripas, así que serán colgados con sus propias corbatas. Pero un amante del amor y la paz mundial como Dominguet, no quiere mancharse las manos de sangre, por eso, invita a todos los burócratas capitalistas al suicidio. Aunque eso si, Dominguet lamentará sus muertes, por todo ese talento y potencial perdido, desintegrado, caído en la nada, cuando bien podrían barrer las calles y escribir poesía.

La linea de móvil como metáfora

El experimento que inició Jazztel el pasado 13 de marzo ha sido un éxito. Dejó sin linea a varios cientos de miles de usuarios con el fin de observar cual sería su reacción. No hubo ninguna reacción, si acaso alguna erección, por aquello de que las ondas afectan directamente a la potencia sexual.

Hubo un tiempo que en Mandril, por ejemplo, cuando se obligaba a los bares a cerrar por las noches, se iniciaban pequeñas revueltas en las calles y las papeleras reventadas comenzaban a arder. Los policías municipales huían de las pedradas. Los tiempos han cambiado. Ahora todo es posible, todo rima con terrible. La parálisis lo permite todo, no es ninguna novedad. El informe de los sabios recomienda bajar los impuestos a los ricos y subírselos a los pobres, por eso yo estoy en contra de los sabios.  Los sabios no lo saben todavía, pero los pobres tenemos un cráneo más pequeño, y en el futuro, probablemente seamos seres acéfalos. 

El experimento de Jazztel confirma el futuro, se trata de que los pobres paguen sin recibir nada a cambio. Por ejemplo, una cuota mensual por una linea sin linea. Este concepto se va a incrustar en todo, en una sanidad sin sanidad, en una comida sin nutrientes, en una biblioteca sin libros, en un amor sin amor. Seamos los pobres los que lo paguemos todo, entre tanto, me estoy acostumbrando a la vida sin móvil. A veces sueño que ya no lo tengo, que lo dejé olvidado, que se me ha perdido, que lo estrellé contra la fachada donde los directivos de Jazztel juegan a través de su terminal con la vida.


 
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