martes, 25 de marzo de 2014

Sobre la sabiduría en Mandril

Apenas hay fotografías de los sabios de Mandril. A pesar de las dificultades conseguí esbozar el dibujito de uno de ellos. Cabría pensar que si los sabios de Mandril son cada vez más sabios, algún día explotarían sus cabezas incapaces de soportar  tanto conocimiento. Sin embargo, su final, es bastante menos aparatoso. Me temo que acaban elevándose a los cielos, leves como el humo

Sobre los sabios de Mandril

Mandril está cubierta permanentemente por una nube, no es exactamente smog, no es el humo de los automóviles emponzoñando la ciudad, no son las partículas que emanan de las altas chimeneas provenientes de los hornos crematorios donde arden los cuerpos de aquellos que han dejado de ser necesarios ¿Qué es entonces esta niebla que se repuebla diariamente en Mandril?

¿Qué hay bajo la niebla de Mandril? Yo os lo diré: hombres y mujeres fumando en pipa. Rebasado un cierto umbral, traspasados los límites de la curiosidad, los hombres y las mujeres se vuelven sabios, y entonces, se encaminan al estanco y comienzan a fumar en pipa. Es tal el número de sabios fumadores en pipa que una densa bruma cubre la ciudad, es tal el número de sabios, que a muchos se les ve en el puerto, con sus camisetas a rayas y sus pipas, lanzando gritos, trabajando de estibadores, y otras veces no se les ve, pues se encuentran en sótanos, en la oscuridad de las minas, cargando pesos, picando de rodillas. Cualquier momento es bueno para que los sabios fumadores en pipa alcancen la sabiduría; ya sea en el descanso, al salir de la fábrica, en el bar, en las desasosegantes noches en la soledad de sus cuartos. Pasado el tiempo es posible encontrarlos revolviendo en las basuras, con sus pipas y sus largas barbas blancas en busca de migajas de conocimiento. Si usted se aproxima a ellos, descubrirá algo terrible, que sus pipas están mohosas y quebradizas, que hace años se encuentran apagadas, y que las chimeneas, las grandes chimeneas de la ciudad que lanzan y lanzan miasmas al aire, funcionan día y noche a toda marcha pronunciando uno a uno sus nombres;  les llaman.




 
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