viernes, 31 de diciembre de 2010

La guerra invisible


Un tebeo de 2004 cuando Dominguet todavía no era Dominguet y creía en la invisibilización como alternativa


Conseguir invisivilizar la basura por primera vez la historia de la humanidad nos reportó algunas palmaditas en la espalda y un incipiente alcoholismo, sin embargo, al trasladar nuestras experiencias al ámbito de la antropología haciendo desaparecer a indiguentes y yonquis, recibimos el Premio Nobel.

Una guerra invisible

Así es como por fin se pudo volver a pasear por las calles de Mandril. Lamentablemente, lo que aparentemente estaba llamada a ser la mayor revolución social del milenio, producjo algunos efectos secundarios. Para ilustrar este asunto quisiera citar un poema de Bertold Brown, desaparecido durante la siesta:

Primero desaparecieron yonquis e indigentes
Molaba
Después desapareció el tercer mundo
¿Y qué? Yo no era tercermundista
Más tarde desaparecieron los gordos y los feos
Que risa tia felisa-dije-
Después desapareció mi perro
Pero ya era demasiado tarde

Efectivamente; cualquiera podía hacer desaparecer a cualquiera, y así, en poco tiempo había más seres invisibles que visibles. La lista de seres y cosas invisibles fué creciendo hasta encontrarse uno mismo en ella. Para orientar al lector sobre el fenómeno de la invisibilización citaré a modo de ejemplo unos cuantos elementos que fueron transparentizados: feos, presos, bajitos -salvo los del circo- cejijuntos. desdentados, tullidos y tuberculosos, por citar solo algunos de los primeros casos. Más tarde fué invisibilizada la contestación a la invisibilización. Tantas personas y objetos invisibles complicó de sobremanera la circulación de las personas, mercancias y de ambas cosas al mismo tiempo, produciendo paradojicamente la sanación de los problemas lumbares. Me explico, ¿por qué ostias los hombres invisibles iban a trabajar absurdamente absurdo teniendo tan cerca el supermercado?, ¿por qué pollas iban a seguir obedeciendo las órdenes teniendo tan cerca un cuchillo invisible? Al parecer la sobresocialización de los invisibles procuró que durante cierto tiempo -más bién poco- que se siguiera respetando el pase por caja y algunos reglamentos y decretazos, pero evidentemente esas manías pronto desaparecieron desatándose el absentismo laboral sin freno, la deserción cuartelaria y el amor libre. La humanidad visible decidió invisibilizarse o lanzarse por la ventana. Y creo -pués no lo vi- que surgieron cientos de miles de asambleas invisibles y se invisibilizó toda construcción visible, ¿o se derrumbó? No lo sé. Lo cierto es que nunca más se supo del viejo mundo. Pero se pudo escuchar, eso si, el imparable zapatear de millones de hombres y mujeres bailando claqué.


4 comentarios:

orola dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dominguet dijo...

La verdad es que esta historieta fué escrita hace unos años, cuando Dominguet creía en la invisibilización. Ahora cree en la visualización. Cree que hay que hacerse visible. Muy visible. Y la verdad, hacerse visible es mucho más difícil que hacerse invisible.

orola dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

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