domingo, 8 de abril de 2012

Cómo no quemar un platillo volante

A pesar de todo, Dominguet volverá como cada mañana a tripular su nave espacial a pedales

Breve discurso en favor de los planetas imaginarios

A veces Dominguet se queda mirando su platillo volante con el que se traslada al planeta imaginario todas las mañanas. A veces lleva un bidón de gasolina, aunque el platillo volante funciona a pedales, y siente unas ganas irresistibles de quemarlo.

Aunque finalmente siempre abre la trampilla, se incorpora al platillo y se traslada a otros mundos. A planetas libres de aguas puras,  rios asombrosos y alimentos sin transgenizar, planetas de democracia atlética y de hombres y mujeres con labios, donde el capitalismo ha caido y La ETA moderna se encuentra presente en la vida cotidiana. Mundos de enanos gigantes donde las cabezas más pequeñas imparten clases de vida civilizatoria y las mujeres y los hombres más gordos se mueven gráciles y leves.  Mundos de loros amables que repiten hermosas consignas en ciudades que se asemejen a grandes bosques, en gobiernos que se reparten por cada esquina de los barrios, donde los relojes se encuentren parados y los bancos reparten la  música en busca de ningún beneficio. Mundos de siete mil millones de amadas y amados. Mundos de revoluciones a diario en las que broten de cada mano millones de hombres nuevos a cada instante.

Dominguet a veces tiene unas ganas irresistibles de quemar su platillo volante, pero cómo quemarlo si es para convertirse en un hombre normal, besando a amadas a las que no ama en un planeta anormal.



 
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