miércoles, 28 de marzo de 2012

El gigante dormido

Una conversación en las altas finanzas de política ficción:
- ¡El gigante se ha despertado! ¿Qué hago?


El gigante duerme

Existe un gigante en Mandril al que todo el mundo teme. Es todo poderoso. El día que despierte arrancará cabezas de banqueros y políticos con los dientes. De momento duerme.

El gigante duerme, y duerme mucho. Dominguet se encarama a la oreja del gigante y le dice a gritos "¡Despierta!". Dominguet sabe que cuanto más tarde el gigante en despertarse, lo hará con peor humor

Si despertará ahora, mañana mismo, todavía el gigante podría dar unas pocas patadas aquí y allá, y en pocos minutos Rajoy retiraría la reforma laboral, por ejemplo. Después se tomaría un té tranquilamente. Mucho nos tememos que si no se despierta mañana, se va a levantar más tarde con muy mala ostia y confundido. Dominguet cree que tantos años de profundo sueño provocado por el consumo compulsivo de barbitúricos le impedirá distinguir con facilidad entre el bien y el mal. Si. Podría levantarse muy enfadado, aplastar la bolsa de Mandril de un solo pisotón, pero también podría aplastar enloquecido un burguer king repleto de preciosos niños, o un colegio chino de chinos en Mandril.  Es mejor que despierte ahora y sacuda Mandril y haga saltar por los aires a los brokers, a que despierte más tarde muy enfadado, y no pueda distinguir a la hora de aplastar bicicletas o coches, gasolineras o manzanitos. Y Dominguet se encarama a la oreja del gigante y le dice "¡Despierta mi gigante, despierta, antes de que sea demasiado tarde!" En la última planta del edificio más alto del mundo cosen un uniforme militar, grande, muy grande. Nadie lo sabe. Dominguet mueve el pesado lóbulo de la oreja del gigante con sus diminutas manos y le grita al oido "¡Despierta gigante,  todavía no es tarde!"


 
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